EELS CONQUISTÓ EL PRICE (14/07/14)

P1010440                                                                                                            Foto de Atticus

La Rae define el término “intimidad”, en su segunda acepción del siguiente modo: “Zona espiritual íntima y reservada de una persona o grupo, especialmente de una familia”. En eso se convirtió el teatro Price el pasado lunes. Yo suelo odiar los lunes, pero no si asisto a un espectáculo tan íntimo y maravilloso como el concierto que ofrecieron Mark Everett Oliver y su banda, colectivamente conocidos como Eels. No cometeré el error de aburrirles enumerando los temas que fueron desgranando, como en la crónica de aquel antológico concierto de la Riviera que mora en algún rincón oculto de Innisfree. Simplemente les diré que combinó a la perfección los clásicos con las canciones de su último disco, el “The cautionary tales of Mr.E”, nana gigante llena de lirismo y melancolía. Por supuesto sonó, “My beloved monster”, tema que visitó este blog hace bien poquito
Cuando el bueno de Mark Everett aporreó por primera vez las teclas del piano, todos los asistentes sabíamos que estábamos en casa, que algo invisible nos unía, y que el universo se limitaba en esa bonita sala al compás de un único latido. Su voz, cargada de emoción y de verdad, arrulló, suavemente a un público conquistado. En algunos momentos su tono dulcemente desgarrado recordó a otro inmortal, Tom Waitts.
¿Han experimentado ustedes esa gracia que consiste en que se difumine el tiempo de repente?, no sé, cuando todavía adolescentes han clavado sus ojos en los de su primera novia y le han hablado de amor. Es una sensación placentera, como cosquillas, que hace que sus cuerpos sean más evanescentes, y que a su alrededor flote algo santo, que les redime de la rudeza de la vida diaria. Quizás esa santidad perdida al nacer, de la que hablaba Keoruac,. Y como niños, liberados del peso del tiempo, disfrutas sin prejuicios de la intimidad y de la pureza que comunican con la emoción más verdadera. Todo eso sucedió entre Eels y “nosotros”, los allí presentes
Al final del concierto, el ambiente familiar era tal, que Mark se bajó del escenario buscando los abrazos de un público que le acogió apacible, y no con el fanatismo propio de los “groupies”. Es cierto que Atticus ha estado en muchas batallas (¡Jesús, las cosas que hemos visto!, como decía aquel personaje del las campanadas de Welles), pero nunca experimentó tal comodidad, tal complicidad, tal AUTENTICIDAD, como si aún fuéramos chiquillos y disfrutáramos de las primeras canciones del niño Everett subidos a la casa del árbol de su jardín.
En fin, puedo seguir, y lo saben. Fue muy bonito lo del otro día, muy intenso, irrepetible e inexpresable en palabras. Sobran los gestos, sobran los aplausos, sobran los elogios, y en mi cabeza aún resuena la belleza.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Qué maravilloso es youtube, aquí tenéis un pedazo de concierto, la preciosa “Where I’m going”…

 

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