NATALIA Y LOS COLORES

IMG_5460proy3wUna vez más contamos con una magnifica foto del gran José Fijo

Recientemente la ONU ha dicho que el jazz es bueno para la salud, vamos, que fomenta la alegría, el goce, la felicidad. Más si se sabe vestir con colores, como los que desprende la voz de Natalia Dicenta. La estupenda actriz y por lo que vimos en el último concierto de la temporada de Universijazz, fantástica cantante de jazz, presentó “Colours”, y lo hizo acompañada por una formación de lujo: Claudio Vicente Borland Hendrick (¡Buf!, esperen que respire,), al piano; Antonio Calero Westermeier, a la batería (tampoco está mal el nombrecito), y Reinier Elizarde, “El Negrón”, al contrabajo.
Lo de los colores y el arte, en este caso la música, me hace pensar en la sinestesia, en esa unión y confusión de los fenómenos sensoriales, que nos hace percibir el rojo de un sonido o escuchar el chillido de un color (se dice: “qué verde más chillón”). Muchos artistas han “sufrido”(o gozado, según se mire) este fenómeno, el caso que me viene a la cabeza es el de Nabokov.
Otro día hablaremos de tan interesante tema, hoy toca hablar del concierto de Natalia y de su paleta de colores. Efectivamente los dos primeros temas, dos conocidos standards, sonaron primaverales, como el cielo que se trasparentaba por las ventanas. Luego vino, “Funny”, una balada del elegante Nat King Cole, y todo se volvió cálido. Natalia nos introduce a Lilian Hardin, esposa de Louis Armstrong, y gran compositora que creció a la sombra del gran Satchmo. Las raíces negras del tema nos llevan, no sé a Saint Louis, a algún lugar apartado del viejo sur. Cambio radical, suenan los Beattles, disco blanco, “Black bird” llena al auditorio de energía.
Continuamos con un bolero fuera del disco y que sinceramente no conocía. Nos quedamos con una frase de esas que sólo pueden aparecer en los boleros: “Apóyate en mi alma.” Refrescante, “For once of my live”, que interpretara Judy Garland en la noche los tiempos. Encadenamos con un tema propio que nos inyecta vitaminas por los oídos. Natalia nos hace volar hacia la luna, y nos mete irremediablemente en su bonito bolsillo. Por fin aparece Cole Porter, ¡cómo iba a faltar Cole Porter! Seguimos volando dirección a la luna, entre duelos o mejor diálogos (aquí nadie compite), de vocalista y pianista. La canción concluye como un pequeño cabaret sonoro montado en el escenario.
Lluvia de aplausos, efectivamente, hemos llegado a la luna. Toca improvisar, y ¡qué improvisación!, clasicazo, “Summertime”, la voz de Natalia se vuelve negra, como la de una tal Nina Simone, aires funky y tres solos memorables de los músicos. En fin, los colores volaron como mariposas, y todos los presentes permanecimos imbuidos en su dulce gobierno. Repitan conmigo, “one more time”: ¡Gracias universijazz!

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

ESTO NO ES UNA CRÓNICA DE JAZZ

MEZQUIDA

 Mezquida según el ojo del gran José Fijo (“Ciudad Real en concierto”)

  Aviso, esto no es una crónica de jazz. Llueve y me voy corriendo (en la medida en que se pueda correr con una muleta a cuestas), con los pies mojados y el corazón caliente a casa a tomar una ducha (qué pijada de expresión, lo siento). Sigo corriendo, ahora en coche, es más cómodo. Marco Mezquida, ese pianista con cara de tímido que nos dejó con los ojos como faros en el concierto del batería Rob García (los que estuvieron allí saben de qué hablo), toca en el Aula Magna de Letras, con Carlos Falanga, batería argentino, y  Marko Lohikari, contrabajista sueco (de Uppsala, para más datos, la isla del torturado Bergman), en el mapamundi hay fronteras, aquí no.  Faltamos a uno, pero ¡volvemos a Universijazz! Comienzan con dos temas elegantemente encadenados, sin decir ni pío al distinguido público de Universijazz, que sabe a lo que viene. Digo esto, porque su jazz no es fácil,  jazz contemporáneo para exquisitos paladares. Antonio en la intro habla de Keith Jarret, y Mezquida lo confirma con sus dedos. Los músicos se pasean por sonidos intimistas (precioso el dedicado a una recién nacida), otros más sincopados, y escarceos con ritmos bluseros cercanos al gran Ray Charles. En fin, hoy he decidido no aburrirles con títulos. Me sorprende el bueno de Marcos cuando se refiere a Radiohead con relación a uno de ellos. No en vano, Thom Yorke siempre reconoció su obsesión por Mingus, y el “Kid A” (mi “prefe”, dicho sea de paso), tiene dentro mucha escala jazzística. Bueno, volvemos al concierto, ¿qué decir?, una suerte haber estado allí, en ese naufragio sublime que creció y decreció a golpe de baqueta, en esa revolución ordenada de talento, rodeado de sonidos y de abismos, abstraído en un pentagrama mágico que se escapa del tiempo y del espacio. Me voy a casa, y no puedo dejar de hablar del concierto y de los músicos, por eso inmediatamente escribo en mi móvil esta crónica, que no es una crónica de jazz, no, es solo la crónica de un fantástico día lluvioso.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Bueno, y ahora palabras mayores, “Black Orpheus” de Luis Bonfa, probablemente la banda sonora original más bonita que jamás se haya escrito…

