“NEBRASKA”(ALEXANDER PAYNE; 2013)

 

 

 

 NEBRASKA

 

La última película de Alexander Payne, “Nebraska”, tiene un primer punto a su favor, el blanco y negro. Creo que de mis veinte películas favoritas de la historia del cine diecinueve son en blanco y negro. Perdón, miento, en “The searchers” y los dos primeras partes de “El Padrino” ya lucía el color. El blanco y negro de “Nebraska” tiene la limpieza y la transparencia del de “Toro salvaje”, el de “Luna de papel” o el de la melancólica “La última película”. Todas ellas coinciden en ser películas modernas en blanco y negro y en su tono crepuscular, como de últimas voluntades.

Nebraska es una crónica familiar sin querer serlo y, por supuesto, un viaje, físico y emocional, hacia un lugar, real o imaginado que el espectador a través de lo que se le va mostrando irá descubriendo. En lo que tiene de amaneceres y cielos nublados (en este caso en blanco y negro, espléndida la fotografía de Phedon Papamichael), podría ser hermana gemela de “Straight story”, la emotiva obra maestra de David Lynch. Ésta también es la historia crepuscular de un antihéroe, o más bien, un héroe silencioso, como también iremos descubriendo. El estilo antiépico se adivina ya en los andares patosos y desgarbados de un magnífico Bruce Dern, que hace aquí sin ambages de ningún tipo el papel de su vida. Los personajes de las películas de Payne suelen ser personajes desnortados

( como el Shmidt que clava el rutilante Míster Nicholson), o ciertamente desorientados ( como el maniático Giamatti de la espléndida “Entre copas”), pero terminan despertando una ternura que deriva de su verdad, de su autenticidad.

Nebraska también es un esplendoroso retrato de la pequeña América, la América petrificada de Moteles de carretera, de campos de pacas y vacas meláncolicas , drives in, polígonos industriales solitarios, bares de madera, y por supuesto, carreteras áridas y sin paisaje. Como áridas son las conversaciones de los lugareños, donde el tema estrella son los motores de los coches. Por cierto, la maravillosa banda sonora de Mark Horton acompaña a las mil maravillas ese paisaje o falta de paisaje. Se puede aspirar el sabor de la arena en movimiento y el olor de los tubos de escape. Me gusta el humor socarrón que destila, algo que junto a unos diálogos directos y perfectamente construidos hace que la película sea tremendamente cercana. Su estilo es seco y lejano a cualquier clase de gravedad. Aún así, tiene momentos que conmueven y que nos llevan  a la sonrisa con un trasfondo amargo de tristeza.

Nebraska es un ensayo universal sobre la condición humana, sobre lo que sabemos y lo que no sabemos de nuestros padres. Ese es el precio del viaje. Los momentos finales de la película me parecen de una sencillez y una emotividad que desarman. La sencillez de historia mínima pero máxima que va perdiendo el cine a medida que va siendo devorado por la artificialidad de una nueva industria trufada de pirotecnia y huérfana de contenidos. Las pequeñas historias de perdedores, de gente corriente, como el Ernest Borgnine de ·”Marty”, historias que son tan viejas como el cinematógrafo, y cuya tradición, gracias a Dios,  se sigue conservando  (pensemos en Carlos Sorín o en películas como “Mundo Grúa”, que por cierto comparte el blanco y negro). Películas en las que nos vemos o nos veremos  reflejados, porque cuentan historias tan viejas como, en este caso, el hombre.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 Les dejo un pedazo de la extraordinaria banda sonora original compuesta por Mark Horton, si no se ha vuelto loca la academia esta película debería estar entre las triunfadoras de este año, por muchas razones, entre ellas, su música, su fotográfía,  su guión, sus actuaciones…

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6 pensamientos en ““NEBRASKA”(ALEXANDER PAYNE; 2013)

    • Enorme película Señor Haworth, y como se que usted es un consumado fotógrafo, le llamarán la atención esas extensas panorámicas y ese estético blaco y negro. De la ladrona de libros no opino, pero tiene toda la pinta de sensiblería al uso. Saludos para usted y su familia.

  1. Atticus, que atractiva se ve esta película. Esta canción deberia ser el soundtrack de la vida, es infinitamente hermosa, me la imagino como el día a día, el tráfico, el caminar o el mirar por la ventana en algún medio de transporte, cualquiera.
    Un beso inmenso.

    • En tu comentario está encerrado tu espíritu poético, efectivamente con esta película se puede viajar, porque ese es el cine, y dentro del cine, las buenas bandas sonoras son las que te transportan a ese viaje, en este caso a la pequeña América que comentábamos, áspera y rotunda. Un beso enorme!

  2. Totalmente de acuerdo, Atticus. La música y la fotografía y el ritmo y la historia,… Los actores están fantásticos. Bruce Dern, como siempre, y Will Forte te hace sentirte en su piel. Es una peli de las grandes. Melancólica y optimista. A mí, fíjate, me ha dado por pensar que el anciano, al menos, sabía lo que quería. Casi siempre un millón de dolares no es suficiente: es mejor una camioneta de segunda mano y un compresor,… y un breve paseo por la calle mayor del pueblo.
    Bonito post. Abrazos!

    • Precioso comentario el tuyo, Pilar, sin duda has entendido el alma de la película como yo. El padre sabía perfectamente lo que quería, pese a las brumas de su mente, solo que la historia nos lo presenta metefóricamente. Gracias, celebro tu vuelta por Innisfree, se te echaba de menos, besos!

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