LUNEANDO LXXII. WIM MERTENS

 

WIM MERTENS

Hoy no nos vamos lejos. Nos quedamos en Bélgica, dónde el chocolate es bueno y la cerveza aún mejor (¡um!, recuerdos de la tostada Kasteel), Atticus lo pudo comprobar en un lejano y agradable viaje a Bruselas, en un hotel cercano a la monumental Grand Place. Pero toca hablar de música, y toca hablar de Wim Mertens. Comenzaré con la batallita habitual, desconecten los teléfonos móviles. Conocí a este particular músico en un particular programa, claro, los añorados “Diálogos tres”, del que tanto os hemos hablado y que tanto echamos en falta. Sserá porque hemos saboreado junto a Ramón Trecet muchos manjares musicales. Allí conocí esa curiosa voz aguda y emotiva con la que acompaña alguna de sus composiciones. Porque Mertens es compositor, guitarrista, pianista y cantante contratenor ,de ahí su forma de cantar y esos falsetes tan peculiares. Aparte, es un reputado musicólogo, lo que se puede deducir de su obra compositiva tan heterogénea y polifacética.
Casi todos coinciden en clasificar su prolífica obra (que arranca en 1982 y continúa gozosamente) de minimalista, cercana a la música ambiental, y de la avant-garde (que, efectivamente, no sé que narices es). Lo que me ha parecido a mi, después de escuchar su trabajo “Series of ands: Inmediate givens”, es que un explorador de sonidos, de texturas ambientales, que en ocasiones nos pueden recordar a piano del otro maestro, Michael Nyman. Yo no entiendo de escalas ni de otros tecnicismos musicales, pero si de emoción, de ritmo, en fin, de belleza, y he disfrutado y seguiré disfrutando de las composiciones de este disco doble, sobre todo de la primera parte “Series of ands”.

He escogido dos preciosas joyas, la segunda composición de  la primera parte del disco (“Series of ands”), “Sonsing”, en la que podrán gozar de su sedosa voz, lo que si no la han escuchado antes les resultará algo chocante. En segundo lugar,  una pieza eminentemente instrumental (ya que al final aparecen unos bellos coros arropando a los instrumentos), una de las más conocidas de su ingente obra, “Struggle for pleasure”. Esta composición si que es una maravilla de minimalismo, de sutileza, y, como siempre, seamos reiterativos, de ¡BELLEZA! (las mayúsculas son de justicia).

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Aquí va el primer tesoro, tocando en Madrid…

Segundo tesoro, con orquesta, desde los primeros acordes es fascinante.  Fíjense en la ovación final, hoy sin duda, es un día especial en Innisfree…

DISIDENCIAS (para LEOPOLDO MARÍA PANERO in memoriam)

PANERO“En esta vida se puede ser de todo menos coñazo.”(Leopoldo María Panero)

 

¡Pánico en las calles!
¡pánico en los valles!
¡pánico en los pasacalles!,
pan y cor-aje, compañero
para derrotar al madero.
Pan y cor-azón, con razón
para escapar del aguacero,
con la que está cayendo
y va y se nos muere Panero,
no hay derecho,
¡el mundo es un puñetero agujero!
Tú, listo, sacúdete el chaleco,
que ya ha llegado enero
a ver qué coño tienes en el monedero.
Cállate la boca, o es que no has visto el letrero,
haz como todos, no te compliques,
esconde tu rabia dentro del puto sombrero.

                                                                                                  Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Epitafio de un poeta espectral y carnal a partes iguales…

HISTORIAS ÍNFIMAS(III): EL CÍRCULO

 

Baroja y Hemingway*Dedicado a todos los lectores del planeta tierra, presentes, pasados y futuros

 

                                                                             EL CÍRCULO

Fue su muerte un viaje de retorno a la más tierna infancia, y en el lecho último recordó el agrio sabor de la leche materna. Murió en la madrugada, y algunos sirvientes creyeron escuchar el llanto de un niño desparramado por las paredes de la mansión.                                                        Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

*Rescatamos de Google para tan sonado día esta bonita foto de dos enérgicos hombres de letras, tan misántropos como geniales. Hemmingway visitaba a Baroja en su lecho de muerte. Hoy también es el segundo santo de Innisfree, ya saben después de San Patricio, así que ¡Feliz día del libro!, y ¡feliz día de San Jorge!

