LUNEANDO XLI: LED ZEPPELIN

 

 

 

 

 

 

 LED ZÉPPELIN EN ACCIÓN

 

 

 

“What is & what should never be”

 

 

 

En el  último luneando  comenzamos con los grupos XL, por su tamaño, por su calidad. El primero fue la Velvet. Conocíamos ya el terciopelo escocés de Belle & Sebastian y compañía (recuerdan esa maravilla llamada “Perfection it’s a hipster”, que aunaba a Stuart Murdoch y a Neil Hannon), pero el terciopelo underground también nos hace cosquillas. Tendemos hacia la L  nada menos, y aquí no puede salir cualquiera.

Cuando comentamos la alineación titular del Led Zeppelin a cualquier loco por la música se le puede caer la lagrimita: Robert Plant, Jimmy Page , John Paul Jones y John Bonham (batería y  único miembro desaparecido),¿quién da más? Ellos, son responsables de destrozar la melodía, la narrativa de la música popular a base de guitarreos vertiginosos, de dentelladas elípticas, de distorsión, de psicodelia, para así ensanchar nuestras mentes, nuestra percepción, nuestros sentidos. Su propuesta era un rock visceral sin ambages, la desconexión de nuestras neuronas, el encuentro con las sensaciones, con lo salvaje.

Perdónenme los colegas heavys, pero siempre me irritó por simplista la etiqueta de este grupazo como  “grupo heavy” (y Atticus no tiene nada en contra de este movimiento, a su dieciséis su grupo favorito era Iron Maiden, y su ídolo Steve Harris), sería como clasificar a Groucho Marx como un tipo que contaba chistes.

No, señores, estamos ante unos enormes músicos que han rozado el folk, la psicodelia, el blues (recuerdan “Bring it on home”), el rock en todas sus capas, e incluso el reggae, si no, revisen el “House of Holly”. Otra de sus canciones bandera, la insufriblemente versioneada “Stairway to heaven” es una lacerante y emotiva balada que para Atticus( en un comentario que seguro creará polémica) está sobrevalorada. Además, en cuanto a baladas, se queda con “Tangerine” o con el “That’s the way”, con los ojos cerrados.

Aunque a Atticus le hierve la sangre cuando vuelve a escuchar sus canciones rápidas, las más rockeras, “Whole Lotta love”, “Rock’n’roll” o “Black dog” y es que Robert Plant más allá de su pose era un espectáculo como vocalista, con una potencia y un carisma que le acercan a las grandes voces del rock (Jim Morrison, Janis Joplin o Roger Daltrey).

Este Luneando  ya venía dando vueltas en la cabeza de Atticus desde que vio en la 2 la pasada navidad el concierto que ofreció el grupo en 2007 en la sala O2 de Londres. Allí repasaron todos los clásicos, y allí estaban casi todos, solo faltaba John Bonham, sustituido por su hijo en las baquetas.

Cuando revisamos los éxitos de Led Zeppelin para escoger una canción, nos da vértigo. En principio pensamos en “Kashmir”, canción rodeada de un tono enigmático, psicodélico. Curiosamente es la canción favorita de Plant, que escribió la letra mientras viajaba ( físicamente, no sean mal pensados) por el Sahara, aunque aluda a Cachemira, región limítrofe entre la India y Pakistan. También pensamos en ese “viaje” que es “Going to California” ( que Pearl Jam retomaría en su excepcional “Given to fly”).  Luego nos reencontramos con esa maravilla llamada “Overs the hills and far away”, una canción que es un ejemplo de progresión.

“Misty monuntain hop” nos encanta y bien podría ser la canción tipo de Led Zeppelin. Pero, finalmente y traicionando la línea editorial de “the way to Innisfree”, nos sedujo la actualidad. Porqué digo esto. Porque un asiduo a las salas de cine como es Atticus curvó su boca en forma de sonrisa incondicional cuando comprobó que una de sus canciones favoritas, “What is & what should never be”(título y letra que van muy bien con la película) formaba parte de la B.S.O. de la divertida y diferente “El lado bueno de las cosas”, en un detalle de lucidez por parte de su director David O.  Russel, que demuestra que formaciones como Led Zeppelin siguen vigentes y que las nuevas generaciones tienen buen gusto. Es una canción que nos recuerda con ansias esa juventud en la que ardíamos con Led Zeppelin, y es cierto, que un rastro de las cenizas aún quedan. Esa voz distorsionada de Plant que pareciera que flotara dentro del riff inicial, esos guitarreos salvajes de Jimmy, y ese ambiente como de resaca que transmite el tema nos siguen cautivando.

   Pues nada, abstráiganse de lo tangible, floten en un mundo de percepciones aún inéditas en su vida, como en aquellas famosas orgías que se montaban los británicos, pero sin valerse de sustancias extrañas, basta con la música…

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Señores, palabras mayores, Led Zeppelin en directo…

 

Aquí tienen la letra  original y en castellano…

 

And if I say to you tomorrow,
“take my hand, child, come with me.”
It’s to a castle I will take you
where what’s to be, they say will be.
Chorus:
Catch the wind, see us spin,
Sail away, leave the day,
way up high in the sky.
But the wind won’t blow,
you really shouldn’t go.
It only goes to show
that you will be mine,
by takin’ our time.
And if you say to me tomorrow,
“oh, what fun it all would be.”
Then what’s to stop us, pretty baby,
but what is and what should never be?
Repeat chorus Al estribillo
So if you wake up with the sunrise
and all your dreams are still as new,
and happiness is what you need so bad,
girl, the answer lies with you, yeah.
Repeat chorus
Oh, the wind won’t blow
and we really shouldn’t go
and it only goes to show.
Catch the wind, we’re gonna see us spin.
We’re gonna sail, little girl.
My, my, my, my, my, my, yeah
Everybody I know seems to know me well,
but they’re never gonna know
that I move like hell.

Lo que Es y lo que Nunca Debería Ser

Y si mañana te dijera:
«coge mi mano, niña, ven conmigo».
Te llevaré a un castillo
donde dicen que lo que ha de ser, será.
Estribillo:
Aprovechemos el viento, veámonos girar,
hagámonos a la mar, despidámonos del día,
allá arriba en el cielo.
Pero el viento no soplará,
en serio, no deberías ir.Está demostrado
que serás mía
tomándonos el tiempo necesario.
Y si mañana me dijeras:
«Oh, qué divertido sería».
Entonces ¿qué nos puede detener, preciosa,
sino lo que es y lo que nunca debería ser?
Así que si te despiertas al amanecer
y tus sueños siguen estando frescos,
y la felicidad es lo que tanto necesitas,
chica, tú tienes la respuesta, sí.
Oh, el viento no soplará
y, en serio, no deberíamos ir
y eso está demostrado.
Aprovechemos el viento, vamos a vernos girar.
Vamos a navegar, chiquilla.
Uy, uy, uy, uy, uy, uy, sí.
Todos mis conocidos parecen conocerme bien,
pero nunca sabrán
que me muevo mucho.

 

“DUBLINESES” ( “THE DEAD”, LOS MUERTOS, JOHN HUSTON;1987)

 

 joyce                                                                                                                john huston

 

 

                                    John Huston

James Joyce

El otro día celebrábamos San Patricio, día de Innisfree, hoy celebramos San Jorge, el santo de un fiel colaborador de Atticus, el que transcribe sus sueños. Por supuesto, en un paraje donde nos gustan tanto los libros celebramos con ardor el “día del libro”, y lo utilizamos como pretexto para recordar una película y un libro, o más bien, un relato corto y una película.

Nos referimos a “Los muertos”, cuento contenido en la obra “Dublineses” de James Joyce, y escogido por John Huston para despedirse del mundo.

Gracias a la 2 de televisión española Atticus ha tenido el placer de revisar esta película. Y realmente ha sido muy agradable, porque quizás supone el encuentro más gozoso de literatura y cine dentro de la historia. Nunca ambas artes estuvieron tan aunadas, tan anudadas. Desde el comienzo, un tono crepuscular envuelve a la obra. Asistimos a la cena de Epifanía de las hermanas Morkan, y una espuma de camaradería irlandesa, de humanidad universal nos embarga, y nos hace sentir como un invitado más a la cena.

El tiempo es como de algodón, son sedosos los travellings que recorren las caras, las expresiones  de los comensales. También aquel que se detiene en las habitaciones de las hermanas Morkan, y ausculta distintos objetos. Es un plano lleno de emotividad que comentaremos más adelante.

Sin duda, la película nos ofrece una interesante confrontación entre dos gigantes: El detallismo histérico de un esteta como James Joyce frente al nervio narrativo que caracterizó siempre a Huston. Pero ese nervio narrativo queda aquietado en las postrimerías por un temblor lírico, casi místico, que podría trasladarnos a creadores del cine oriental como Ozu o el Kurosawa de “Ikiru”, e incluso resucita ( nunca mejor dicho) la forma de hacer de Dreyer.

Es la última  película, el último suspiro de ese hombre recio, terco y amante de la vida y de la aventura llamado John Huston. Ese boxeador metido a cineasta ( creo que “Fat City” es la película más auténtica y cariñosa sobre el mundo del boxeo que jamás se haya hecho), ese eterno vividor con cara de canalla que antes de dejar de respirar nos legó este hermoso testimonio y testamento.

Hablábamos del tono crepuscular, también de la melancolía. Una melancolía que encierra un aire fantasmal y telúrico. La nieve, como la memoria, cae parsimoniosamente fuera de la casa. El calor del hogar, el gusto por el arte, la sensación de pérdida, de tiempo perdido (muy a lo “Tío Vania”), la extraña sensualidad de los objetos, de las presencias y de las ausencias, y de cómo los objetos nos evocan a los sujetos.

Joyce, y su trasunto cinematográfico aquí, Huston, provocan nuestra reflexión sobre el pasado y el presente, sobre nuestra presencia, o más bien, sobre nuestra trascendencia. Quizás lo que más sorprende es que no hay ni un gramo de religión en esta obra, pese a los temas que plantea. Solamente en el aspecto institucional eclesiástico, claro, estamos en Irlanda.

Retomamos la escena en la que la hermana mayor de las hermanas Morkan canta “Ataviada para la boda”, mientras la cámara recorre en travelling la alcoba, las costuras, las antiguas fotografías familiares, es decir, la memoria perpetuada y capturada, las sombras del pasado, todo lo que fluye en el aire.

Ésta es una escena que nos recuerda poderosamente a aquella otra de “El sabor del sake” de nuestro adorado Ozu ( curiosamente también fue su última película), en la que después de casarse la hija, varios planos contemplan las distintas estancias de la casa con un emotivo acompañamiento musical.

Volvemos a Irlanda. Las miradas lacrimosas y extraviadas de las hermanas evidencia la nostalgia por un pasado perdido e interrogan sobre el hecho de si han (hemos) sido trascendentes en su (nuestra) vida, si ha servido para algo nuestro paso por la misma.

Y, por supuesto, está el tema del amor como lazo común de los seres humanos ante la soledad de la muerte que se revela en el doloroso recuerdo de la Señora Conroy, interpretada de forma delicada por la carismática Angelica Huston. Ese recuerdo nos dice que el amor es una sombra fugaz, que sin embargo permanece en nuestra memoria.

No quiero terminar la crónica sin mencionar dos películas de las que siempre me acuerdo cuando veo “Dublineses”, por ese aspecto telúrico, espectral que hemos aludido ( como verán esto ya deriva de la enfermedad de ver cine que Atticus padece desde su nacimiento). Éstas películas son la injustamente olvidada “Sinfonía de la vida” adaptación del clásico americano “Nuestra ciudad” a cargo de Sam Wood, y sobre todo,  “Ordet”, del maestro Dreyer. En todas ellas los personajes parece que pasean como fantasmas, como títeres o muñecos de trapo, en el santo teatro de guiñol que es la vida, y todo acaba pareciendo una cortina de humo. Al final uno acaba con la extraña sensación de dudar si realmente se ha producido la cena o solo está en la mente de los ocupantes del hotel, los Conroy. ¿Acaso fue un sueño? En definitiva, una película de una profundidad lacerante, que cala nuestras almas silenciosamente, como los copos que caen parsimoniosos tras las ventanas de la casa de las hermanas Morkan.

 

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

Solo podíamos traer aquí la escena final del monólogo interior del señor Conroy detrás de la ventana tras la que caen los copos de nieve. Perfecta ecuación visual del “tempus fugit”, de lo pasajero de nuestra existencia. Finalmente quiero dedicarle esta crónica y esta escena a todos mis muertos, porque siempre estarán ahí , en los círculos del aire…

 

“Uno tras otro todos seremos sombras…la nieve cae. Cae en ese silencioso cementerio en el que yace Michael Furey. Cae débilmente sobre el universo, y cae débilmente, como el descenso de su último final, sobre todos los vivos y los muertos.”

 

 

 

LUNEANDO XL: VELVET UNDERGROUND

 

 

 

 

 

 

 VELVET&WARHOL

 

 

“Pale blue eyes”

 

 

Ha llegado la hora de hablar de la Velvet. Y es perfecto que haya coincidido con la edición XL de Luneando, porque el grupo de hoy tiene al menos ese tamaño. La Velvet es algo  más que un grupo musical. Es la derivada musical de un macroproyecto cultural, artístico, ontológico llamado la “Factory”, de Andy Warhol. En sus sólidos y ambiciosos presupuestos ideológicos se asienta. Estamos hablando de Nueva York, años sesenta y de cultura underground, de experimentación.

Y, musicalmente, supuso la unión de dos genios: Lou Reed, en la época en la que coqueteó con la heroína y con la muerte ( recordar ese latigazo que es el “Heroin”), y John Cale. Hace ya bastantes años ambos unieron fuerzas en aquel “Songs for Drella” homenajeando a ese profeta pop de pelo blanco que fue su padre artístico.

Después de esta época underground, brillaron en sus carreras individuales (fabuloso el “Paris” de Cale, o el “Rock’n’roll animal” de Reed). Podríamos aburrir hablando de experimentación, de búsqueda de fronteras artísticas, de libertad creativa, del amor y de la muerte, pero nos limitamos a pinchar nuestra canción preferida de la Velvet, un grupo que ha dejado una huella imborrable en la historia de la música.

Le concederemos  aquel “minuto de gloria” del que hablaba Warhol a la dulce voz de Nico, la “femme fatal” del grupo, colaboradora eventual, aunque la canción seleccionada la canta el gran Lou.

Podría haber sido “I’m waiting for the man” ( con ese ritmo machacón que embelesa desde el primer segundo),  “Venus in furs”( pura distorsión), o la mencionada periféricamente “femme fatale”. También podríamos haber elegido “White Light/White heat” o la fabulosa “All tomorrow’ s parties”, pero nos decantamos por “Pale blue eyes” ( que, por cierto, tiene una recomendable versión de REM), preciosa canción que habla de los ojos azul claro de  una chica a la que quisimos y que no supimos conservar, amor, soledad, remordimientos, como la mayoría de las canciones, no creen…

 

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Pues eso, le concedemos no uno sino cinco minutos de gloria a la preciosa rubia de “pale blue eyes”, Nico, y así comprendemos porqué Lou perdió la cabeza por la musa de la Velvet…

“RED”(Marina González&Pedro Donate, 2012)

 Una producción de HEMOCIANINA…

RED

Quien se acerque a “Red” para mirar una historia clásica estará equivocado. Porque eso, la historia, sufre una deliberada e intrigante fragmentación temporal, en lo que constituye su principal atractivo, es decir “cómo” está contada. Lo importante es “el cómo” y no “el qué”, ya nos lo enseñó Hitchcock con su famoso McGuffin.

La cinta supone una oscura reinterpretación del sangriento cuento de Caperucita y de su supuesta inocencia. Una estética que podríamos denominar de cuento gótico-policiaco envuelve a la obra, aunque en la forma de contar se percibe el aroma de películas ya emblemáticas como “Rec” o “El misterio de la bruja de Blair” en ese estilo de terror “en vivo y en directo” y en lo subliminal de las imágenes.

Buenas interpretaciones, sobre todo la de esa reportera que habla con la enigmática Caperucita. Otro punto a destacar es la música, muy en la línea de las producciones de terror juveniles. Aunque aquí no se van a encontrar con una película de terror juvenil al uso, sino más bien con un thriller dotado con tintes de terror psicológico, al que si le cabe imputar demasiada influencia del videoclip en lo visual.

En definitiva a destacar las buenas intenciones de un equipo joven que consigue crear una lograda atmósfera de misterio, con buen pulso y aliento narrativo.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

Una primicia en Innisfree, la oportunidad de ver “Red”, daos prisa porque el enlace está abierto por tiempo limitado…

 

 http://player.vimeo.com/video/50982353

 

MATADORA: LA VACA DE BAKUNIN (IV)

 

 

matadora                                                                                                                       Julio Martín

 

Una mezcla de rayos solares y lunares invadieron el establo rociándolo de luz y clavándose en los ojos amusgados de Bailarina, que como sabemos era la primera de la tropa en despertar. Eran poco más de las seis de la mañana, otro día duro de trabajo para Georges, pero esta vez no podía ni sospechar lo que el destino le iba a deparar.

Todas las vacas disimulaban estar groguis, pero su grado de concentración era extremo, sabedoras de que ese día era el día “D”. El corazón de Bailarina palpitaba como un motor inflamado. Georges dejó los aparejos y se aprestó a conectar a Bailarina en primer lugar a la máquina ordeñadora. Todas las vacas estaban expectantes, incluida la vaca cabecilla, Matadora, que clavaba sus dos ojos inyectados en sangre en Bailarina, su jovial e intimidada compañera.

Cuando Georges se acercó a Bailarina notó un comportamiento extraño en el animal. Al ver que ésta se encimaba contra él, optó por golpear su lomo: “¡Epa!, qué carajo haces, jodida!”. Bailarina seguía avanzando y acorralando a Georges. Éste empezó a preocuparse, más cuando observó que el resto de vacas se arremolinaban en torno a él.

Finalmente, Bailarina tomó fuerzas de flaqueza y susurrando un “Qué sea lo que Dios quiera” embistió a su patrón.

“¡pero qué narices haces, condenada!” Cuando se quiso dar cuenta, ya estaba tendido en el suelo. “¡Vamos chicas!, ya casi le tenemos” mugió alentadora Matadora, como no. Georges tenía los ojos como platos sin saber como reaccionar: “Qué demonios hacéis conmigo, tengo que sacaros la leche, dejaos de monserguas”.

Ante esto, Matadora tomó la voz cantante, escupió a Georges lo que venía rumiando y le arrojó a la cara restos de alfalfa del rancho del día anterior: “Toma, bastardo, come, ahora nosotras somos tus jefas, ¿qué tienes que decir a esto?”.

Georges quedó estupefacto, y se frotó los ojos repetidas veces, era la primera vez que escuchaba hablar a una de sus vacas, no pudo articular palabra. Claudia apremió con su estilo seco habitual: “No debes recrearte, Matadora, el tiempo corre y en cuatro horas el sol será de fuego, amordacémosle y larguémonos.”

Cogieron una cuerda y ataron sus dos manos, con un pañuelo sellaron su boca. No opuso apenas resistencia, estaba mudo, como si no comprendiera qué estaba sucediendo a su alrededor. Matadora felicitó a todas por el éxito del plan, pero especialmente a Bailarina: “Bailarina, has estado valiente e implacable, no te ha temblado ni un solo pelo, sin ti nada hubiera sido posible.” La mirada de la buena de Bailarina rozaba el llanto.

“Así pues, las dos camaradas que designamos ayer en el sorteo- sorteo del que lógicamente Matadora quedó exenta- cubrirán nuestra partida” aclaró Matadora. “Alberta y Porfiria, ya sabéis, cubriréis nuestra marcha durante cuatro horas, y una vez transcurran, cerraréis con llave el establo. Su mujer no tardará en preguntarse dónde está su marido, pero a primera hora no le molestará, comprenderá que está ocupado en las faenas diarias. En el caso de que notéis algún ruido extraño, o si su hija o ella hacen una visita intempestiva debéis inmovilizarlas también, nuestra misión lo requiere. ¡no os dais cuenta!, hemos construido los cimientos de un gran edificio revolucionario, el mundo humano más pronto que tarde hablará nuestro idioma vacuno y se sensibilizará con nuestra justa causa” bramó ufana Matadora.

Los ojos de Georges eran todo un poema, observaba con fijación la plática de la vaca líder y no sabía si estaba en la tierra o en la luna.

(Continuará…)

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

“CAPERUCITA, LA HEROÍNA”

 

CAPERUCITA, LA HEROÍNA”

CAPERUCITA PESADILLA 

Recordó el lejano día de su primer pico. Andaba por los dieciseis y su novio Jano, “el lobo”, para los colegas, le ofreció un viaje para meterse en la cama con ella. Tenía los brazos taladrados y sus ojos en blanco.

Al anochecer, el timbre sonó, y Caperucita despertó con desgana después de un ronquido. “Será la abuela”, pensó, “supongo que me traerá la cesta.”

 

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

LUNEANDO XXXIX: MANEL

 

 

 

MANEL 

 

“10 milles per veure una bona armadura

 

 

 

Hoy luneando habla catalán, Atticus tenía ganas porque le encanta la escena pop catalana, y además  en Innisfree somos políglotas. Una escena que ha tenido un desarrollo especial  en los últimos años, Refree, brillante músico y productor (sin ir más lejos le ha producido su último disco a Kiko Veneno) o el joven grupo Animic son ejemplos de su pujanza. No podemos dejar de citar a los mallorquines Antonia Font, con sus letras siderales y que hace poco han sacado su mamotrético ( en el buen sentido) disco “Vosté és aquí”.

Otros grandes grupos catalanes de la escena española como Love of  Lesbian o Sidonie no han utilizado el catalán, y han comenzado con el inglés para afianzarse en el español. En fin, la música es en sí un lenguaje y no entiende de idiomas, si de calidad y emoción.

Pero nos fijamos en Manel, grupo catalán que canta en catalán. En concreto, lo canta Guillem Gisbert, vocalista cuya voz nos cautiva. Manel está a punto de sacar un nuevo disco, del que conocemos gracias a Radio tres la canción de lanzamiento, pero nos detenemos en su anterior y majestuoso disco, “10 milles per veure una bona armadura”(diez millas para ver una buena armadura). El título está sacado de una frase que pronuncia Kenneth Branagh en la Shakesperiana “Mucho ruido y pocas nueces”. Un disco que durante muchas semanas no se pudo quitar de la cabeza Atticus. Manel suena a pop elegante con un toque de folk delicioso.

Aquí en Innisfree utilizamos la música para unir y no para separar como nuestros amigos los políticos que no hacen más que utilizar como arma arrojadiza el lenguaje, unos con la cansina inmersión lingüística, otros con patrioterismos varios ( no queremos recordar, por lo rancio, eso de “españolizar” a los alumnos catalanes). En suma, vamos a la música que es lo que nos importa. Dentro del disco brilla con luz propia el tema “Boomerang”, claro. Atticus lo tiene en su recuerdo. Madrid, junio de 2011, Universidad Complutense, en el campo de Rugby, un calor monumental en el festival recién nacido DECODE, que programa  el concierto de Manel sobre las cinco.  Un crimen. Atticus intenta  ver un rato de concierto y llega justo cuando interpretan el “Boomerang”, suenan a gloria.

Dejamos claro que nos encanta “Boomerang”, pero ampliamos horizontes y nos quedamos con “Benvolgut”, que tiene una base rítmica similar y la misma calidez en la voz del vocalista. También recomendamos la bellísima “Aniversari” y, en conjunto, todo el disco. ¡Gaudeix-ne!…

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Os dejamos con esta bonita canción, y atención al curioso vídeo, adéntrense en el bosque con Manel…