“ESCRIBIR UN BESO”

beso difuminado

“Beso difuminado” (Foto de Marlene M. Osorio Izquierdo)

Hoy, 13 de abril de 2015 (el año es circunstancial) es el “Día internacional del beso”…

“ESCRIBIR UN BESO”

 

Me afané en la difícil tarea de escribir un beso. No solo era la aventura de escoger la tinta adecuada, no, también era necesario seleccionar el momento preciso y precioso, así como la música perfecta que hiciera bailar al beso en el papel. Un beso bien dado requiere un olor transparente, pero ¿la escritura huele?,…, si acaso, duele. El trazo ha de ser cariñoso y el color, sí el color, nunca recargado, pero tampoco agonizante. Yo siento los besos como el azul de Rubén, ese azul flotante que los hace etéreos cuando juntas las bocas, o quizás como el rojo de los cielos rojos de Chagall, onírico y dulce, dulce y onírico.

Un tema muy serio es la humedad del beso, los hay lluviosos, ésos que se dan tras las ventanas, cargados de gotitas, y que explotan justo cuando la cafetera silba porque ya no puede más. Otros son secos como un sol de agosto, y saben a campo tierno de trigo. Esos suelen ser amarillos, por cierto. Bueno, creo que queda todo dicho, antes de escribir este beso universal, que no cambia ni se borra, por más que pasan los años y los daños, y por más que cambia el hombre. ¡Ah, por Dios!, me faltaba hablar del sabor. Los besos saben a fruta prodigiosa, claro, aquélla que crece solo en los labios del amado.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Para ilustrar este día tan amable, traemos los besos (porque son muchos) más elegantes, susurrantes, morosos, diferidos e imantados que jamás se hayan dado en una pantalla dos actores de cine. Son, la amantísima Ingrid Bergman y el “gentleman” Cary Grant en esa delicia llamada “Notorius” (“Encadenados”) del gran Alfred Hitchcock…

DICCIONARIO ETIMOILÓGICO DE INNISFREE (XI)

South Africa Mandela Memorial

*fotografía tomada de “vigoalminuto.com”

Hoy en nuestro diccionario abordamos por primera vez el lenguaje diplomático, con dos términos controvertidos. Y lo hacemos, congratulándonos por el acercamiento entre los Estados Unidos y Cuba, materializado en la última cumbre de las Américas, donde Raúl Castro y Barak Obama estrecharon afectuosamente sus manos. Cuba es un ejemplo de lo que comenzó en utopía y terminó en “putopía”(en seguida les aclaramos el matiz que aleja a ambos términos). Añadimos un tercer término, fuera de lugar, porque hoy, ya saben, manda la “p”.  En fin, pensemos todos juntos en que estos gestos nos llevan a un mundo mejor, y caminemos hacia la utopía, no la “putopía”…

“Putopía”: Utopía que se tuerce.

“Protoculo”: Regla ceremonial, diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre, cuya aplicación tiene consecuencias catastróficas.

“Politéismo”: Tendencia al consumo excesivo de distintas clases de té.

Bueno, y como hemos sido un poco pastelosos hasta aquí, les ofrecemos una auténtica “putopía” en imágenes y guitarrazos, los de Pearl Jam, con la visceral, “Do the evolution”…

DICCIONARIO ETIMOILÓGICO DE INNISFREE (X)

Retomamos el diccionario etimoilógico de Innisfree, que ya empezaba a acumular polvo en sus honorables lomos. El director de la academia, Atticus, ha recibido en estos felices días una visita que ha llenado su vida de esperanza, y ya saben que lo primero es lo primero. Agradecemos su paciencia, queridos innisfritas.  Hoy proseguimos con la escalada sicalíptica que iniciáramos con los versiculos, en la séptima entrega, y continuáramos invitando al gran filósofo griego “Heraclítoris”. Le toca el turno a la “l” de lengua, con eso creo que decimos todo…

– Lavavaginas: Instrumento electrónico de higiene femenino destinado a lavar vaginas.

