LUNEANDO XLV: “THE DOORS”

 

 

 

 

 

THE DOORS

 

 

 

“Light my fire”

 

 

A principios de la semana pasada despedíamos al teclista y alma fundadora del mítico grupo “The Doors”, Ray Manzareck. Bueno, teclista y bajo, porque también cumplía esa función en el grupo. Ray conoció a Jim, en una academia de cine de California, leyó sus textos y pensó que podrían llegar a algún sitio, los Doors habían nacido. Al barco se unieron luego, Robby Krieger, a la guitarra y John Demsmore a las baquetas.

No es que vayamos a convertir esta sección, los luneandos ( que hoy es “luneandoors”, siento el chiste fácil), en un obituario, es solo que hace tiempo tenía ganas de traer a los Doors, y escuché la muerte de Ray. Y porqué quería sacar a este grupo. Pues porque fue el grupo que acompañó a mi acné, cuando mi mejor amigo, otro loco por la música, me grabó sus vinilos en cintas de cromo. Ahí se abrieron mis puertas de la percepción. Recuerdo el “Soft parade”, el “ The Doors”, el “People strange”, los de última época, más denostados pero que a mi me flipaban, el “L.A. woman”, o el “Morrison hotel”. Éste último tiene un toque blusero que me encanta, y el “L.A. woman” atesora una  gema extraña y terrosa que es  “riders on the storm”. Ojo, cuando hablo de última época, me refiero siempre a la época en la que Jim vivía, la etapa post-Morrison existe, pero Atticus la pasó llorando su pérdida en una tumba lluviosa de Paris.

 Recuerdo también con mucho cariño como nos juntábamos para ver en VHS vídeos de los Doors, y Jim era nuestro héroe. Sobre todo me viene a la cabeza el “Spanish caravan”, un tema de una riqueza y una exhuberancia tremenda. Y se me olvidaba el “Waiting for the sun”, ¡qué memoria, por Dios!

Siempre se habla del paso efímero de este grupo por la historia del rock, sobre todo debido a la muerte prematura de ese “cadáver bonito” llamado Jim Morrison, otro socio del “club de los veintisiete”, líder persuasivo, carismático, con gran pulsión sexual, desesperante y genial a partes iguales, que en el fondo creemos que fue un gran incomprendido. Efímero o no, su paso es necesario para comprender la historia del rock. Esto lo digo porque no se trata de una banda al uso, y no me refiero solo a su rebeldía. Sus canciones, sus letras, su postura crítica, estética y artística les situaron en un lugar alejado del resto de grupos de la época (léanse los Byrds, The Who, los Beach boys, por poner varios ejemplos). Hace poco luneábamos con otro grupo, la Velvet, que quizás junto a the Doors fueron los grandes rompedores de moldes en el mundo del rock. Ambos representarían un salto cualitativo de altura. Algunos citarían a las satánicas majestades en este apartado, o a otros grupos relacionados con la psicodelia como Pink Floyd o Jefferson Airplanes, lo dejamos para las sesudas enciclopedias del rock.

 Precisamente, en esta línea de considerar que “the doors” trascendían la línea de la banda de rock al uso, el órgano de Ray Manzarteck creemos que es el culpable de llevar al grupo al terreno y a las cadencias del jazz modal que en aquellos momentos imperaba de la mano de artistas como John Coltrane.

Insisto que , en todo momento nos referimos a la “época Jim Morrison”, porque sabemos que aquí también hubo vida después de la muerte, como en las sagradas escrituras, pero Atticus no la conoce.

En cuanto a temas, se me ocurren mil: “Alabama song”, “Roadhouse blues”, “Unknow soldier”, “People stranger”, “Love me two tiemes”, “Waiting for the sun”,  “The end”, “Breack on throught to the other side”, “Rider son the storm”, el capricho hispánico citado, “Spanish caravan”,  ¿quieren más? Pero hemos elegido en honor a Ray, un tema muy popular de la banda en el que brilla el órgano, “Light my fire”. Quién no haya gritado alguna vez en la ducha “Come on baby light my fire” con la ducha de micrófono no ha tenido una adolescencia decente. Si lo ha hecho acompañado en la ducha, es que es un fenómeno…

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Nos encanta este vídeo, porque en él brillan todos entre pausas y frenesís varios. El omnipresente órgano de Ray, la potente voz de Jim, las baquetas de John, y los cálidos guitarreos de Robby. Estamos en 1968, vivan por siempre, ¡THE DOORS!…

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7 pensamientos en “LUNEANDO XLV: “THE DOORS”

  1. Qué pena que se asociase a esta banda con las excentricidades, drogas, poesias y demás. Mi opinión es que se trata una de las mejores bandas que he oido nunca, por sus originales canciones y ritmos, por sus letras y sobretodo por la voz de su cantante que es lo verdaderamente destacable. Para mi es la mejor voz de la música rock con una profundidad que te impide escuchar por escuchar sus canciones y te obligan a poner toda tu atención en las melodías.Repito, que pena que todo lo demás haya, en algún momento, podido ecilpsar a este gran grupo.
    Un saludo,

    • Qué puedo añadir, totalmente de acuerdo, los grandes ganan por lo principal, por la música. Y la magnitud de la voz de Jim es incontestable, lástima que lleve tantos años en Paris debajo de la tierra.

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