CUENTOS DE INVIERNO (II): “EXTRAÑOS”

 EXTRAÑOS EN UN TREN

Unos brillantes martinelli cruzaban el andén hacia el tren que le habría de devolver a su monótona vida. En sentido oblicuo, aunque con destino hacia el mismo vagón se dirigían los juveniles panamá jack de un tipo esbelto y con buena planta.

Finalmente, coincidieron en el vagón tercero del Ave hacia Madrid. Al verse se reconocieron enseguida. El individuo de los martinelli le pasó con disimulo una nota con la dirección de su mujer al individuo de los panamá jack, y éste hizo lo propio. Al día siguiente,  se volvieron a reunir, las notas decían: “ Misión cumplida.”

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

“AMOUR” ( Michael Haneke; 2012)

 Amour

                                                      Haneke, Riva y Trintignant

 

Es difícil acercarse a una película de Michael Haneke. Es como acercarse a una persona fría, distante. Porque su estilo es eso, frío y distante. Su cine estaría en este sentido en las antípodas de un John Ford o un Frank Capra. En “Amor” disecciona con su sabio bisturí la vejez de George y Ann, burgueses acomodados y antiguos músicos que viven plácidamente sus últimos días.

Eso si, el carácter distante del que hablábamos  quizás aquí se atenúa respecto de proyectos anteriores. Sea por el tema, sea porque Haneke también cumple años al compás de sus películas, pero su ojo es menos despiadado y sentimos más empatía de la acostumbrada por la pareja protagonista.

Antes de continuar me gustaría distinguir dos planos de los que quiero hablar. En primer lugar el formal. Ya nos quedamos boquiabiertos con el blanco y negro limpio, ascético, casi Dreyeriano de la magnífica “La cinta blanca”, pero la película que hoy nos toca es un dichoso festival de encuadres de una perfección absoluta. Son portentosos los planos de la casa, el brillante manejo del plano-contraplano, que cuenta con la “mano invisible” del austríaco. También me atrevería a citar aquí a mi adorado Bresson. La puesta en escena es austera, sobria.

Otra marca de la casa en el plano formal es esa capacidad innata de su cine para crear desasosiego ( yo aún sigo fascinado por ese final enigmático de “Caché”, y qué decir de “Funny games”), o esa extraña cualidad muy buñueliana de trasladarnos repentinamente a otro lugar distinto de la acción. Ocurre en la inquietante escena del sueño o aquella en la que se nos muestran las pinturas que luego sabremos que son las de la habitación de Ann. Ocurre asimismo con las misteriosas apariciones de la paloma, como especie de símbolo escatológico.

En el plano material, el retrato que Haneke hace de la vejez es de una desnudez epidérmica, como si se tratase del estudio de un entomólogo. Deformando poco a poco, sin que nos demos cuenta el personaje de Ann.

Nos cuenta la historia sin concesiones, sin filigranas, como suele hacerlo, sustituyendo el sentimentalismo acostumbrado en las películas que tratan estos temas, por una suerte de naturalismo lacerante, y haciendo que nos miremos en difíciles espejos. Haciendo que nos reconozcamos en situaciones cotidianas (tan cotidianas como la cercanía de la muerte) que nos podrían suceder a todos. En el tratamiento del tema de la muerte, no se porqué pense en “Le feu follet” de Louis Malle.

No podemos dejar de mencionar a los espléndidos actores. Emmanuele Riva como Ann, con esa vejez serena que se va destruyendo, en una perfecta, implacable y precisa recreación ( atrás quedan los jóvenes años de “Hiroshima mon amour”). Y Jean Louis Trintignant, como George, el otrora actor fetiche de la “nouvelle vague”, en un papel magistral entre la resignación y la aceptación del destino. Buen papel el de Isabelle Huppert ( otra musa Haneke, recordar aquella sórdida pianista), como hija egoísta y falsamente proteccionista.

Volviendo al tema de la forma, la película tiene un arranque y un final con el claro sello Haneke estampado. Ambos son elegantes y enigmáticos. Sabemos lo que pasará, pero no cómo pasará. Al igual que en otras película, el austríaco siembra nuestras cabezas de incómodas imágenes que danzarán en nuestras cabezas, que nos acompañarán cuando nos vayamos a la cama, que nos inducen a la molesta reflexión, a la dolorosa sugerencia y nos dejan un denso y difícil detritus que mezcla realidad y sueño.

En suma, “Amour” es un retrato fantasmal y majestuoso de amor y de muerte, como ya dijimos un espejo en el que se refleja, ni más ni menos que la verdad del género humano. Espejo y verdad en el que a los humanos nos cuesta mirarnos.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

“Amour” se ha alzado esta madrugada con el óscar a la mejor película de habla no inglesa…

INFANCIAS

 

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                                                                    A mis padres

 

Recuerdos candorosos de tardes de brasero,

brisca, pipas y juegos, mañanas de domingos,

películas de indios, sofá, café y buñuelos,

pasábamos el día jugando con vikingos.

Cansados ya del juego, nos vamos a la cama,

rezamos la plegaria de despertar mañana,

y nos hundimos lentos en un  mundo de sueños,

abrazados al cuello de nuestro tierno “Trudy”.

