“ÉL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO” EN LA SALA MOON (19/05/2018)

 

 

“Él mató a un policía motorizado” en acción (foto de Atticus)

 

La noche de Valencia se abre con “Apartamentos Acapulco”, Granada en el corazón, la cantera continúa, una cantera que nace del hechizo de los sonidos psicodélicos de J y compañía. Me acordé con nostalgia al escuchar sus temas de un grupo desaparecido que me gustaba mucho, Nadadora, por esa alternancia de voces masculina y femenina y la acumulación de capas de sonido. Sobresalientes. Precisamente me los perdí allá por Granada, el 25 de mayo del año pasado, teloneaban a los planetas, claro.

Seguimos con las conexiones. Gracias a J y a un programa de radio tres en el que pinchaba a “sus favoritos”, supe de la existencia de “Él mató a un policía motorizado”. Creo recordar que la canción flechazo fue “Mujeres bellas y fuertes” (su primer gran hit, al menos aquí en España, en algún rincón de este blog está escrito). Pues sí, en una glamurosa cinta de cromo, no paraba de pasarla para que llegará la voz de Santiago. Pasó el tiempo, y llegó a mis oídos “La Dinastía Escorpio” (tiene su merecido Luneando, búsquenlo), desde el minuto uno pasó a clásico e imperecedero. Luego mi primer contacto en directo, en el SOS Murcia de 2014, fui allí para verlos a ellos, lo confieso, y me quedé con ganas de más (hay constancia en Innisfree, recuerdo al pobre Santiago con su pierna lastimada, y aún así dándolo todo). Por supuesto, luego escuché “La noche los muertos”, los demás temas sueltos, y su reciente “Síntesis O’Konor”, que aunque no llega a la frescura de la dinastía, mantiene un nivel más que aceptable.

Volvamos al presente. Tenía que ser la sala Moon, es decir arropados bajo una luna gigante, donde cumpliéramos el sueño de verlos a ellos solos, en modo monográfico. Desde el inicio imponen su magnetismo (“Ey, ¿quién te va a cuidad? en este mundo peligroso), y nos llevan de la mano a otro lado, a otro estado, o quizás a otro estadio (¿La bombonera?). Sus guitarras suenan intensas, psicodélicas, su rock, unas veces musculoso y otras melancólico. De la voz de Santiago motorizado qué decir, luz y bruma, lirismo y autenticidad. Continuamos con “Nuevos discos” ese monumento al rock progresivo, y seguimos bailando en la colina hasta alcanzar la casa de las luces que estallan, en el camino, el amigo piedra nos echa una mano con nuestro auto. Los ojos luciendo como faros, la sala se une en hermandad, los corazones flotan libres y alegres. Todo lo que digas no me influye, no me importa si está bien o está mal, pibe, sé que vamos más o menos bien.

Luego aparecen como por ensalmo, Jenny, Johny B (¡qué temazo!), mujeres bellas y fuertes, y nuestra chica rutera. Un bis y el público enardecido, queremos más. La bendita explosión acaba arriba de la casa con un rifle, prodigioso próximo (y último) movimiento (¡tremendo broche!). Se cierra el telón, ¡maldito telón!, anhelamos nuevos discos, nuevas drogas, nuestros oídos vuelan  como luciérnagas drogadas, cuánta belleza, gracias por darnos tanto y hasta la próxima, amigos, que les vaya bonito.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

Hoy tenemos vídeo casero, grabado “in situ” por otra fanática a la que Atticus quiere mucho, y que también podéis disfrutar en youtube, “Nuevos discos” hoy en directo en Innisfree…

 

 

 

Nos despedimos con las fotos que pudimos tomarnos con ellos, coincidimos antes del concierto en las puertas de la sala moon, una suerte, el anticipo de una noche mágico, grandes tipos todos ellos…

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“LA FUSA EN EL PRICE” (19/07/2017)

María Creuza y Toquinho en el Price: “A felicidade” (Foto de Atticus)

El milagroso encuentro de “La Fusa” puso de manifiesto, que la improvisación, el desorden, la libertad da lugar al mejor arte. Toquinho, jovenzuelo de ventidós años por entonces, cuenta en el escenario del Price, con un desparpajo con el que seguro tendrá mucho que ver el llorado Vinicius, cómo, sin que los componentes de esta felicísima unión fueran muy conscientes, su actuación fue registrada (en concreto, el guitarrista citó la palabra “registración”, supongo que en el musical idioma brasileño será “registracao”), y surgió eso, un diamante en bruto, que no era necesario pulir.

