“TRIBUTO A STEPHANE GRAPELLI”: UNIVERSIJAZZ 2012/13 ( 19/2/13)

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                                                                                                             Foto de Atticus

La Rae define “delicatessen” ( en alemán “Delikatessen”) de la siguiente manera:“ Alimentos selectos”, en su primera acepción; la segunda acepción del término es ésta: “tienda donde se venden delicatessen”( sentimos incluir lo definido en la definición, gajes del oficio).

Efectivamente, como anunciaba muy acertadamente Antonio en su acostumbrada introducción a los conciertos de Universijazz, lo que disfrutamos ayer en el Aula de letras fue una delicia, una delicatessen, un primor.

Raúl Márquez, al violín; Javier Sánchez, a la guitarra, y Gerardo Ramos, al contrabajo, trío madrileño especializado en los años treinta ( de cuando los discos de pizarra, Atticus no sabe porqué se acordó de ese simpático programa de Radio tres, “las melodías pizarras”), nos invitaron a un viaje emocional y sentimental a los años 20 y los años treinta, aquellos años en los que el bueno de Stephane Grapelli, y ese genio gitano llamado Django Reindhart ( éste es más antiguo, pero también estaba desencadenado), formaban parte del mítico quinteto “Hot club” en Paris.

El violinista del grupo hacía mención a la dulzura del violín de Grapelli, y su sonido claro y majestuoso bien que lo evocó. También hizo mención a que el francés hacía cantar al violín. Si, es cierto, pero Atticus piensa que también lo hizo llorar, solo hay que recordar su desarmante versión de ese precioso standart llamado “Solitude”.

En la guitarra un Javier Sánchez que alcanzó tonalidades como sacadas del más allá, del interior de alguna concha marina perdida en mitad del Océano ( las que consiguió en ese arranque demorado del “Night and day” fueron sorprendentes). Ambos bien escoltados por un contrabajo eficaz.

Atticus, que es un asiduo a los conciertos de Universijazz, cree que quizás haya sido el concierto más cálido en el que ha estado. De Berlin a Gershiwn, del “As Time go bye”

( recordando “Casablanca”) al “Night and day” ( ¡qué maravilla de versión!). En definitiva, una excursión por los clásicos, llegando incluso a tocar a Bach.

Stephane fue el violinista sonriente, y, sin duda, de haber estado ayer en el Aula de letras, como en aquel último concierto que diera a sus 89 años, su cara habría esbozado la misma sonrisa de placer que pintaba las caras de los allí presentes, incluido Atticus.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Y como va de delicatessen, pues hemos encontrado un dueto formado por Grapelli y otro monstruo Duke Ellington, allá por el año 1973. Un “Medley” o popurri, que abarca varios temas. De intro el tema aludido en la crónica “Solitude”, juzguen ustedes mismos si el violín llora o no; luego “Don’t get around much anymore”, y para finalizar, “I don’t mean a thing ( If Ain’t got that swing)”…

 

 

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