LUNEANDO LXXI: GUADALUPE PLATA

P1010144                                                                                                               Foto de Atticus

 Si, si, no se equivocan, es una burbuja azul la que envuelve a los tres personajes del luneando de hoy, los componentes del grupo Guadalupe Plata. No se si se debe al efecto de los focos o al efecto hipnotizante de su música, que te hace flotar literalmente en una burbuja. Sala “Pussy wagon”, Albacete, jueves 10 de abril, la foto es lateral porque estamos en el palco de esta sala de madera con tanto encanto, concretamente en el flanco derecho. Lleno absoluto, entramos con los primeros acordes. El público desde el inicio entregado a la causa, entusiasmados, hipnotizados (reincidimos deliberadamente), por la intensidad y el perfeccionismo de los andaluces de Jaén, como los aceituneros altivos a los que cantaba el poeta. Se notan los ocho años bien aprovechados que llevan tocando juntos. Suenan sus lamentos, Milana, aparecen por conjuro serpientes volubles, malditas ratas y pobres gatitos asesinados. Comprobamos con estupefacción las virtudes de ese barreño mágico. ¡Alucinante!, música que invade tu piel como un tatuaje, música sudorosa, marcada a fuego. La describe de forma muy gráfica su batería, con el que charlamos mientras saboreamos a puerta cerrada un rico mezcal, como un puñetazo, por su pegada, por su capacidad de llegar a todo el mundo. También nos cuenta que vienen de Méjico y que pasearán sus huesos por los Estados Unidos. Unos verdaderos cracks los tres componentes de Guadalupe Plata, ni una “mieja” de pretensión en sus palabras, no van de divos inaccesibles. La naturalidad de los genios.
Un grupo con mucho recorrido, lo de cruzar el Missisipi no es casualidad, ello nos habla de la universalidad de la música que hacen, ese blues teñido de rock y viceversa, alimentado a guitarrazos y a golpes de batería, que bien podría sonar bajo el sol crudo de Jaén, rodeado de lagartijas, o el del desierto de Sonora, rodeado de cactus.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Queríamos pegar alguna actuación en directo, pero el sonido no nos convencía, entonces nos encontramos con esta demoledora versión en estudio de “Milana”. Nos acordamos del pobre Azarías…

Por cierto, celebramos los dos añitos de “The way to Innisfree”, con Guadalupe Plata. Un 11 de abril de un lejano 2012 comenzaban las andanzas de Atticus por las verdes praderas de Innisfree. Desde aquella remota fecha nos contemplan más de doscientos treinta artículos de música, cine, literatura, poesía o relato. Atticus está muy agradecido por el seguimiento de los innisfritas del mundo, un fuerte abrazo a todos, y a por otro año más.

 

 

 

“EL GRAN HOTEL BUDAPEST”(WES ANDERSON;2014)

GHBUDAPEST

 

