“ZONA TEMPORALMENTE AUTÓNOMA” (LOS PLANETAS; EL EJÉRCITO ROJO & EL VOLCÁN MÚSICA; 2017)

“ZONA TEMPORALMENTE AUTÓNOMA”

(LOS PLANETAS; EL EJÉRCITO ROJO & EL VOLCÁN MÚSICA; 2017)

 

Fotografía de Batiste Safont (https://es.wikipedia.org/wiki/Los_Planetas_(banda)#/media/File:Planetas.jpg)

 

Los planetas han vuelto para construir una épica sonora al amor y al desamor, a medio camino entre la psicodelia, el sentido trágico del flamenco, y por supuesto, el pop-rock.  Podríamos decir que su propuesta camina por la nostalgia del pasado más glorioso, con canciones que podrían pertenecer a la orquesta química (“Hay una estrella” nos recuerda al gran Nick Drake, o incluso al asturiano Nacho Vegas), o engrasar el motor de aquel mágico autobús (“Ijtihad”, que, por supuesto podría ser una nueva hermana pequeña), y una más que posible nostalgia del futuro. Asunción de la pureza racial flamenca, tanto de raíces (las del querer, o aquéllas incrustadas en una cruz llevada a cuestas, tan andaluza y folclórica), como de raza, sin renunciar a las esencias planetarias de toda la vida (de muestra, dos botones, las espléndidas: “Hierro y níquel”, y “Porque me lo digas tú”).

Eso sí, también hay una cuota de pasado “renovado” en este presente-futuro, ya que los ritmos se repiten (la “Soleá” podría haber formado parte de la “leyenda del espacio”), aunque dentro de su trilogía flamenco-psicodélica, “Zona temporalmente autónoma” supone un broche de oro en el que se alcanzan cumbres de una intensidad notable (“Seguiriya de los 107 faunos”, y “La gitana”).

No todo serán cumplidos, la irregularidad del proyecto y cierta sensación de descompensación y confusión de estilos (creemos que querida), son lastres que, a nuestro juicio, suman más que restan, ya que, de otro modo, el álbum se volvería reiterativo y sin chispa. La guitarra de Florent nunca sonó tan afilada y melancólica, y ojo, la voz de J nunca sonó tan bien. Al cantante granadino se la suelta la lengua, llevando la crítica social por bandera, atención al tema magistral “Libertad para el solitario”, que rememora los fandangos de Morente, al corte inicial “Islamabad”, y al epitafio anarquista que supone “La guitarra roja”, convertida en verdadero cuchillo libertario. Hablando de voces, no podemos ignorar la de Soleá Morente y la de nuestra Bienquerida, que brillan en sendas colaboraciones. La batería de Erik, como siempre, contundente. Dentro del “collage”, la canción que aúna todas las tendencias supuestamente incompatibles es la joyita “Espíritu olímpico” (¡qué título más planetario!).

En fin, quitémonos las caretas, el que esto escribe es fanático de este grupo desde los noventa, y blablablá, blablablá, no voy a incurrir en lugares comunes, que si sus letras están pegadas a mi vida, que si la voz de J es la voz de mi consciencia (exagero supongo, también está la de Eddie Vedder). Por tanto, una zona subjetivamente autónoma localizada en mi cerebro y en mi corazón, se ha rendido irremediablemente al encanto ardiente, al candor y al duende de un disco imbuido en un espíritu romántico, trágico y reivindicativo, que ganará muchos enteros con la razón que suele dar el tiempo.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Nos quedamos con la seguiriya desde lo alto del Sacromonte, aunque recomendamos vivamente la escucha completa del disco…

Anuncios