TÓCALA OTRA VEZ, SANTA

Tócala otra vez, Santa

 

                                                                                  
                                                                                 * Sobre una idea original de Inka

Cuando amaneció sentí un escalofrío en mi espalda, lo comprendí, me habías abandonado. Desde que apareciste en mi vida, nadie ha sabido despertar mi piel como tú.

Echo de menos el tacto de tus sedosas manos, tus fornidos brazos, el dulce  sabor  de tus labios de caramelo. Recordaré aquel día en aquella habitación de aquel hotel. Fuiste directo, clavaste en mí esos dos ojazos, me cogiste violentamente de la cintura y me plantaste un húmedo beso en la boca que me hizo temblar.

Me echaste al hombro como si fuera un fardo, me sentaste a tu lado en el trineo y azotaste sin piedad a los renos rumbo al hotel. Confieso que estaba excitadísima, casi me meo en las bragas de la emoción, créeme.

Me subiste a la habitación en brazos y me tiraste a la cama. Tu brutalidad y tu instinto me hacían temblar, no hacían falta las palabras, sólo los actos. Yo soñaba con que arrancaras mi ropa interior de un bocado, pero pasaste al baño para ponerte cómodo. Cuando ví tu silueta recortada en la puerta, la rosa entre los dientes, dos copas y una botella de espumoso posada en tu firme miembro que hacía un perfecto ángulo recto con tu tronco, el gas de la botella aún sin descorchar ya me hacía cosquillas en la tripa.

Te aproximaste hacia mí ofreciéndome una copa, y los dos las apuramos apresuradamente presos de la ansiedad, estampándolas contra la pared. Rasgaste mi ropa interior como yo soñaba y a partir de ahí todo fue pasión y arribo, abandono y vértigo, tormenta y éxtasis. Hicimos la navidad una y otra vez, mientras la nieve caía plácida afuera. El alcohol y la lujuria nos hicieron abandonar el mundo transitoriamente.

Luego perdimos la conciencia mientras me abrazabas dulcemente y mirábamos embobados como el bueno de Bing Crosby cantaba “Noche de paz”.

Yo aún sigo atrapada en ese sueño, miro al cielo esperando en vano a que desciendas con tu trineo y me lleves contigo a Laponia donde viviríamos juntos al calor de la chimenea, y no me puedo hacer a la idea de que no  volveré a verte hasta la próxima navidad.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Atticus se va de vacaciones después de un año prolífico en The way to Innisfree. Pero ello no implica que no puedan seguir visitándolo durante estas fiestas, en un descanso entre comilona y comilona. Solo será poco más de una semana dedicada a la reflexión, porque no saldrá de Innisfree, ama demasiado esas serenas y voluptuosas verdes praderas en las que descansa su alma, y sobre las que dicen , a veces, levita. En fin, solo quiere desearles a todos los innisfritas que hacen grande este modesto rincón mucha felicidad y buena entrada de 2013, en el que Atticus ya tiene preparadas muchas novedades para compartir con sus amigos…

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EL CUENTO DE NAVIDAD DE AUGGIE WREN

 

 CUENTO DE NAVIDAD DE AUGGIE WREN

 

                                

 “Cada calada es otro recordatorio de que vivir también es morir”

                                                                                                   ( “Smoke”, Paul Auster)

 

Lo primero que vemos en “Smoke”, la película en la que Auggie nos cuenta la historia navideña que hoy nos trae Atticus, es algo que ya no existe. Un tren matutino cruza la ciudad, y las torres gemelas de fondo. Si, estamos en Nueva York, la ciudad de la que Paul Auster se ha convertido en perfecto cronista. Auster es el responsable del libro que fue llevado al cine en 1994 por Wayne Wang y por él. También hay referencias a Sadam de los parroquianos del estanco de Auggie. Y es que estamos en los noventa, han llovido casi veinte años, parece mentira.

Eso, las imágenes fugaces, lo que ha dejado de existir también tiene que ver con el espíritu de la película y con el corazón de Auggie. A estas alturas de la crónica, se preguntarán ¿ Quién demonios es Auggie?. Pues, como anticipamos, el dueño de un estanco de Broocklyn. Pero Auggie es algo más que una persona corriente. También es un poeta del tiempo, y quiere atraparlo a través de su cámara. Cámara, que como los distintos personajes de Smoke, tiene una historia detrás, que contaremos al final, porque es tan grande que merece ser contada al final.  La literatura de Paul Auster está llena de grandes historias. Recordarán  otra entrada  en torno a la relación de Kafka y la niña, que utilizaba el genio de Newark para explicar el sentido de ese juego tan futil y a la par tan necesario como es la literatura ( recuerden, cuando alguien tiene una historia todo lo demás deja de existir).

Pero centrémonos en la película. Uno de los clientes del bueno de Auggie, es Paul Benjamin, escritor enganchado a unos puritos sumido en una crisis creativa tras perder a su mujer embarazada en un tiroteo en el que se vio envuelta. Como curiosidad, señalar que el personaje interpretado magistralmente por William Hurt se llama Paul Benjamin, pseudónimo con el que firmó sus primeros escritos Paul Auster. Pues Benjamin va a tropezar inesperadamente con un chico negro, Thomas que tiene un secreto, o más bien, varios secretos que esconder. Ahí empieza todo.

Y todo arranca del azar, circunstancia muy propia del autor de “La música del azar”. Pero díganme cuántas cosas no han sucedido en nuestras vidas por el azar. A partir de ahí las historias de todos los personajes se entrecruzan hasta confluir en un final en el que se encuentran gracias al contenido de una bolsa de papel. Historias de culpa, de redención, que nos hablan de las luces y de las sombras. Historias de una humanidad lacerante. Entre ellas no podemos dejar de mencionar la que une a Thomas con Cyrus, interpretado por otro de los actores fetiches de Atticus, ese negro fornido con cara melancólica y aspecto de torpón llamado Forest Whitaker, que encarnó al gigantesco Bird a las órdenes de Clint Eastwood, y rondó las calles vestido de samurai bajo la batuta de Jim Jarmusch. Otra historia que pone un nudo en la garganta es la que le cuenta Paul a Thomas sobre el encuentro de un alpinista con el cadáver de su padre en la nieve .Todo ello con el tono adecuado de distancia, sin caer en la emoción barata.

Tampoco podemos dejar de mencionar que aquí se fuma, y mucho. Se fuma todo el rato, es el pasatiempo preferido, precisamente porque el acto de fumar es en sí la metáfora de la banalidad de la vida. Y, aunque sea una tontería decirlo, se fuma muy bien.

En fin, estamos ante una película especial, que merece un comentario especial, una de las películas de Atticus, que está enamorado de ella igual que del universo Auster. La traemos a colación esta navidad para luchar contra los tópicos navideños. Pero no piensen que Atticus está en contra de los mismos, adora igualmente a Dickens y  su “Cuento de navidad”, y a Capra y su “¡ Qué bello es vivir!”. Pero quería evocar la navidad a través de una película que no es precisamente navideña, entre otras cosas porque arranca en un asfixiante verano en Nueva York y concluye con este bello cuento moderno de navidad con el que nos despedimos, ¡Feliz navidad a todos!…

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Auggie, este modesto filosofo de la vida, le cuenta a Paul Benjamin la historia de cómo consiguió la cámara de fotos con la que todos los días a la misma hora hace una foto desde el mismo ángulo, en lo que él llama el proyecto de su vida, y yo lo llamo una de las ideas más poéticas de los últimos tiempos. Qué decir de Harvey Keitel , que transitó las malas calles de la mano de Scorsese, visceral señor blanco de los “Reservoir dogs” de Tarantino, terrible teniente corrupto a las órdenes de Ferrara, también el señor Lobo que todo lo arregla, pero que siempre recordaremos como Auggie, y después de mirar su cuento de navidad entenderán porqué. Principalmente porque esta gloriosa escena nos habla del mal y del bien que llevamos dentro, y del bendito arte de contar historias. Y, finalmente, les propongo una cuestión que surge entre Auggie y Paul, díganme, ¿creen que el arte lo justifica todo? Sentimos presentar la historia cortada en dos, no había otra manera…

También ofrecemos los títulos finales acompañados por la carismática y rugosa voz de Tom Waits que cuentan en imágenes el cuento, con el enorme tema “Innocent when you dream” de fondo. Voz, la de Tom, que nace de las entrañas de Nueva York, que es en sí misma el ADN de Nueva York…

CUENTO DE NAVIDAD: LA FÁBRICA

EL TRABAJO OS HARÁ LIBRES

Tenía los dedos congelados, mi boca expelía un denso vaho y mis piernas me martilleaban por los malditos calambres. Allí estábamos yo y otros cuantos padres más arrepintiéndonos de haber concebido a nuestros hijos.

La jornada era dura, a las siete de la mañana nos levantábamos, y así, hasta las ocho de la tarde, sólo había una pausa para engullir un mugriento puré, que parecía engrudo, y que tenía alguna extraña sustancia narcotizante que te mantenía como embotado durante todo el día, pero algo había que comer.

Y, desde primera hora, allí estaba él, ese gordo pestoso, con sus largas barbas blancas, para pasarnos revista. Yo había visto como ese seboso pateaba el estómago de alguno de nosotros, por no tener la camisa debidamente metida en el pantalón.

Ese maldito brebaje yanqui llamado Coca-cola le ha idealizado y hasta le ha hecho parecer un amigo bonachón. Todo pura fachada, sólo nosotros conocíamos su verdadero carácter.

Pero confiábamos, con cierta indolencia, en que tarde o temprano alguien contaría la verdad. Alguna vez, uno de nosotros escaparía de allí vivo para regalar al mundo eso, la verdad sobre la navidad.

La producción en cadena estaba asegurada. Todo muy eficiente. El sistema era fácil, ese odioso de Santa recibía las cartas,  y sus operarios, elfos, duendes y gnomos se encargaban de ir reflejando el stock que era necesario producir.

El trabajo se repartía en módulos, al frente de cada cual, estaba alguno de estos siniestros personajes. Cada día se marcaban una serie de objetivos. Los objetivos eran de necesario cumplimiento, pues si no decaía el derecho a comer.

Los elfos eran los peores, con esos dientes afilados cuando se los enojaba. Un día eran muñecas, otro día, bicicletas, y otro, balones de reglamento.

Santa Claus era un terrible patrón, injusto y autoritario, tanto si se cumplía como si no con el trabajo.

Contábamos con los mejores materiales, pues Santa tenía contacto con las mayores mafias del planeta, principalmente con las rusas. Trabajábamos con el mejor cuero italiano, celuloide de Chile, plástico de los Estados Unidos y tela China.

Siempre recordaré el día en el que me secuestraron. Corría el 5 de Diciembre, era el día favorito de Santa para las capturas, acababa de comprar el periódico en el quiosco de la esquina, cuando divisé a lo lejos una estela indecisa, rodeada como de una espuma blanca. Me quedé alelado.

De repente, me encontré allí, en una austera habitación vestido con un pijama de rayas y con un brazalete en el brazo izquierdo, con el dibujo de un reno. “El trabajo os hará libres”, rezaba el lema de la entrada. Luego, varios de mis colegas, me explicaron que estábamos en Laponia, en un punto septentrional, alejado del mundo, y quizás más próximo del infierno.

Allí estábamos padres de todas las latitudes, noruegos, alemanes, estadounidenses, finlandeses, españoles, e incluso chinos y árabes. El siniestro imperio del gordinflón se había extendido inexorablemente por todo el planeta.

