LUNEANDO XXXIV: PINK FLOYD

 

 

 

PINK FLOYD

 

 

 PINK FLOYD

 

 

 

“ATRONOMY DOMINE”

 

 

Continuamos con el giro diabólico hacia la psicodelia ( no es que vayamos a pinchar “Sympahty for the devil”, pero absténganse católicos practicantes) iniciado la semana pasada, y nos dejamos seducir por las burbujas de colores que citábamos. Escogemos una canción en cuyo transcurso, en cuyo desarrollo, puedes literalmente flotar.

El grupo, Pink Floyd. No añadimos un estudio sesudo sobre su trayectoria, porque creemos que está todo ya dicho. Reyes del rock sinfónico, bla,bla,bla, bla,bla,bla. .Resumiendo, Atticus reitera lo que ya dijo la semana pasada, que la época en la que contaba con Syd Barret, el compositor de esta cosmogonía hecha canción y llamada “Atronomy domine”, personalmente es la que más le gusta. Incluida en el mítico álbum de debut del grupo,  “The pipper at the gates of dawn” ( título inspirado en la famosa novela “el viento de los sauces”). Auténtico crisol de la psicodelia británica, medular dentro de la efímera etapa Syd Barret, que, no obstante, dejó una huella imborrable en la historia de la música. Este disco se abre con el tema mencionado, pero está plagado de otras joyas de la psicodelia, como, “Lucifer Sam”, “Matilda mother”  o “Flaming”.

Aunque Atticus les confiesa que el tema seleccionado lo escuchó antes en el “Ummaguma”(disco posterior, en el que también aparece), uno de sus discos más underground, más subversivos, una verdadera obra de arte que comienza desde la enigmática portada ( bueno, Pink Floyd siempre destacó por sus portadas). Allí se encierran otras piezas tan delirantes como “Set the control for the heart of sun” o “Careful with the axe, Eugene”.

Lo dicho, podríamos haber sido mucho más “políticamente correctos” y traer canciones más “populares” del grupo ( yo que se, “Wish you were here”, “ Another breaking the wall”, “Money” o la preciosa “Cymbaline”, que dicho sea de paso también nos fascinan). La verdad es que dudamos con “See Emily palys”, esa extraña gema llena de surrealismo y resonancias psicodélicas.

Bueno, el grupo hoy es tan grande que si merece una valoración. Pensamos que Pink Floyd siempre fueron músicos, al menos en sus inicios ( luego se acomodaron, como todos), magos en la experimentación, en la investigación dentro de la música como formar de ensanchar nuestras neuronas, nuestras voluntades. Con el tiempo perdieron ese fervor juvenil, la efervescencia que se adivinaba en los primeros Pink Floyd ( inevitable, Atticus ha de reconocer que aunque ha firmado un pacto con el diablo a lo Dorian Grey también le pasa factura el tiempo). Quizás esa gloriosa tendencia experimentadora se agostó con la triste marcha de un Syd Barret acorralado por la esquizofrenia. Al menos en lo que a sonidos psicodélicos se refiere, tomando otro rumbo los sonidos del grupo.

Es curioso, con las canas en sus sienes se convirtieron en la máquina de amasar dinero que presagiaba la fantástica “Money”. Con todo ello no queremos decir que lo que vino después fuera peor, y que Pink Floyd no sea un grupazo incontestable, simplemente echamos de menos la frescura de esa primera época. Gilmour era otro pedazo de músico ( con él, Pink Floyd alcanzó sus cimas, quizás con “The dark side of the moon” y “The wall” ). Pero con la marcha de Barret, la psicodelia fue dando paso a un rock más sinfónico, conceptual, ortodoxo, progresivo, a veces genial y otras, sinceramente aburrido. Recordamos, eso si, aquel último álbum de estudio, el “Division bell”( Atticus también recuerda con nostalgia la cinta de cromo en la que se lo grabó un amigo, en su época adolescente no había Internet), un álbum muy solvente de madurez.

Como con muchos otros genios de la música, queda la duda, que solo podrá ser solucionada en otros universos paralelos o imaginarios, de cómo hubiera sido el grupo si Syd Barret no se hubiera pasado con el LSD.

En fin, imbuidos en ese ánimo de experimentación, ofrecemos dos versiones. La prime, la convencional. Sentimos no poder ofrecer los subtítulos para que puedan saborear la verdadera “poesía cósmica” que destila. La segunda, para los valientes, para los que conciban la música como un glorioso cubo de rubik que se puede mirar y admirar desde numerosos puntos de vista, ángulos o lo que quieran…

Jorge Fernández- Bermejo Rodríguez

Recordemos al gran Syd Barret ( por cierto, junto a Syd Vicious, los dos Syd más grandes de la música moderna)…

Y, para los valientes ( tengan paciencia, porque incluye entrevista, pero la interpretación es ¡brutal!)…

 

 

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