Qué hubiera sido del mundo de la bossa (o simplemente, del mundo), si el joven Toquino, no le hubiera “robado” al maestro su “Tarde en Itapoa”, y la hubiera convertido en canción. Fue su primer disparo de los temas de ese disco legendario. El brasileño seduce en el escenario, contándonos la existencia de una santísima trinidad, formada por Antonio Carlos Jobim, Baden Powell y Carlos Lyra. En su día, el guitarrista solo se atrevió a poner el amén a ese mágico trío. Nos cuenta también que el poeta vividor y bebedor (con “V” de Vinicius), hablaba de que el whisky era el mejor amigo del hombre, como una especie de perro embotellado. El vaso de whisky fue una amistad fiel que le acompañaba en cada actuación, pero en el camino tuvo tiempo de enamorar a nueve mujeres con la dulzura de su palabra. Suena el “Berimbau”, el Price es más Brasil que nunca.

Entra en escena Doña María Creuza, comienza la “Saudade”. Ya conocemos en Innisfreee la definición que daba el gigante Cohen de la melancolía, que no era otra cosa que la alegría de estar triste, nos vale para el concepto aludido. La Fusa le canta al amor, claro, y a la tristeza inminente que sucede a la alegría, ese estado en el que no hay vencedores ni vencidos, solamente supervivientes. Creuza continúa con el repertorio, y se nos encoge el alma, “A Felicidade”, “Manha de carnaval“, “O amor en paz”, “Eu sei que vou te amar”, “La chica de Ipanema”, cómo no. Yo particularmente no quepo en mí mismo, cuando cierran con “Chega de Saudade”, creo que mi favorita del repertorio del gran Vinicius de Moraes.  Escuchando de nuevo estas canciones, nos damos cuenta de su eternidad, y asimilando las letras, observamos que tienen la sencillez de lo sublime, la poesía que solo puede brotar de la verdad (“Tristeza nao tem fin, felicidade sim…”, “Eu sé que vou sofrei la eterna despedida de vivei”,… ).

Camino del hotel, comentamos con la taxista, aficionada también a la bossa, cómo es posible que esta música no haya tenido más trascendencia. Transigimos en que quizás falló de alguna manera la cadena de transición, y que verdaderamente, no se conoce como debiera. Hablando en primera persona, puedo decir que la Fusa llegó a mi equipo de música a través del tío de un amigo querido, y a partir de ahí cambió mi manera de percibir la belleza. Con total conocimiento de causa y una gota de  osadía, pienso que este disco tiene tanta importancia para la historia de la música como el “Sargent Pepper”, el “London calling”, el “Pet sounds”, o el “Kind of blue”, otros “sancta sanctorum”,  con los que me emocioné y me sigo emocionando. María, Vinicius, Toquino, vivirán para siempre, porque el amor, el verdadero amor, sobrevive a la muerte.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

   Como habrán podido intuir, no nos podemos definir por una canción, quizás, “Irene”, o mejor “Catendé”, luego nos acordamos de “Eu sei que vou te amar” y desfiló por nuestros ojos una chica preciosa en la playa de Ipanema,…,gracias a esa cosa maravillosa llamada Youtube podemos disfrutar de todas, escúchenlas, y será como un flechazo, quedarán enamorados para siempre…

SIMBIOSIS

 

Hoy recuperamos un texto publicado en febrero de este año por la revista del Círculo de lectores, mi intención era haberlo hecho mucho antes, pero vaya usted a saber, un fantasma llamado olvido, o quizás otro bautizado pereza lo impidió. Para ilustrar el collage que propone el relato, nada mejor que la música sinestésica de los exquisitos Animal Collective, “FloriDada”…

DICCIONARIO ETIMOILÓGICO DE INNISFREE: “EDICIÓN DELUXE” (XII)

Imagen de “mondobelo blog” (JonathanWolstenholme: http://mondobeloblog.blogspot.com.es/2015/01/la-vida-secreta-y-surrealista-de-los.html)

Qué nostalgia y qué pereza, en suma qué pereza nostálgica volver a abrir nuestro diccionario etimoilógico. La última entrega fue allá por abril de 2015, Raúl Castro y Barack Obama estrechaban afectuosamente sus manos en una cumbre de las Américas, ¡qué tiempos aquéllos!, y como si este juego de palabras fuera la crónica de una muerte anunciada, dos años han pasado, y en la Casa Blanca, se consumó la “Putopía”. No digo nada más, creo que todos me entienden.

Como les debemos un racimo de conceptos, nos vamos a la docena, y seguimos alimentando este acervo etimoilógico que tanto echaban de menos…

 

“Amanacer”: Nacer a primera hora de la mañana, costumbre que suele darse en los nacimientos de personas previsoras, generalmente de nacionalidad alemana.