Juguemos, ¡ el recreo!, arena, sol, nostalgia,

un niño se hizo daño, otro me dio un bocao,

¡le dí un beso en la cara a mi novia Alicia!

La tarde, los deberes, las bicis en la calle,

nos sorprende la noche, la cara de mi madre,

con un hermoso beso sella mi frente de niño.

 

                                                                  Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

 

  

 

 

 

 

“TRIBUTO A STEPHANE GRAPELLI”: UNIVERSIJAZZ 2012/13 ( 19/2/13)

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                                                                                                             Foto de Atticus

La Rae define “delicatessen” ( en alemán “Delikatessen”) de la siguiente manera:“ Alimentos selectos”, en su primera acepción; la segunda acepción del término es ésta: “tienda donde se venden delicatessen”( sentimos incluir lo definido en la definición, gajes del oficio).

Efectivamente, como anunciaba muy acertadamente Antonio en su acostumbrada introducción a los conciertos de Universijazz, lo que disfrutamos ayer en el Aula de letras fue una delicia, una delicatessen, un primor.

Raúl Márquez, al violín; Javier Sánchez, a la guitarra, y Gerardo Ramos, al contrabajo, trío madrileño especializado en los años treinta ( de cuando los discos de pizarra, Atticus no sabe porqué se acordó de ese simpático programa de Radio tres, “las melodías pizarras”), nos invitaron a un viaje emocional y sentimental a los años 20 y los años treinta, aquellos años en los que el bueno de Stephane Grapelli, y ese genio gitano llamado Django Reindhart ( éste es más antiguo, pero también estaba desencadenado), formaban parte del mítico quinteto “Hot club” en Paris.

El violinista del grupo hacía mención a la dulzura del violín de Grapelli, y su sonido claro y majestuoso bien que lo evocó. También hizo mención a que el francés hacía cantar al violín. Si, es cierto, pero Atticus piensa que también lo hizo llorar, solo hay que recordar su desarmante versión de ese precioso standart llamado “Solitude”.

En la guitarra un Javier Sánchez que alcanzó tonalidades como sacadas del más allá, del interior de alguna concha marina perdida en mitad del Océano ( las que consiguió en ese arranque demorado del “Night and day” fueron sorprendentes). Ambos bien escoltados por un contrabajo eficaz.

Atticus, que es un asiduo a los conciertos de Universijazz, cree que quizás haya sido el concierto más cálido en el que ha estado. De Berlin a Gershiwn, del “As Time go bye”

( recordando “Casablanca”) al “Night and day” ( ¡qué maravilla de versión!). En definitiva, una excursión por los clásicos, llegando incluso a tocar a Bach.

Stephane fue el violinista sonriente, y, sin duda, de haber estado ayer en el Aula de letras, como en aquel último concierto que diera a sus 89 años, su cara habría esbozado la misma sonrisa de placer que pintaba las caras de los allí presentes, incluido Atticus.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Y como va de delicatessen, pues hemos encontrado un dueto formado por Grapelli y otro monstruo Duke Ellington, allá por el año 1973. Un “Medley” o popurri, que abarca varios temas. De intro el tema aludido en la crónica “Solitude”, juzguen ustedes mismos si el violín llora o no; luego “Don’t get around much anymore”, y para finalizar, “I don’t mean a thing ( If Ain’t got that swing)”…

 

 

LUNEANDO XXXI: ADAM GREEN

 

 

 

 

ADAM GREEN 

 

 “Friends of mine”

 

 

Un amigo asiduo a los luneandos, en la última entrega, hacía referencia a los artistas que se gustaban demasiado, cayendo en excesivos rodeos, en la afectación o en aquel género de profundidad que raya pura  y simplemente el aburrimiento.

Por eso, hoy Atticus pensó en el gran Adam Green, exmiembro de un grupo que le gusta mucho, Moldy Peaches. Y traemos su segundo disco, de 2003, que es lo primero que Atticus conoció de este señor. En Innisfree no nos movemos por actualidades, y puede aparecer desde Johan Sebastian Bach a Los Planetas.  Bueno, pues este disco algo debe tener porque Atticus lo escucha aún con frecuencia en su gramófono ( en Maycomb aún no se ha pasado a la era digital). El descubrimiento del mismo además está encerrado en un recuerdo feliz, una mágica noche de 2004 en la sala Aqualung, donde teloneó a Belle & Sebastian, los innisfritas ya tienen noticia de ello.

Y dirán ustedes, ¿Porqué este coñazo de introducción? Por la referencia al mensaje directo de la música, sin rodeos, enrevesamientos, pajas mentales más o menos fumables. El disco está compuesto por un puñado de canciones muy buen compuestas, con fondos orquestales exquisitos, que no alcanzan apenas  los tres minutos. Como si se tratara de relatos breves, y Adam se metiera en la piel de un Carver o un Hemmingway. Insistimos, estilo directo, sin rodeos metafísicos, consiguiendo, eso si, un sonido pop intimista muy bien definido. Todo ayudado por una voz con mucha personalidad, que mezcla desenfado y lirismo a partes iguales. Esa noche en la Aqualung, Atticus lo comprobó junto a un gran amigo. Y aprovecha aquí para reivindicar a los teloneros, a veces te dejan sin palabras, como Adam.

