MATADORA:LA VACA DE BAKUNIN(III)

matadora

                                                                                                                        Julio Martín

 

Se reunieron por la noche, al amparo de la luna, después de cenar su ramplona ración de forraje. Unas temporadas consistía en una mezcla de grano y heno de alfalfa, y otras  granos de maíz, heno y cebada.

Era primavera y las vacas “pensantes” del grupo rumiaban en corro al aire libre. Allí estaba Aurelia, también Bailarina, y la escéptica Alberta. Cerraba el grupo vacuno Claudia, que era la mayor de la manada, cuyos ojos medían su resignación y su miedo hacia los planes de la audaz Matadora.

“Esto es insostenible a la larga, George escatima en nuestros alimentos, y nos exige demasiada leche para las parcas raciones de forraje que comemos” Arengaba  Matadora.

“Pero, Georges no se ha portado mal con nosotras, tenemos un techo bajo el que cobijarnos, forraje diario y él nunca nos maltrató”, replicaba Aurelia con su elocuencia acostumbrada. Matadora estaba con los ojos ardiendo, casi podían hablar entre las llamas: “¡Ves!, esa es la actitud sumisa que el hombre quiere de nosotros. Tú, Aurelia, eres el ejemplo del antiguo régimen, del conformismo cerval y patológico, las nuevas generaciones, las jóvenes vacas lecheras de este mundo hemos de remover nuestro destino, hemos de acoger los valores de la nueva aurora revolucionaria que nos libere de los grilletes burgueses.”

Bailarina seguía el discurso de Matadora con sus dos ojos abiertos como platos, cuando terció Alberta, la práctica del grupo: “Tu palabrería a veces es tan indigesta como la nocturna ración de forraje, ¿cuál es tu plan?”.

“Te agradezco que me lo preguntas, Alberta.” respiró aliviada Matadora, y prosiguió: “Veréis, yo soy consciente de que Georges no ha sido mal patrón para nosotras, reconozco las razones que aducíais, nos da pan y techo, y jamás ha levantado la mano contra ninguna de nosotras. Soy consciente de que tiene dos hijas y una mujer, pero no puede ser un obstáculo a nuestros sagrados fines.”

“Concreta, Matadora, concreta” apremió Aurelia.

Matadora tomaba aliento porque lo que estaba a punto de escupir seguro que iba a poner los pelos de punta a sus compañeras. Comenzó suavemente: “Si, iré al grano, ¿os acordáis de nuestra amiga Marciana?”

Las demás vacas asintieron. Y Matadora prosiguió con su discurso. “¿Dónde creéis que descansa Marciana?, acaso en alguna pradera feliz, rodeada de sus hijos y de sabrosa hierba”.

Claudia intervino temerosa: “Marciana está en la residencia, allí es dónde nos llevan cuando dejamos de producir, es nuestro retiro.”

“¡Por Dios!, no entiendo como una vaca racional como tú puede tragarse este bulo” Replicó Matadora, que retomó con dureza sus palabras: “Marciana acabó en la barriga de algún niño de ese mundo civilizado que nos explota. Seguro que sería la carne de la hamburguesa del cumpleaños de ese niño, ¡tenéis que abrir los ojos!”

Y tanto que los abrieron, los de Claudia estaban abiertos como platos, sentía que se acercaba a la edad de Marciana, y sus ubres ya no eran las de antes.

“Cuántos años tenía Marciana, ¿cinco?, ¿acaso seis?, no se si me entiendes, Claudia, nosotras tenemos aún plazo, pero tú tienes cinco y se acerca tu final, perdona que sea dura.” Continuó cruel Matadora. Era cruel, pero tenía que serlo para convencer a sus camaradas.

“¡No, eso no es verdad, no puede ser verdad!” gritó entre sollozos Claudia. Las demás vacas estaban impertérritas esperando que Matadora siguiera con su demoledor discurso.

“Somos carne de matadero, compañeras. Desde que llegamos aquí hemos ido desapareciendo poco a poco, abrir los ojos. Y lo de que Georges ha sido buen patrón es cuestionable. Si separarnos de nuestros hijos recién nacidos es ser buen patrón, si inseminarnos constantemente para que sigamos produciendo leche es ser buen patrón, si inyectarnos hormonas y antibióticos y tranquilizantes es ser buen patrón. Queréis que siga.”