“Alegrorías”: Alegorías alegres.

“Cilantrópico”: Persona inclinada a las causas humanitarias debido al consumo masivo de cilantro.

“Consumatizar”: Intentar superar problemas psíquicos por medio del consumo patológico. Dolencia que suele acusarse en sistemas capitalistas y grandes urbes.

“Cuñazo”: Cuñado molesto, tendente a la pesadez.

“Diosificar”:  Dividir o graduar las dosis de oración a Dios.

“Maradear”: Merodear cerca del mar.

“Mar rebobinado”: Fenómeno que se da cuando las olas no van ni vienen, solo vuelven hacia el viento que las trajo y reculan porque se asustan del futuro.

“¡Nálgame Dios!”: Expresión de estupefacción en la que una señora con enormes posaderas invoca al creador.

“Testimoño”: Declaración solemne de señora respetable, generalmente inspirada por su hermoso e incomparable moño.

“Karácter”: Carácter fuerte propio de los practicantes de Karate.

“Vertiginos@”: Persona tendente a una actividad extenuante.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

 

Para compensar igualmente nuestra obstinada ausencia, elegimos una pieza sublime que ilustre la lectura de los términos seleccionados, nada menos que “La fantasía Tallis” de Ralph Vaughan Williams, Lord Byron y Mary Shelley remando contra el viento que arrastra hacia un destino inexorable. No menos sublime e inmortal, la película de Gonzalo Suárez, cine y música unidas en Innisfree, déjense llevar…

 

“ZONA TEMPORALMENTE AUTÓNOMA” (LOS PLANETAS; EL EJÉRCITO ROJO & EL VOLCÁN MÚSICA; 2017)

“ZONA TEMPORALMENTE AUTÓNOMA”

(LOS PLANETAS; EL EJÉRCITO ROJO & EL VOLCÁN MÚSICA; 2017)

 

Fotografía de Batiste Safont (https://es.wikipedia.org/wiki/Los_Planetas_(banda)#/media/File:Planetas.jpg)

 

Los planetas han vuelto para construir una épica sonora al amor y al desamor, a medio camino entre la psicodelia, el sentido trágico del flamenco, y por supuesto, el pop-rock.  Podríamos decir que su propuesta camina por la nostalgia del pasado más glorioso, con canciones que podrían pertenecer a la orquesta química (“Hay una estrella” nos recuerda al gran Nick Drake, o incluso al asturiano Nacho Vegas), o engrasar el motor de aquel mágico autobús (“Ijtihad”, que, por supuesto podría ser una nueva hermana pequeña), y una más que posible nostalgia del futuro. Asunción de la pureza racial flamenca, tanto de raíces (las del querer, o aquéllas incrustadas en una cruz llevada a cuestas, tan andaluza y folclórica), como de raza, sin renunciar a las esencias planetarias de toda la vida (de muestra, dos botones, las espléndidas: “Hierro y níquel”, y “Porque me lo digas tú”).

Eso sí, también hay una cuota de pasado “renovado” en este presente-futuro, ya que los ritmos se repiten (la “Soleá” podría haber formado parte de la “leyenda del espacio”), aunque dentro de su trilogía flamenco-psicodélica, “Zona temporalmente autónoma” supone un broche de oro en el que se alcanzan cumbres de una intensidad notable (“Seguiriya de los 107 faunos”, y “La gitana”).

No todo serán cumplidos, la irregularidad del proyecto y cierta sensación de descompensación y confusión de estilos (creemos que querida), son lastres que, a nuestro juicio, suman más que restan, ya que, de otro modo, el álbum se volvería reiterativo y sin chispa. La guitarra de Florent nunca sonó tan afilada y melancólica, y ojo, la voz de J nunca sonó tan bien. Al cantante granadino se la suelta la lengua, llevando la crítica social por bandera, atención al tema magistral “Libertad para el solitario”, que rememora los fandangos de Morente, al corte inicial “Islamabad”, y al epitafio anarquista que supone “La guitarra roja”, convertida en verdadero cuchillo libertario. Hablando de voces, no podemos ignorar la de Soleá Morente y la de nuestra Bienquerida, que brillan en sendas colaboraciones. La batería de Erik, como siempre, contundente. Dentro del “collage”, la canción que aúna todas las tendencias supuestamente incompatibles es la joyita “Espíritu olímpico” (¡qué título más planetario!).

