“BIRDMAN O ( LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA)” (2014; ALEJANDRO GONZÁLEZ IÑARRITU)

BIRDMAN(WWW.CBCINE.ORG)

 *foto tomada en http://www.cbcine.org

 

“La mente es una cámara de espejos; invisible en el cuadro”, son los versos del mejor poeta mejicano de todos los tiempos, Octavio Paz. Alejandro González Iñárritu también es mejicano y parece que partiera de estos versos para construir la que será la obra maestra de su carrera: Birdman, un gigantesco plano-secuencia (falseado pero extraordinario), frenético, loco, e intenso a ritmo de free-jazz. En ese frenesí, en ese ritmo sincopado y envolvente nos puede traer a la memoria el “All that jazz” de Bob Fosse, en ambas hay mucha neurosis.

Esos espejos de los que hablaba Octavio Paz y ahora Iñarritu, se deforman y a veces se convierten en monstruos con alas, si la mente es la de un actor, Riggan Thompson, impecablemente interpretado por un grande, Michael Keaton (se nota la comodidad en la que navega Keaton, es un regalo de papel), que ha alcanzado la celebridad desde la más absoluta banalidad, gracias a meterse en la piel de Birdman, un superhéroe del gusto de las masas más adocenadas. La única obsesión de Riggan es trascender con una interpretación “seria” en una obra de Carver que él mismo dirige en Broadway. El objetivo, conseguir la inmortalidad. Entre la ironía y la introspección, entre el sarcasmo más ácido y la reflexión más amarga, Birdman es un viaje, que a veces raya la fantasía, a las entrañas de la industria de la creación y del entretenimiento. En el trasfondo resuena el eco de una sutil y cínica carcajada cargada de humor negro, pero también de ansiedad, de frustración, de tragedia.

Birdman no tiene precisamente la virtud de la ignorancia, si no la de no aburrir en ningún momento ni volverse pretenciosa pese a lo ambicioso de su argumento. Es más, la tensión crece y crece a ritmo de batería sincopada, como si estuviéramos deslizándonos en una difícil pero fresca partitura de Coltrane o de Mingus, ¡puro talento! Este ritmo jazzístico que tanto le habría gustado a Cortázar, contribuye a la ensoñación, a la bipolaridad de una historia genialmente hilvanada, una historia que oscila entre la mente por momentos alucinada de Riggan Thompson y la realidad. Mención aparte merecen las actuaciones de Edward Norton y Enma Stone, de nota.  Por fin Iñarritu se ha quitado el traje de megalómano (recordemos el  “universalismo pedantón” de su “Babel”), y se ha colgado para regocijo de muchos y para gloria del cine, el traje de Birdman. El mejicano ha sacado toda su mala leche hacia el mundo de plástico de las celebridades, que más que por su arte, son celebridades por ser “trending topic”, o por las visitas a un vídeo colgado en las redes en el que salen haciendo el ridículo. Los críticos, ese colectivo tan pagado de sí mismo, tampoco se salva de la quema. La película habla sin tapujos de un mundo, el del cine seducido por lo que denomina textualmente “pornografías apocalípticas”, y sienta cátedra al  plantear el debate sobre la ramplonería y la falta de ideas que actualmente asola a la industria cinematográfica americana.

Les aconsejo que se adentren en esta claustrofóbica cámara de espejos, se llevarán una grata sorpresa, yo me la he llevado. Sin duda alguna, la película del año (del 2014, claro, aunque competirá por los premios Oscar en 2015), cine con mayúsculas.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

 

*vídeo tomado de youtube.

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