Las vacas estaban con la boca abierta, no tenían palabras con las que replicar las arengas de Matadora cuya elocuencia la hacía cada vez más gigantesca. “Habéis estado dormidas, narcotizadas por esas inyecciones. Incluso yo he caído a veces en la dulzura ponzoñosa de ese veneno que gradualmente nos administraban y que torturaba nuestro entendimiento.” Como era de esperar, Aurelia tomo el dominio de la cuestión y fue directa: “¿Cuál es el plan?”

Matadora estaba ufana, había metido en las cabezas de sus compañeras su ardor revolucionario. “Muy bien, la idea es que la mañana que decidamos, inmovilicemos a George, de tal forma que podamos escaparnos sin que a él le de tiempo de volver a atraparnos. Cómo os dije yo no quiero dañar a George, pero se hará lo que se tenga que hacer. Cada mañana comienza a conectar la ordeñadora, y siempre las primeras ubres en probarla son las de Bailarina. Pues bien, cuando así lo haga lo rodearemos entre todas y lo tiraremos, le intimidaremos en el suelo a base de mugidos. Una vez en el suelo, emplearemos la cuerda que hay junto a la puerta para atarle e inmovilizarle, utilizaremos nuestros dientes y nuestras pezuñas, entre todas podremos. Luego le meteremos un trapo en la boca para que no pueda gritar, hay varios en el establo. Dos de nosotras, lo elegiremos a suertes, secundarán nuestra huida, se quedarán un tiempo para comprobar que el plan funciona. Nos sometemos a que no escuche nada su mujer, siempre hay riesgos, pero si es necesario dañar a alguien, se hará.” “Y luego, ¿Qué?”, preguntó Alberta.

“Pues luego, las dos vacas rezagadas partirán en nuestra búsqueda. Dejarán cerrado el establo para cubrir nuestra huida, tarde o temprano la mujer de George irá a su encuentro porque se extrañará de su ausencia. Nos reuniremos todas en una granja amiga de Santander, allí tengo varias seguidoras, la idea es propagar nuestro mensaje y hacer recapacitar al hombre. Seguiremos nuestra marcha hasta Cataluña, y luego hasta Francia. Esta marcha revolucionaria debe florecer como las margaritas, como las amapolas, por eso hemos elegido la primavera para iniciarla, el campo estará lleno de hierba y de pastos que nos alimenten.” Matadora tomó aliento, e intervino Claudia: “Entonces, la idea es reclutar a más vacas para expandir nuestro mensaje, pero dónde concluirá nuestra marcha revolucionaria.”

“¡Exacto Claudia!, veo la luz de la razón en el fondo de tus ojos.” Matadora notaba que sus palabras seducían a la vaca vieja y prosiguió: “Terminaremos en Moscú, amigas, en la madre Rusia, será un peregrinar duro, pero el final de ese camino debe ser nuestra inspiración.”

Todas se miraron entre si, como en un sordo asentimiento, y enfilaron hacia el establo, antes de hacerlo, Matadora mugió con dureza: “Mañana será el día.”

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

( Continuará…)

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8 pensamientos en “MATADORA:LA VACA DE BAKUNIN(III)

  1. Me fascina Matadora, debo confesar que me impresiona su deseo de ir a parar a Rusia… simplemente emocionante: tengo ganas de saber mas!
    Es como si uno fuera el espectador y parte del grupo de protesta!!
    Un gran abrazo y un beso desde el otro extremo del Atlantico.

  2. Bueno, bueno, la cosa se está poniendo interesante. ¿Triunfará la rebelión vacuna? ¿Será aplastada inmisericordimente por George? ¿Hay vida inteligente en la Tierra?

    PD: Magnífica elección del vídeo, ains, que recuerdos de juventud …

    • Solo puedo contestar a una de tus preguntas, amigo Joseph, efectivamente fue antes la gallina que el huevo,…, ay, HouseMartins, de los que ya no quedan, la elegancia personificada.

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