En fin, quitémonos las caretas, el que esto escribe es fanático de este grupo desde los noventa, y blablablá, blablablá, no voy a incurrir en lugares comunes, que si sus letras están pegadas a mi vida, que si la voz de J es la voz de mi consciencia (exagero supongo, también está la de Eddie Vedder). Por tanto, una zona subjetivamente autónoma localizada en mi cerebro y en mi corazón, se ha rendido irremediablemente al encanto ardiente, al candor y al duende de un disco imbuido en un espíritu romántico, trágico y reivindicativo, que ganará muchos enteros con la razón que suele dar el tiempo.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Nos quedamos con la seguiriya desde lo alto del Sacromonte, aunque recomendamos vivamente la escucha completa del disco…

VINIERON DE OTRO MUNDO

chicken power ist comming

Sobre una composición de Julio Martín…

El meteorito eclosionó en pleno granero, los gritos de las gallinas sirvieron de alarma para el granjero Farmer. Durante meses estuvieron dando alaridos desconcertantes, día y noche. Su capacidad de gestación pasó a ser proverbialmente meteórica, quien sabe si como consecuencia del accidente. Cada gallina ponía entre treinta y cincuenta huevos diarios. Había algo extraño en ellos, una repugnante y viscosa palpitación. El gobierno del imaginario estado de Pensacola, clausuró la granja y expropió a los animales en aras del bien común. Científicos y militares fueron testigos del asombro de huevos de cinco y de hasta seis yemas. El momento más excitante se produjo con el nacimiento de Bobby, un monstruoso polluelo mutante de tres cabezas, que al venir al mundo pronunció estas enigmáticas palabras ante la mirada atónita de la flor y nata de la comunidad científica allí congregada: “Chicken power is coming.”

Jorge Fernández­­­­-Bermejo Rodríguez

Y para que baile un poquito la “chicken” alienígena…

NATALIA Y LOS COLORES

IMG_5460proy3wUna vez más contamos con una magnifica foto del gran José Fijo

Recientemente la ONU ha dicho que el jazz es bueno para la salud, vamos, que fomenta la alegría, el goce, la felicidad. Más si se sabe vestir con colores, como los que desprende la voz de Natalia Dicenta. La estupenda actriz y por lo que vimos en el último concierto de la temporada de Universijazz, fantástica cantante de jazz, presentó “Colours”, y lo hizo acompañada por una formación de lujo: Claudio Vicente Borland Hendrick (¡Buf!, esperen que respire,), al piano; Antonio Calero Westermeier, a la batería (tampoco está mal el nombrecito), y Reinier Elizarde, “El Negrón”, al contrabajo.
Lo de los colores y el arte, en este caso la música, me hace pensar en la sinestesia, en esa unión y confusión de los fenómenos sensoriales, que nos hace percibir el rojo de un sonido o escuchar el chillido de un color (se dice: “qué verde más chillón”). Muchos artistas han “sufrido”(o gozado, según se mire) este fenómeno, el caso que me viene a la cabeza es el de Nabokov.
Otro día hablaremos de tan interesante tema, hoy toca hablar del concierto de Natalia y de su paleta de colores. Efectivamente los dos primeros temas, dos conocidos standards, sonaron primaverales, como el cielo que se trasparentaba por las ventanas. Luego vino, “Funny”, una balada del elegante Nat King Cole, y todo se volvió cálido. Natalia nos introduce a Lilian Hardin, esposa de Louis Armstrong, y gran compositora que creció a la sombra del gran Satchmo. Las raíces negras del tema nos llevan, no sé a Saint Louis, a algún lugar apartado del viejo sur. Cambio radical, suenan los Beattles, disco blanco, “Black bird” llena al auditorio de energía.
Continuamos con un bolero fuera del disco y que sinceramente no conocía. Nos quedamos con una frase de esas que sólo pueden aparecer en los boleros: “Apóyate en mi alma.” Refrescante, “For once of my live”, que interpretara Judy Garland en la noche los tiempos. Encadenamos con un tema propio que nos inyecta vitaminas por los oídos. Natalia nos hace volar hacia la luna, y nos mete irremediablemente en su bonito bolsillo. Por fin aparece Cole Porter, ¡cómo iba a faltar Cole Porter! Seguimos volando dirección a la luna, entre duelos o mejor diálogos (aquí nadie compite), de vocalista y pianista. La canción concluye como un pequeño cabaret sonoro montado en el escenario.
Lluvia de aplausos, efectivamente, hemos llegado a la luna. Toca improvisar, y ¡qué improvisación!, clasicazo, “Summertime”, la voz de Natalia se vuelve negra, como la de una tal Nina Simone, aires funky y tres solos memorables de los músicos. En fin, los colores volaron como mariposas, y todos los presentes permanecimos imbuidos en su dulce gobierno. Repitan conmigo, “one more time”: ¡Gracias universijazz!

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez