¡QUÉ GLORIA!

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“Sobre el pueblo”, Marc Chagall  (Repro-Arte)

 

                                                        Para Marlene, Siempre

 

  ¡Qué gloria!, cuando todo está dicho,

cuando no hay que decir nada,

y no hay más guerra que la de las Galaxias,

cuando volamos alto, como pájaros aislados,

y nos hablamos con los ojos, sin palabras.

¡Qué gloria!, tus silencios cómodos,

me gusta que seas baja y taciturna,

como una diosa griega,

¡qué gloria tengo cuando estoy contigo!,

cuando los viernes noche cenamos chino,

cuando me quedo alelado mirando tu ombligo.

Me gusta que te alegres y entristezcas

como un limón helado,

amar sin comprenderte y aprenderte,

 pasar las noches tristes del invierno

arropado con la manta de tu cuerpo.

                                 Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

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CICATRICES

 

“EL CORAZÓN” (FRIDA KAHLO, imagen de lulla.com)

 

En lo oscuro de tu corazón, fresa profunda,

es donde te alumbra

la luz de mi linterna,

y escarbando en lo hondo, yo descubro,

que la herida que sufriste aún está tierna,

¡tiene un brillo afilado que deslumbra!

Me dices que aún te duele,

que no te valen vendas,

que ha cogido color con el dolor,

que tu corazón sigue en reposo,

y por más que rebota el condenado

no puede olvidarse de la pena.

Pero yo velaré porque se cure,

porque se seque esa herida luminosa,

y de sus restos nazca pudorosa

la cicatriz que un día quiso ser rosa.

                                    Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

HAIKU OTOÑAL

Ya sé que no estamos en otoño, pero allí nos lleva este haiku seleccionado en el libro “La hoja cae” (Shinden ediciones; 2017), que reúne una selección de haikus con motivo del III concurso de haikus de La Librería Haiku, y lo comparto con todos los innisfritas de bien…

haiku2

 

Y para leerlo nada mejor que escuchar al maestro Pedro Iturralde tocando junto a un equipazo (Carlos Carli, Mariano Barroso y Miguel Ángel Chastang) esta preciosidad titulada “Les feuilles mortes”…

“LA FUSA EN EL PRICE” (19/07/2017)

María Creuza y Toquinho en el Price: “A felicidade” (Foto de Atticus)

El milagroso encuentro de “La Fusa” puso de manifiesto, que la improvisación, el desorden, la libertad da lugar al mejor arte. Toquinho, jovenzuelo de ventidós años por entonces, cuenta en el escenario del Price, con un desparpajo con el que seguro tendrá mucho que ver el llorado Vinicius, cómo, sin que los componentes de esta felicísima unión fueran muy conscientes, su actuación fue registrada (en concreto, el guitarrista citó la palabra “registración”, supongo que en el musical idioma brasileño será “registracao”), y surgió eso, un diamante en bruto, que no era necesario pulir.

Qué hubiera sido del mundo de la bossa (o simplemente, del mundo), si el joven Toquino, no le hubiera “robado” al maestro su “Tarde en Itapoa”, y la hubiera convertido en canción. Fue su primer disparo de los temas de ese disco legendario. El brasileño seduce en el escenario, contándonos la existencia de una santísima trinidad, formada por Antonio Carlos Jobim, Baden Powell y Carlos Lyra. En su día, el guitarrista solo se atrevió a poner el amén a ese mágico trío. Nos cuenta también que el poeta vividor y bebedor (con “V” de Vinicius), hablaba de que el whisky era el mejor amigo del hombre, como una especie de perro embotellado. El vaso de whisky fue una amistad fiel que le acompañaba en cada actuación, pero en el camino tuvo tiempo de enamorar a nueve mujeres con la dulzura de su palabra. Suena el “Berimbau”, el Price es más Brasil que nunca.

Entra en escena Doña María Creuza, comienza la “Saudade”. Ya conocemos en Innisfreee la definición que daba el gigante Cohen de la melancolía, que no era otra cosa que la alegría de estar triste, nos vale para el concepto aludido. La Fusa le canta al amor, claro, y a la tristeza inminente que sucede a la alegría, ese estado en el que no hay vencedores ni vencidos, solamente supervivientes. Creuza continúa con el repertorio, y se nos encoge el alma, “A Felicidade”, “Manha de carnaval“, “O amor en paz”, “Eu sei que vou te amar”, “La chica de Ipanema”, cómo no. Yo particularmente no quepo en mí mismo, cuando cierran con “Chega de Saudade”, creo que mi favorita del repertorio del gran Vinicius de Moraes.  Escuchando de nuevo estas canciones, nos damos cuenta de su eternidad, y asimilando las letras, observamos que tienen la sencillez de lo sublime, la poesía que solo puede brotar de la verdad (“Tristeza nao tem fin, felicidade sim…”, “Eu sé que vou sofrei la eterna despedida de vivei”,… ).

Camino del hotel, comentamos con la taxista, aficionada también a la bossa, cómo es posible que esta música no haya tenido más trascendencia. Transigimos en que quizás falló de alguna manera la cadena de transición, y que verdaderamente, no se conoce como debiera. Hablando en primera persona, puedo decir que la Fusa llegó a mi equipo de música a través del tío de un amigo querido, y a partir de ahí cambió mi manera de percibir la belleza. Con total conocimiento de causa y una gota de  osadía, pienso que este disco tiene tanta importancia para la historia de la música como el “Sargent Pepper”, el “London calling”, el “Pet sounds”, o el “Kind of blue”, otros “sancta sanctorum”,  con los que me emocioné y me sigo emocionando. María, Vinicius, Toquino, vivirán para siempre, porque el amor, el verdadero amor, sobrevive a la muerte.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

   Como habrán podido intuir, no nos podemos definir por una canción, quizás, “Irene”, o mejor “Catendé”, luego nos acordamos de “Eu sei que vou te amar” y desfiló por nuestros ojos una chica preciosa en la playa de Ipanema,…,gracias a esa cosa maravillosa llamada Youtube podemos disfrutar de todas, escúchenlas, y será como un flechazo, quedarán enamorados para siempre…

FRUTA PROHIBIDA

    GIF sobre fotografía incluida en “El libro de Gloria Fuertes” (Ed. Blackie Books)             

                                                                                   

  Para Gloria Fuertes (la de la vespa)

 

Ya no me avergüenzo,

me dejé la vergüenza en la batalla,

y en lugar de taparme la sonrisa,

le enseño los dientes al portero,

cada vez que bajo a por tabaco.

He dejado de esconderme…de ti,

y ahora llamo a tu puerta cada día,

si me miras, ya no me sonrojo.

Le temo al olvido, pero a la inversa,

a que te acabe olvidando mi sonrisa,

por eso me embosco en la penumbra,

para besarte a hurtadillas en la nuca,

para que solo a mí me regales esa fruta

que escondiste en el fondo de tu boca.

                                                   Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

* Este poema ha sido seleccionado entre los veinte finalistas del concurso literario promovido por ZENDA, “El club de los poetas vivos”, de entre más de mil presentados, y con el número 13 (el de mi casa cuando era niño), y yo más feliz que una perdiz:

https://www.zendalibros.com/seleccion-del-concurso-de-poesia-de-el-club-de-los-poetas-vivos/

 

 

 

 

CÓMO ESCRIBIR UNA CARTA DE AMOR

 

 En primer lugar,

una carta de amor ha de ser ridícula,

si no, no sería una carta de amor.

Debe contener las palabras: marfil, boca, paloma o luna,

muchos tachones, faltas de ortografía y comas mal puestas,

los adjetivos deben ganar a los verbos,

aunque siempre han de aparecer “besar” y “amar”,

algún “mente” no está mal visto,

locamente, extremadamente, desesperadamente,

y se valora la aparición de alguna flor,

más, si rima con el nombre de la amada,

verbigracia, Elena y Azucena.

Siempre debe caber un elefante dorado,

se admiten dientes como perlas o diamantes,

lenguas eléctricas y manos desnudas,

y en los márgenes ha de dibujarse alguna estrella pudorosa.

Cuando esté escrita, fírmese con el sello de Cupido,

luego, compás de espera, delirium tremens, insomnio, ojeras,

hasta que un pájaro encarnado te diga en sueños

que tu señal, por fin, cruzó la herida.

                    Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

“ESCRIBIR UN BESO”

beso difuminado

“Beso difuminado” (Foto de Marlene M. Osorio Izquierdo)

Hoy, 13 de abril de 2015 (el año es circunstancial) es el “Día internacional del beso”…

“ESCRIBIR UN BESO”

 

Me afané en la difícil tarea de escribir un beso. No solo era la aventura de escoger la tinta adecuada, no, también era necesario seleccionar el momento preciso y precioso, así como la música perfecta que hiciera bailar al beso en el papel. Un beso bien dado requiere un olor transparente, pero ¿la escritura huele?,…, si acaso, duele. El trazo ha de ser cariñoso y el color, sí el color, nunca recargado, pero tampoco agonizante. Yo siento los besos como el azul de Rubén, ese azul flotante que los hace etéreos cuando juntas las bocas, o quizás como el rojo de los cielos rojos de Chagall, onírico y dulce, dulce y onírico.

Un tema muy serio es la humedad del beso, los hay lluviosos, ésos que se dan tras las ventanas, cargados de gotitas, y que explotan justo cuando la cafetera silba porque ya no puede más. Otros son secos como un sol de agosto, y saben a campo tierno de trigo. Esos suelen ser amarillos, por cierto. Bueno, creo que queda todo dicho, antes de escribir este beso universal, que no cambia ni se borra, por más que pasan los años y los daños, y por más que cambia el hombre. ¡Ah, por Dios!, me faltaba hablar del sabor. Los besos saben a fruta prodigiosa, claro, aquélla que crece solo en los labios del amado.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Para ilustrar este día tan amable, traemos los besos (porque son muchos) más elegantes, susurrantes, morosos, diferidos e imantados que jamás se hayan dado en una pantalla dos actores de cine. Son, la amantísima Ingrid Bergman y el “gentleman” Cary Grant en esa delicia llamada “Notorius” (“Encadenados”) del gran Alfred Hitchcock…