Si una gran película es aquella que comienza cuando se abre un libro y concluye cuando éste se cierra, “ El gran hotel  Budapest”, la nueva joya de Wes Anderson, es una gran película. Los primeros planos en un cementerio judío nevado nos dicen que estamos ante algo especial. El romanticismo que tiñe primorosamente toda la obra ya se aspira en esa bonita idea visual de las llaves colgadas en el busto de la gloria local, el autor de ese libro, de esa historia, la del hotel Gran Budapest.
Wes Anderson es un esteta pudoroso, un regalo del tiempo entre tanto creador adocenado, que estudia con mimo y meticulosidad cada plano, sin que su trabajo parezca estudiado, sino espontáneo y candoroso. Quizás no cupiera en una palabra el elogio a “Hotel Gran Budapest”, pero si cupiese, ésta sería elegancia. Elegancia ética y estética. Muy cortos de vista son aquellos críticos que ven a Anderson como un cineasta que se queda en la forma, ya que             “Gran hotel Gran Budapest” nos cuenta una gran historia, de forma divertida, rítmica, ágil, que nos hace despertar la mueca sonriente de forma constante.
Sería aburrido ahondar en la nómina de actores que aparecen en la cinta (desde Jeff Goldblum a Harvey Keitel, pasando por el malvado Willem Dafoe o la anciana aristócrata amante de Gustav, Tilda Swinton, cuyo magnífico maquillaje la convierte casi en un personaje de cómic). No quiero destacar a ninguno, todos están fabulosos, pero por encima de todos se eleva, por finura y sofisticación, el gran Ralph Fiennes, en el papel de Gustav, que puede tener un precedente felino en otro seductor, el Mister Fox de “Fantástico Mr. Fox”. Su temperamento poético y su mirada melancólica nos hablan del pasado, de civilizaciones perdidas, de la vieja Europa. Excelentes también F. Murray Abraham y Tony Revolory, en los papeles de “Cero”, el “lobby boy” o mozo de portería, en sus edades anciana y adolescente respectivamente. Especialmente, Tony Revolory compone un papel muy tierno.
Es normal que todo actor que se precie quiera participar en las películas de Wes Anderson, y los aficionados nos regocijamos. Ellos mismos, en entrevistas, reconocen que es un goce, un ejercicio de libertad, y en la pantalla demuestran su felicidad. En lo formal, por supuesto que el mimo del que hablamos aplicado para cada plano, los convierten en ocasiones en cuadros vivaces y coloristas. Esos rojos, los rosados, la nieve. Los dibujos del funicular y del propio hotel, le dan al conjunto ese toque “naif” que ya apreciábamos en su día en la deliciosa “Moonrise Kingdom”. Luego están esos planos frontales, los planos grúa, con cámaras que caminan en círculo a veces, o abusan del irremediable zoom otras veces. Intuimos en estos ampulosos pero a la vez suaves movimientos de cámara a otro romántico, Max Ophuls, excelente adaptador de Stefan Zweig (“Carta de una desconocida”), en cuyos escritos dice inspirar Anderson su película. Plano memorable es aquel plano cenital con la inmensa bóveda acristalada en la escena del tiroteo absurdo. Escena ésta que a nuestro juicio es muy del cine de los hermanos Marx, de la que podría haber sacado mucha más vis cómica Anderson, y que subraya, huelga decirlo, el sinsentido del belicismo. La película está plagada de sutiles y no tan sutiles mensajes antibelicistas.
Nos gustan también esos planos fotográficos, neutros, asépticos, donde los personajes miran de frente, impertérritos, vacíos de toda teatralidad (todo lo contrario a cuando toman la palabra, si no pensemos en el apasionado Gustav), como las viñetas de algún cómic conspicuo. Podrían remitirnos al cine de Jarmusch o al de Kaurismaki.
Otra huella de un clásico, es la de Hitchcock. Intuimos un paralelismo entre la escena de la persecución del maléfico Willem Dafoe (que parece más vampiro aquí que cuando interpretó a Nosferatu en “La sombra del vampiro”), a Jeff Goldblum, el albacea testamentario (nos cuidamos de desvelar nada), escena que parte de un bonito tranvía (otro signo de un pasado que ya casi no existe), con otra de “Cortina rasgada” que se desarrolla en un museo y sin necesidad de diálogos. El homenaje creemos que es claro.
La película nos habla de tiempos perdidos, de perfumes perdidos, como el de Gustav. También nos habla de decadencias, como la del Gran Budapest, condenado a convertirse en museo distinguido de una aristocracia ya olvidada. De ahí que Anderson se cobije en la sombra de un romántico centroeuropeo como Stefan Zweig. En fin, podemos afirmar, sin empacho de los deliciosos pasteles de Mendl’s, que “el Gran hotel  Budapest” es un goce absoluto e irrepetible, único como su director, una virguería más en su haber, que aúna humor, amor, aventura, melancolía, y sobre todo, seamos conscientemente repetitivos, elegancia.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Una pequeña píldora, no se la pierdan…

LUNEANDO LXX: PANDA BEAR

 

PANDA BEAR

“BROS”

Panda Bear, oso panda, es Noah Lennox, uno de los miembros fundadores de la banda que quizás junto a Radiohead más ha cambiado la música en los últimos tiempos, Animal Collective. Pero centrémonos en el oso panda y en su “Person pitch”, un álbum experimental pero también espiritual, en el que cuesta entrar pero también cuesta salir una vez se ha entrado. Una caja de música, una colección de ritmos tribales, de ecos intangibles y cantos de sirena que no sabemos a dónde nos llevan y que nos tientan irremediablemente al viaje. Si medimos la música por su capacidad para transportarnos, y por su capacidad de evocar paraísos artificiales, éste es un disco irrepetible, fascinante, un ejercicio puro de libertad creativa a la altura de esa otra obra juguetona y legendaria llamada “Smile” del gran Brian Wilson.
“Person pitch”, obra de 2007 puede considerarse el precedente o el disco nodriza de esa virguería maravillosa que fue el “Merriwater Post Pavillion” (2009) de Animal collective, (quizás mi disco favorito del siglo que vivimos y al que no puedo evitar reincidir una y otra vez), el rastro es patente.
Nos ha costado mucho seleccionar algún tema de esta auténtica joya del hedonismo sonoro. Al final nos decantamos por el “Bros” (nos encantan también “Good girls/carrots” y “Take pills”, por poner dos ejemplos). Para entender la composición que traemos hoy, déjense llevar, sin prejuicios, abran sus mentes o cometerán el terrible error de quedarse en la superficie. En fin, ustedes mismos, no hay marcha atrás.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

HISTORIAS ÍNFIMAS (II): KURT

KURT

KURT

Kurt Cobain se volaba la tapa de los sesos un día como hoy de hace 20 años

“Llena de rabia y dolor, su madre tiró al carajo todas las armas que mantenía ocultas en la casa aquella sabandija que les abandonaba. Kurt recuperó algunas y las vendió. Con lo que obtuvo compró su primera guitarra. Solo así puede nacer un poeta suicida.”

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Antes de apuntar contra su torturado cerebro, Kurt apuntó contra nosotros…Nirvana en Roma, apenas un mes antes del suicidio de Kurt…