MATADORA: LA VACA DE BAKUNIN (II)

matadora

                                                                                                                     Julio Martín

Era una vaca marxista-leninista, creía ciegamente que los medios de producción no debían estar en manos de los granjeros, “la leche para quien la produce”, gritaba inflamada. El resto de camaradas vacunas contestaban con mugidos desabridos y llenos de pasión.

“insumisión, rebelión, abolición de la propiedad, ¡abolición de la opresión!”. Los gritos revolucionarios hacían estallar aún más el crepúsculo incendiado color naranja que se cocía afuera del establo. Era el espectáculo del sol matutino sobre la tierra. Faltaba poco para que George las visitara. Entretanto, éste bebía su tazón de leche caliente y se comía su tostada de pan con mantequilla, mientras se calzaba las botas de faena.

“Pero, habrá que tejer algún plan”, imprecaba Bailarina, la vaca coqueta del grupo, aunque dotada de gran inteligencia vacuna. “Si, camaradas, yo ya pensé en ese plan para conseguir librarnos del yugo opresor del granjero, solo será el primer paso, la primera granja para conseguir la libertad de todas las granjas, de todas las vacas.”, volvía a tomar el mugido cantante Matadora.

“Si, pero, ¿En qué consiste tu plan?, explícanoslo’”, argumentaba, Aurelia, la vaca consecuente del grupo. El resto de camaradas sentían las palabras grandilocuentes de Matadora, pero buscaban hechos, acciones subversivas concretas.

“Es verdad, mi lengua se abisma en sueños, pero primero hay que medir las realidades.”

Contestó la vaca líder. “He pensado mucho en ello. Veréis, nosotras somos doce, y debería ser fácil dejar KO a George, pero sin dañarlo, tiene dos hijas y una mujer, lo lamentarían. No somos asesinas, simplemente queremos un futuro mejor para nosotras y para nuestros hijos.”

“He trazado un plan, por el que liberarnos de George. Hemos de hacernos notar, no podemos quedarnos rumiando nuestra indignación y con las patas cruzadas. El camino será duro, y puede que la sangre nos conduzca al camino de la libertad. ¡Si necesitamos la violencia, haremos uso de ella!, pero solo si es indispensable.”

“¡Siiii!!”, mugieron todas las vacas al unísono, bajo un ánimo común de rebelión. Pero surgió el mugido de Alberta, la vaca escéptica, que musitó levemente: “Si, grandes palabras, pero queremos conocer el plan.” Sus tono era escéptico pero elocuente, y se creaó un silencio denso y pesado.

Matadora retomó su discurso “Amigas, estoy deseando compartir con vosotras mi plan, pero creo que Georges está por llegar, mañana será otro día”, apostilló. Todas asintieron ante la coherencia  de Matadora.

De repente, alguien desatrancó la puerta y se oyeron los pasos imprecisos del bueno de George. Efectivamente, mañana sería otro día… ( continuará)

 Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

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