Después de este disco, Atticus ha escuchado el “Gemstones”, brillante y a la altura del “Friends of mine”, más tarde le perdió la pista. Podría haber sido la sintética “Bunny Ranch” ( que no llega a los dos minutos), o “Broken joystick”, quizás aquella que nos habla de una tal Jessica Simpson, o “Secret tongues”, con esos fondos orquestales tan hermosos. Si escuchan el disco, cosa que les recomiendo vivamente, entenderán lo difícil que es escoger una canción. Asi que empezamos por el principio y nos decantamos por la espléndida “Friends of mine”.

Hoy reclamamos la brevedad, la sencillez, que no está reñida, ni mucho menos con la emoción y la genialidad…

 

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

Y atentos a la simpática letra, “ We fall in love by accident…”

Entradas relacionadas: https://thewaytoinnisfree.wordpress.com/2012/06/05/belle-sebastian/

“ONE FROM THE HEART” ( “Corazonada”; Francis Ford Coppola; 1982)

CORAZONADA

    

Película inclasificable, verdadero capricho del director de “El padrino”. Se podría definir como un género en sí misma. No sorprende procediendo de quien procede, un director que suele arriesgarse y afrontar proyectos con gran libertad creativa ( Véase “La conversación”, brillante homenaje al “Blow up” de Antonioni; o el valiente descenso a la locura de “Apocalypse now”; también destacaríamos la onírica “Rumble fish”, “La ley de la calle”, que pinta un paisaje de ensueño similar al de “Corazonada”). Lo que es incuestionable es su perfecta factura, con una memorable fotografía de Vitorio Storaro   ( los rojos son muy Scorsese, o la escena del tango con ese amarillo cera,…). Por otro lado, es de destacar una imaginativa dirección artística concebida toda ella en los decorados de Zoetrope ( los decorados son de su colaborador habitual  Dean Tavoularis), aspecto éste hoy en día más destacable, en los tiempos que corremos de decorados por ordenador. Lo que si transmite es una idea del cine ya extinguida, un cine de decorados, de estudio. Aquí es donde traigo a colación a Fellini, es una hipótesis, pero creo que ésta sería la película de Coppola preferida por el italiano, por ser eso mismo, una película de decorados ( lo que para Fellini era “Cine cittá” para Coppola es “Zoetrope”).También, lógicamente, por su indudable atmósfera irreal. Además, creo que el personaje de Natascha Kinsky tiene algo de la Gelsomina de “La Strada”(el mundo circense, su naturaleza soñadora,…).

Volviendo a esa perfecta factura y a su muy cuidada puesta en escena, creo que quedarán grabadas en la retina de los cinéfilos de pro la presentación del siempre elegante y misterioso Raúl Juliá en el escaparate bajo las luces parpadeantes de neón, o la aparición dentro de la mente de un flojito Frederic Forrest de la preciosa Natascha Kinsky bailando dentro de una copa de Martini. No obstante, es una película descompensada y falta de ritmo en muchos momentos ( El número musical entre Teri Garr y Raúl Juliá es flojito, pese a lo bien que baila ella). Creo que  también hay descompensación en la pareja protagonista, Teri Garr probablemente borda su mejor papel, pero creo que Frederic Forrest (el salsero de “Apocalypse Now”) hay momentos en los que no está a la altura.

Pese a ser un experimento  fallido respira pasión por el cine por los cuatro costados. Es una película para cinéfilos por todos los antecedentes que hemos apuntado y porque es un luminoso homenaje al musical de Broadway, a medio camino entre el musical y la comedia sentimental con algunos toques de nostalgia. Una curiosidad a rescatar de la presente película es mi intuición ( verdadera o no, me da igual, la comparto con vosotros) de que inspiró el casting del “París, Texas” de Wim Wenders, de 1984, al menos esta es mi teoría, ya que en esta película la pareja principal está formada por Natascha Kinsky y mi admirado Harry Dean Staton (que interpreta aquí al amigo de Frederick Forrest.). Finalmente, mención aparte merece la música de Tom Waits ( responsable de la banda sonora, junto a Crystal Gayle), tan urbana y callejera como siempre. Destaca su voz desgarradora y pirata, como de ultratumba de este hijo del rock (que aparece por cierto en la cafetería de la espléndida “La ley de la calle”) en canciones tan hermosas como “Broken bicycles”. En fin, “That ´s one from the heart”( eso es lo que me sale del corazón).

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

La verdad es que Atticus no sabe porqué se ha acordado de esta película y de esta vieja crónica que tenía en sus archivos en un día nublado como hoy aquí en Innisfree. Corría el año 1982, año muy querido, en general los ochenta, decada de creatividad, imaginación, voluntad de cambio,…, la movida, naranjito, la bola de cristal, qué tiempos,…, y traemos esa preciosa canción mencionada “Broken bicycles”, en la que la rugosa voz de Tom Waits se vuelve dulce…