Los que peor lo pasaban eran los finlandeses, pensando en lo cerca que de sus casas quedaba ese pequeño infierno. Era una macabra forma de hermanar a las civilizaciones.

La mezcla de idiomas era terrible, pero terminábamos por entendernos, el lenguaje de los gestos era nuestro esperanto particular. Siempre había casos excepcionales, como el de Otto, un alemán que entendía a la perfección el inglés, y sabía algo de español, francés e italiano. Lo difícil era comunicarse con los chinos y con los árabes, no obstante, yo hice muy buenas migas con Ali, un médico egipcio de exquisitos modales.

Finalmente, me contaron para qué estábamos allí. Como padres, habíamos sido seleccionados para fabricar los juguetes de todos los niños del planeta. La empresa era dura, pues sólo teníamos hasta última hora del 24 de Diciembre, los regalos debían ser entregados naturalmente en esta fecha. En cuanto a qué iba a pasar luego con nosotros, no quise preguntar, pero las miradas de miedo y resignación de mis compañeros me inspiraban todo menos confianza.

Las instalaciones eran grandiosas, casi faraónicas, y un retrato de nuestro “Gran Hermano”, presidía el patio de entrada. Todas las mañanas a primera hora entonábamos con un entusiasmo inexplicable el “Navidad, Navidad, dulce navidad…”, “25 de Diciembre, fun,fun,fun,…”, y otras canciones similares, y nuestros espíritus se ensanchaban, presos de una extraña excitación.

Pensaréis si proyectamos alguna fuga, estilo Alcatraz. Pues si, el desdichado Carl fue el cabecilla. Programó la escapada para la madrugada. Le siguió Pat, un chico indeciso de 24 años, que se moría por volver con los suyos y poder dar un beso apretado a sus dos criaturas.

A mí, el plan de Carl, no me convencía en exceso y terminé por bajarme del burro. Reconozco que fui un cobarde.

Los dos proyectos de prófugos tomaron el camino de salida a las cuatro de la mañana. Un elfo, Daniel, que vigilaba la entrada, dormía plácidamente, ajeno a los pasos de éstos.

Una vez fuera, era como un auténtico campo de minas, ya que había instalados sensores que detectaban la presencia humana. La forma de esquivarlos era pasar muy lentamente.

El pobre Pat estaba sudando, se había meado en los pantalones, hasta que no pudo más:

–         Carl, no aguanto más, si nos pillan las consecuencias serían terribles. Además, no sobreviviremos a las temperaturas de la zona, reculemos.

–         No seas estúpido, Pat, qué quieres, morir aquí, porqué, que te crees que hará ese tirano contigo al acabar la navidad, ¿Dárte un placa al empleado del mes?, acabará contigo, idiota, y conmigo, y con el resto de presos.

–         Lo siento, Carl, pero el corazón me estalla, con este estado de nervios no llegaré a ninguna parte.

Finalmente, Pat reculó lanzando una terrible mirada de despedida a su amigo.

Nunca más supimos de Carl, existen muchas leyendas sobre su destino. Lo que si sabemos es que no llegó a ninguna parte, porque la alarma sonó implacable en mitad de la madrugada. Siempre recordaré su sonido, fue como un puñal en mi sufrido corazón. Desperté de repente, y abrí mis ojos de par en par, una desagradable culebra serpenteaba por mi espinazo.

Algunos cuentan que terminó rodeado de Elfos, que lo devoraron sin piedad con sus dientes afilados, y que los gritos de dolor del pobre Carl, aún resuenan en las extensas laderas de Laponia.

Otros compañeros, como Lázaro, se engañaban a sí mismos, relatándonos como huyó hasta Helsinki, dónde contó a las autoridades lo que estaba pasando allí, y que era cuestión de días el que les rescataran de aquel infierno.

–         Carl, ¡ese figura!, qué envidia, ahora mismo estará rodeado de dos mulatas con un mojito en la mano, bebiéndoselo en nuestro honor. Ese cabrón barbudo obtendrá su merecido, ya veréis.

La cosa se recrudeció, y cualquier referencia a Carl, era castigada con agudos latigazos o con visitas a la temida celda de castigo. Los controles se duplicaron, no en vano, el 25 de Diciembre, “Día del Gran Hermano”, estaba cerca.

Las jornadas eran extenuantes, se había recortado la media hora destinada a la comida, y terminábamos todos los días sobre las diez. Teníamos que tener todos los juguetes a punto para el gran día.

Finalmente llegó la ansiada y temida cita, ya que no conocíamos, pero temíamos cual podría ser nuestro inmediato destino, una vez concluyéramos la misión para la cual estábamos allí. Yo pensaba en mi mujer y en mis dos hijos, todos los días, eran mi esperanza, el aire que llenaba mis pulmones. Guardaba una foto arrugada bajo el jergón, era como un tesoro para mí, y, gracias a Dios, esos elfos energúmenos no habían dado con ella.

De repente, divisé el pelo rizado de un niño de unos tres años.

–         David, ¿ Qué haces aquí tan pronto, ya te has despertado?.

El pequeño se abalanzó hacia mí y me abrazó tan fuerte que me parecía mentira estar allí. Era todo como irreal.

–         Papá , has visto los regalos, Papá Noel me ha traído un tren precioso y mira todas esas golosinas, nos las comeremos después de comer,  ¿Verdad, papá?

–         Claro, que sí, hijo, papá se ha quedado traspuesto en el sillón, y ha tenido un sueño horrible.- Nuestro protagonista, se aferró al cuerpecillo de su hijo como si fuera el último abrazo que daba en su vida.

–         Papá, me haces daño, suéltame.- Le apremiaba su hijo, incómodo por la fuerza del abrazo.

–         Perdona, hijo, es que te quiero tanto.- Afirmaba, entre lágrimas, el sufrido padre.

En ese momento, Clara, su mujer, rodeo con sus manos la espalda de su marido, besándole en el cuello.

–         Oh, Clara, ¡ Te quiero tanto!, os he echado tanto de menos.- Le dijo entre abrazos y besos. Una corriente eléctrica llamada amor recorría todo su cuerpo.

–         Qué te pasa, cariño, estás temblando. Pareciera que hace años que no me hubieras visto.

–         Cariño, he tenido un sueño terrible, te lo contaré más tarde, ahora mismo no tengo fuerzas para contarte nada. Y justo en el momento clave, aparecisteis vosotros, ¡Oh, Dios mío!, que suerte que estéis a mi lado.

Finalmente, se unió al grupo su segundo hijo, Alex, y después de abrir éste sus regalos, permanecieron unidos alrededor de la chimenea, ensimismados por la cadenciosa magia de las llamas.

“Ring, ring,ring,…”, una desagradable alarma retumbó en mi cabeza, devolviéndome a la realidad. Ahora lo comprendía, había llegado el día.

Un frío ártico gobernaba mi cuerpo. Estaba demacrado y ojeroso, como el resto de mis compañeros.

Los odiosos elfos nos esperaban en la puerta con sonrisas como de hienas dibujadas en sus pequeños rostros. Y allí estaba él, al fondo, orondo y satisfecho, dirigiendo todas las operaciones.

Una luz cegadora marcaba el incierto camino hacia unos negruzcos vagones.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

LUNEANDO ( XXIV): EVA CASSIDY

 

 

eva cassidy

Autumn leaves”

 

 

El otro día, en el comentario al luneando anterior, un gran amigo me descubrió a una estupenda cantante folk de la época heroica, Karen Dalton. Sin duda fue provindencial la aportación de nuestro amigo, porque Atticus ya tenía pensado dedicar este luneando a una voz femenina, pues cayó en la cuenta de que habían pasado pocas por esta sección. Recordamos por ejemplo la deliciosa versión del “Dance me to the end of love” de Leonard Cohen     ( se acuerdan, la canción más bonita del mundo), por  Madeleine Peyrroux. Con lo cual, hemos decidido despedir el otoño de la mano, o más bien “de la voz”, de una cantante especial Eva Cassidy.

