OJOS, TIGRES, GATOS

TIGRE

Dos ojos                                                            Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Dos  ojos llorosos                                              Jorge Fernández-Bermejo

Dos ojos llorosos como tristes                           Jorge Fernández

Dos ojos llorosos como tristes tigres                  Jorge

Dos ojos llorosos como tristes tigres enojados   Jor

                                                            Dos gatos enjaulados como tristes tigres enojados

                                                            Dos gatos enjaulados como tristes tigres

                                                            Dos gatos enjaulados como tristes

                                                            Dos gatos enjaulados

                                                            Dos gatos

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LUNEANDO LXIV: SAINT VINCENT

 

 SAINT VINCENT

 

SAINT VINCENT

 

Si, si, la protagonista del luneando de hoy es la bellísima Annie Clarck, artísticamente conocida como Saint Vincent. Annie tiene el honor de ser la primera música (el femenino de músico, no nos referimos al sustantivo, claro) que repite en nuestros luneandos, pero hoy es la primera vez que los visita sola, en las anteriores ediciones en las que apareció, dos genios, David Byrne (ese loco del pelo blanco, que pareciera el Andy Warhol del pop electrónico) y Andrew Byrd, la acompañaron.

Hoy nos plegamos con la realidad, nos sincronizamos con ella, pues traemos un disco que se publicará mañana, que gracias a las redes (algo bueno tienen) hemos podido escuchar ya, y que tiene por título Saint Vincent. Un disco esplendoroso, maravilloso de este nuevo ángel de la música electrónica. Aunque Annie es mucho más,  las ráfagas de su guitarra y la vehemencia de su voz de terciopelo lo dicen. Ante todo es ella misma, aunque a veces puedan surgir ciertas etiquetas. Quizás Bjorjk planea en algunos momentos, y por supuesto, la influencia de Byrne está presente en sus singles de lanzamiento, las refrescantes “Birth a reverse” y “Digital witness”, dos canciones llenas de músculo, de powerpop enérgico y elegante.

Ya decimos, es un disco eminentemente electrónico, donde el sintetizador manda. Pero también es rockero y en ocasiones tiene un delicioso tono espiritual , como en la canción elegida, con esos coros tan hermosos de fondo. “Prince Johnny”, sin duda, es la cumbre del disco, y una de las canciones donde más brilla la voz de Annie. Un disco al que le auguro mucha, mucha vida.

 

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

Hoy Atticus se viste de etiqueta y les ofrece esta joya a ritmo de pasarela…

 

 

LUNEANDO LXXIII: ERIC DOLPHY

                                                                         

 “LA FLAUTA MÁGICA”

                                                            Para María Lazcano, gracias por descubrirme esta maravilla

 

“Un gato maúlla tras la puerta, suena una flauta que trepa como una serpiente misteriosa embrujando con su canto untuoso y vibrante la atmósfera de hierro. No es la flauta mágica, la de Mozart, no, es la de Eric Dolphy, que toca en la calle 32, junto a la boca del metro, un día lluvioso en el que la noche está perezosa. Parece que mariposas doradas resbalaran y gimieran dentro del metal. Ha cesado de llover y la flauta mágica sigue palpitando de fiebre. Trae con su fiebre al sol de la mañana, ella es el sol en trance.”

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

ERIC DOLPHY

 

 ERIC DOLPHY

 

“You don’t know what love is”

 

 

Hoy traemos con todo merecimiento a un verdadero animal musical, en el buen sentido, el gran Eric Dolphy. Aún sigo cautivado por el sonido enigmático de su flauta, en una partitura y una interpretación donde creo que se unen la lectura clásica y la del jazz en uno. Sin duda la flauta es protagonista principal de la pieza elegida,“You don’t know what love is”, incluida en su último disco “Last date”. Pero este virtuoso del free jazz también tocaba el clarinete y el saxo alto. El jazz vuelve y por la puerta grande a los luneandos. Deléitense con esta verdadera delicatessen, y les aconsejo que lo hagan a fuego lento, sin prisas, déjense llevar por esa serpiente convertida en flauta que les transportará a escenarios reales o imaginados…

 

 

“NEBRASKA”(ALEXANDER PAYNE; 2013)

 

 

 

 NEBRASKA

 

La última película de Alexander Payne, “Nebraska”, tiene un primer punto a su favor, el blanco y negro. Creo que de mis veinte películas favoritas de la historia del cine diecinueve son en blanco y negro. Perdón, miento, en “The searchers” y los dos primeras partes de “El Padrino” ya lucía el color. El blanco y negro de “Nebraska” tiene la limpieza y la transparencia del de “Toro salvaje”, el de “Luna de papel” o el de la melancólica “La última película”. Todas ellas coinciden en ser películas modernas en blanco y negro y en su tono crepuscular, como de últimas voluntades.

Nebraska es una crónica familiar sin querer serlo y, por supuesto, un viaje, físico y emocional, hacia un lugar, real o imaginado que el espectador a través de lo que se le va mostrando irá descubriendo. En lo que tiene de amaneceres y cielos nublados (en este caso en blanco y negro, espléndida la fotografía de Phedon Papamichael), podría ser hermana gemela de “Straight story”, la emotiva obra maestra de David Lynch. Ésta también es la historia crepuscular de un antihéroe, o más bien, un héroe silencioso, como también iremos descubriendo. El estilo antiépico se adivina ya en los andares patosos y desgarbados de un magnífico Bruce Dern, que hace aquí sin ambages de ningún tipo el papel de su vida. Los personajes de las películas de Payne suelen ser personajes desnortados

( como el Shmidt que clava el rutilante Míster Nicholson), o ciertamente desorientados ( como el maniático Giamatti de la espléndida “Entre copas”), pero terminan despertando una ternura que deriva de su verdad, de su autenticidad.

Nebraska también es un esplendoroso retrato de la pequeña América, la América petrificada de Moteles de carretera, de campos de pacas y vacas meláncolicas , drives in, polígonos industriales solitarios, bares de madera, y por supuesto, carreteras áridas y sin paisaje. Como áridas son las conversaciones de los lugareños, donde el tema estrella son los motores de los coches. Por cierto, la maravillosa banda sonora de Mark Horton acompaña a las mil maravillas ese paisaje o falta de paisaje. Se puede aspirar el sabor de la arena en movimiento y el olor de los tubos de escape. Me gusta el humor socarrón que destila, algo que junto a unos diálogos directos y perfectamente construidos hace que la película sea tremendamente cercana. Su estilo es seco y lejano a cualquier clase de gravedad. Aún así, tiene momentos que conmueven y que nos llevan  a la sonrisa con un trasfondo amargo de tristeza.

Nebraska es un ensayo universal sobre la condición humana, sobre lo que sabemos y lo que no sabemos de nuestros padres. Ese es el precio del viaje. Los momentos finales de la película me parecen de una sencillez y una emotividad que desarman. La sencillez de historia mínima pero máxima que va perdiendo el cine a medida que va siendo devorado por la artificialidad de una nueva industria trufada de pirotecnia y huérfana de contenidos. Las pequeñas historias de perdedores, de gente corriente, como el Ernest Borgnine de ·”Marty”, historias que son tan viejas como el cinematógrafo, y cuya tradición, gracias a Dios,  se sigue conservando  (pensemos en Carlos Sorín o en películas como “Mundo Grúa”, que por cierto comparte el blanco y negro). Películas en las que nos vemos o nos veremos  reflejados, porque cuentan historias tan viejas como, en este caso, el hombre.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 Les dejo un pedazo de la extraordinaria banda sonora original compuesta por Mark Horton, si no se ha vuelto loca la academia esta película debería estar entre las triunfadoras de este año, por muchas razones, entre ellas, su música, su fotográfía,  su guión, sus actuaciones…

ÁRBOL MÁGICO


 

 

 

     

         ÁRBOL MÁGICO

 

                                                                                      Para Marlene, siempre

 Nuestro amor es un roble hermoso, y poético, y prosaico, resistente a la furia de las nubes, a la mala baba del viento impetuoso, que a veces, solo a veces, se lleva un brote fresco. Es una  herida leve que no es ni muesca ni astilla, de la que no sale savia y que se pierde en el olvido de la lluvia. Cicatriza con la música de tus besos, con tus dulzuras, con nuestras ilusiones y nuestros sueños compartidos. La lluvia son los días, son nuestros días, la lluvia es la distancia pero también el encuentro, porque, como la lluvia de Kerouac, une todas las cosas de este mundo y las convierte en ti y en mi y nos envuelve en una borrasca circular y luminosa y verde, como la aurora boreal. Verde esperanza como el de los días, como el de la lluvia. Y así acaba el círculo.

Nuestro roble mágico, el tuyo y el mío, tiene sus raíces dentadas, y aferradas a las entrañas de la tierra, firmes y duras, pero también abismadas en los cielos, allí tienen su patria sin rebordes ni fronteras.

Nuestro roble mágico se impone enhiesto y grandilocuente y majestuoso a la pequeñez del tiempo, a su insignificancia, a su brevedad raquítica, y es la casa  en la que duermen nuestras almas.

 Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

 

 

 

LUNEANDO LXXII: DEAN WAREHAM


 

 

 

 

 

 WAREHAM

“Love is colder than dead”

 

 

Hoy definitivamente encendemos la gramola en los luneandos, abandonando las crónicas sesudas y extensas de los viejos tiempos. Atticus también ha de poner lavadoras, lavavajillas, cocinar y demás tareas domésticas. Pero ello no afectará a la calidad de las propuestas seleccionadas. Simplemente nos centraremos más en la canción, y la referencia al autor será más breve. Atticus no quiere cansarles, o mejor dicho aunque quisiera, no dispone de tiempo material para ello. Hoy el tema elegido lo escuchamos en las postrimerías del 2013. Un tema que nos gusta desde el principio. Si, si, desde ese escalofriante y algo aterrador título, que no es precisamente de cuento de hadas.

Su autor, Dean Wareham, formó parte de Galaxy 500 y siempre se ha movido en los predios de la música independiente. A nosotros nos parece que tiene una voz cálida y lluviosa a la vez, y como la lluvia llega a Innisfree. Les dejo con esta bonita canción, que tiene una cadencia irresistible (estoy seguro de que la escucharán más de una vez) . Prometanme no tomársela muy a pecho, y besen apasionadamente a sus parejas  (o a sus mascotas, ¡yo qué se!) después de escucharla.

 

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

 

 

 

LUNEANDO LXXI: RICHARD HAWLEY


 

 

 

 

 

 RICHARD HAWLEY

 

 

   (Wading Through) The Waters of my time/Tonight the streets are ours

 

 

“Si no es nueva, pero no envejece, es una canción folk”, lo dice Lewyn Davis, el desdichado músico protagonista de la última película de los hermanos Coen, una película amarga pero muy recomendable. No es que traigamos ni una canción ni un artista folk a nuestros luneandos, es que esta frase creemos que confirma que por muchos sintetizadores y demás inventos del demonio, la música, la buena música se limita a un tipo con una guitarra subido a un escenario. Esa es la prueba de fuego que separa a los grandes de las eternas promesas. El cigarro es opcional; un puñado de chupatintas se han encargado de sacarlo de la escena (díganme, qué hubiera hecho Eugenio, seguramente cortarse las venas). Quizás por este concepto que tengo del verdadero artista, me gusta más la carne tirando a cruda, la tinta escrita en papel y el cine subtitulado y en butaca.

No nos vayamos por las ramas, el luneando de hoy está dedicado a la figura del “crooner”, esos cantantes maravillosos que han paseado preciosas baladas por todos los antros habidos y por haber. Si van a la wikipedia, este oráculo digital los define como “ciertos cantantes masculinos que interpretan cierto tipo de canción popular clásica, un género que en Norteamérica se conoce como traditional pop o pop standards”. La palabra crooner es de origen anglosajón y procede de “trovador”. Los ejemplos más emblemáticos y sofisticados, sin duda, Frank Sinatra o Bing Crosby. Quizás, Elvis está por encima de ésta y de otras etiquetas.

Pues respondiendo a ese carisma, y como representante de todos los crooners de este mundo, traemos a Richard Hawley, sin duda un gran tipo. Un gafotas con cara de despistado (un poco a lo Milhouse), como Atticus, que siente una gran debilidad por su cálida voz y sus emotivas canciones. De origen humilde, nació en el seno de una familia de músicos y se fue abriendo paso en la escena musical de la lluviosa Sheffield. Dio su gran paso convirtiéndose en guitarrista del grupo Pulp, pero su voz no podía permanecer silenciada por la de Jarvis, claro, e inició la aventura en solitario. Ya son seis sus discos, pero yo me detendré en dos, “Coles corner” (2005), y “Lady’s bridge”(2007). No me podría quedar con uno de ellos, los sigo escuchando fascinado durante años. El primero de ellos rezuma melancolía desde la portada, con el bueno de Richard plantado con su ramo de flores en la puerta del “Coles Corner”. Es un álbum lluvioso, como Sheffield, ciudad de la que repasa muchos de sus rincones. “Just like a rain”, incluida en este álbum fue la primera canción que escuché de Hawley. Y luego está “Lady’s bridge”, un disco elegante donde los haya, con subidas y bajadas, canciones tristes y alegres, dulces y amargas. Algunos le han puesto la etiqueta de nuevo Roy Orbison, porque no, a mi personalmente no me gustan las etiquetas. Lo que si está claro es que personaliza una forma de hacer música que no tiene época, tan vieja como aquellos trovadores que paseaban su guitarra y su tristeza por el mundo.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

Como muestra del “Coles corner”, y de su ampulosa voz,“(Wading Through)the Waters of my time” , que suena a clásico,acompañada de un bonito vídeo…

 

 

Y del “Lady’s bridge”, probablemente su canción más famosa, “Tonight the streets are ours”, que hace poco Carmona bautizaba como la canción más bonita del mundo, no iba desencaminado…