– Lubricantante: Cantante obsceno.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Con todo nuestro respeto y cariño, amenizamos el espacio con la inolvidable voz de Elvis “La pelvis”, que esté en los cielos. No nos podemos resistir a esta preciosidad “Love me tender”, empezamos “picantones” y terminamos románticos…

“BIRDMAN O ( LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA)” (2014; ALEJANDRO GONZÁLEZ IÑARRITU)

BIRDMAN(WWW.CBCINE.ORG)

 *foto tomada en http://www.cbcine.org

 

“La mente es una cámara de espejos; invisible en el cuadro”, son los versos del mejor poeta mejicano de todos los tiempos, Octavio Paz. Alejandro González Iñárritu también es mejicano y parece que partiera de estos versos para construir la que será la obra maestra de su carrera: Birdman, un gigantesco plano-secuencia (falseado pero extraordinario), frenético, loco, e intenso a ritmo de free-jazz. En ese frenesí, en ese ritmo sincopado y envolvente nos puede traer a la memoria el “All that jazz” de Bob Fosse, en ambas hay mucha neurosis.

Esos espejos de los que hablaba Octavio Paz y ahora Iñarritu, se deforman y a veces se convierten en monstruos con alas, si la mente es la de un actor, Riggan Thompson, impecablemente interpretado por un grande, Michael Keaton (se nota la comodidad en la que navega Keaton, es un regalo de papel), que ha alcanzado la celebridad desde la más absoluta banalidad, gracias a meterse en la piel de Birdman, un superhéroe del gusto de las masas más adocenadas. La única obsesión de Riggan es trascender con una interpretación “seria” en una obra de Carver que él mismo dirige en Broadway. El objetivo, conseguir la inmortalidad. Entre la ironía y la introspección, entre el sarcasmo más ácido y la reflexión más amarga, Birdman es un viaje, que a veces raya la fantasía, a las entrañas de la industria de la creación y del entretenimiento. En el trasfondo resuena el eco de una sutil y cínica carcajada cargada de humor negro, pero también de ansiedad, de frustración, de tragedia.

Birdman no tiene precisamente la virtud de la ignorancia, si no la de no aburrir en ningún momento ni volverse pretenciosa pese a lo ambicioso de su argumento. Es más, la tensión crece y crece a ritmo de batería sincopada, como si estuviéramos deslizándonos en una difícil pero fresca partitura de Coltrane o de Mingus, ¡puro talento! Este ritmo jazzístico que tanto le habría gustado a Cortázar, contribuye a la ensoñación, a la bipolaridad de una historia genialmente hilvanada, una historia que oscila entre la mente por momentos alucinada de Riggan Thompson y la realidad. Mención aparte merecen las actuaciones de Edward Norton y Enma Stone, de nota.  Por fin Iñarritu se ha quitado el traje de megalómano (recordemos el  “universalismo pedantón” de su “Babel”), y se ha colgado para regocijo de muchos y para gloria del cine, el traje de Birdman. El mejicano ha sacado toda su mala leche hacia el mundo de plástico de las celebridades, que más que por su arte, son celebridades por ser “trending topic”, o por las visitas a un vídeo colgado en las redes en el que salen haciendo el ridículo. Los críticos, ese colectivo tan pagado de sí mismo, tampoco se salva de la quema. La película habla sin tapujos de un mundo, el del cine seducido por lo que denomina textualmente “pornografías apocalípticas”, y sienta cátedra al  plantear el debate sobre la ramplonería y la falta de ideas que actualmente asola a la industria cinematográfica americana.

Les aconsejo que se adentren en esta claustrofóbica cámara de espejos, se llevarán una grata sorpresa, yo me la he llevado. Sin duda alguna, la película del año (del 2014, claro, aunque competirá por los premios Oscar en 2015), cine con mayúsculas.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

 

*vídeo tomado de youtube.

DICCIONARIO ETIMOILÓGICO DE INNISFREE(IX)

Despedimos enero en nuestro diccionario, como es lógico (pese a lo ilógico de nuestra propuesta) con nuestra querida “E”, y ya que estamos en el primer mes de este prometedor 2015, hoy hacemos derroche, y damos a conocer seis términos etimoilógicos, elijan el que más les guste…

“Efimero”: Pez de agua salada cuya presencia en los mares es pasajera.

“Elefantasioso”: Elefante dado a la fantasía.

“Elevaluna”: Estructura intrincada, consistente en un muelle gigante destinado a elevar a la luna.

“Entimismarse”: Abstraerse, recogerse en tu intimidad.

“Escapararte”: Dos acepciones:

1. Escaparate colocado con mucho arte.
2 . Escaparse de algún lugar con clase y distinción.

“Estimolar”: Acción y efecto de insuflar ánimos, de forma fresca, cool, “molona”.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Y como manda la “E”, pues nos depedimos con los elegantes, que con su música alegre y sofisticada, sus ritmos y letras emocionantes, hacen honor a su nombre. Puro sonido “mod” de nuestros Jam patrios…