Nos sentimos agraciados en Innisfree por poder dar a conocer ( a quien no la conozca) la magia de esta voz tan versátil e imponente, que podía cantar de todo, blues, jazz, soul, pop, incluso bossa, imprimiendo el exacto toque de emoción. Capaz de ponerse en la piel de Sara Vaughan, para luego irse a la de su adorada Ela, interpretando cualquier standart de jazz. O clavar una canción folk al estilo de Joni Mitchel con igual brillantez.

Memorables son sus interpretaciones del “Over the rainbown” ( a la altura de Judy Garland), o de ese clasicazo llamado “At last”( sin que nada tenga que envidiar a Etta James), del “Time is a healer”, o del “Summertime”( a lo Nina Simone). También temas pop, con preciosas versiones del “Imagine” de John Lennon, o del “Fileds of gold”.

Atticus quedó deslumbrado por esta voz gracias a los “Diálogos tres” de Ramón Trécet y a la insistencia de un amigo que no se suele equivocar, y que le descubrió igualmente el “Songbird”, álbum editado dos años después de su muerte que reúne las versiones más destacadas de Eva.

No solo Atticus, grandes de la música como Paul Mcartney, Eric Clapton o Sting ( que reconoció haber llorado al verla interpretar el “Fields of gold”) se han rendido a la evidencia de su voz.

Se trata de una artista renacentista, cantante, guitarrista, dibujante, pintora. A los nueve años ya tocaba la guitarra, y tuvo como primeras influencias a Bob Dylan y Pete Seeger. Ya en su juventud encontró a Chris Biondo, ingeniero de sonido, que la dio a conocer, y ahí empezó todo. Recuerdo los programas de Ramón Trecet, que hablaban de su extrema timidez y su desinterés por el éxito multitudinario, valores a destacar en un mundo lleno de arrogancia y de ego.

Pero los mejores siempre se van prematuramente, y Eva nos abandonó  a la edad de 33 años tumbada por un maldito cáncer de piel. En una última y emotiva actuación interpretó el “What a wonderful World”.

Sin duda, traemos hoy un personaje misterioso, una voz que se ha convertido en leyenda con el paso de los años. Recuperar voces como la de la estadounidense sirve para poner a salvo al respetable de epidemias estilo “Operación triunfo” o programas pseudoartísticos como “La voz”,  sensacionalistas y tendentes a la lágrima fácil, que hacen las delicias de televidentes desparramados en sus sofás, y con las neuronas relajadas. Principalmente porque lo importante en estos programas no es precisamente la música, si no conseguir audiencias a toda costa. Pero Atticus no se va meter en debate tan estéril, hoy toca saborear la voz de una enorme artista, porque es hora de que la audiencia del luneando ( que es la única que importa a Atticus)  aprenda lo que es una cantante de verdad.

Por último, la canción, el “Autumn leaves”, versión del tema francés “Les feullies mortes” de Jacques Prévert y Joseph Kosma, que ha sido interpretado por tantas voces    ( Edith Piaf, Nat King Cole o Diana Krall), y tocado por tantos genios del jazz ( Miles Davis, Chet Baker, Errol Garner o nuestro héroe patrio Don Pedro Iturralde).

Pues lo dicho, despedimos otoño con la voz eterna de Eva Cassidy…

 

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

ESPECIAL LUNEANDO (II): LAS CANCIONES INTERNACIONALES


 

Le toca su turno al resto del mundo. Y como el mundo es más grande que España, afortunadamente ( y más grande que Innisfree, claro), hemos decidido de forma democrática ampliar los hits internacionales a seis, imposible recortar (    perdón por usar tan odiosa palabra). Y nos quedamos con las ganas de pinchar a muchos más, pero para ello tenemos un año por delante…

1º) Amanda Palmer & The Grand theft Orchestra: “Do it with a rockstar”

AMANDA PALMER

Por esos coros iniciales tan Animal Collective, por esa forma tan arrogante de cantar de Amanda, y por esa perfecta progresión de la canción que nos lleva a saltar, a vibrar. Pues de eso se trata, salten, vibren con este energético pastillazo…

 

 

2º) Giant Giant sand: “Forever and a day”

giant sand

 

 

Atticus se emociona al referirse a este grupo, porque tiene todo lo que le gusta. Tenía muchas ganas de traer a esta banda de Tucson, Arizona, liderada por un genio llamado Howe Gelb, que en 2012, ha firmado el “Tucson: A country rock opera”, bajo este nuevo nombre. Sabemos que eran gigantes, pero ahora son más gigantes ( han pasado de la talla XL a la XXL). En fin, puro sabor americano. No, algo más que sabor, excelencia americana, sonido de frontera , muy hispano en ocasiones ( revísese esa delicia llamada “Cariñito”, versión de una canción colombiana).

Ya saben que a Atticus le pirran las camisas de leñador a cuadros, los bares de madera y el aire áspero y terroso de Arizona. Más de una vez ha compartido con algún coyote desorientado una puesta de sol. Es como la resurrección del sonido Robbie Robertson para el siglo XXI. Escuchar la cavernosa voz de Howe Gelb es  estar en casa al calor de una cálida chimenea , protegido del absurdo mundo exterior…

 

 

3º) Él mató a un policía motorizado: “Mujeres bellas y fuertes”

él mató a un policía motorizado

Un toque sudamericano necesario en este repaso con la aspereza de los argentinos “Él mató a un policía motorizado”. Atticus conoció a este grupazo a través de los planetas que lo citaban como uno de sus grupos favoritos. Sin duda el riff de fondo y la canción en sí nos trae a la memoria al grupo de Julian Casablancas, The Strokes. Nos gustan esas texturas voluptuosas, energéticas propias de un rock en estado puro. Y atentos a la durísima historia que encierra la canción…

 

 

3º) David Byrne & St.Vicent: “Lazarus”

david byrne&st.vicent

Tras la aspereza de los mejicanos toca terciopelo. De la mano del  elegante  David Byrne, líder de una de las grandes bandas de todos los tiempos “Talking heads”, del que poco se puede añadir. Al lado de Saint Vicent, esta artista renacentista ( toca el bajo, el piano, el theremin…) que ha colaborado con tantos ( Sufjan Stevens, Bon Iver, Arcade fire…) y que nos encandila con su dulce voz. Ambos han firmado un disco redondo “Love this giant”. Pues eso, hoy va de gigantes…

 

 

5º) Chromatics: “Ceremony”

chromatics

Añadiremos un poquito de electrónica a la mezcla, con esta agrupación tan “siglo XXI”. Una concesión a un gran amigo de Atticus, Stephen Haworth. “Ceremony”, un tributo a cierto grupo de Manchester. Gracias, Ian Curtis por tu legado…

 

6º) Father John Misty: “ Hollywood forever cementery sings”

father jhon misty

Tercer corte del disco “Fear fun”, fabuloso disco de Father John Misty, pseudónimo de Josh Tillman, ex batería del grupo Fleet foxes, grupo que nos encanta en Innisfree por su aroma folk, por la espiritualidad de su sonido. Elegimos este “Hollywood forever cementery sings” por su rugosidad, y porque es  el tema del disco donde la voz misteriosa y como distorsionada de father John Misty mejor funciona.

Fear fun está repleto de grandes hits, quizás nos quedamos con la canción con la que arranca “Fun times in Babylon”, puede ser que porque nos recuerda a George Harrison, nuestro beattle favorito. También “Nancy from now own” ( con cierto tono Bee Gees), “Writing a novel” o “Tee-Pee’s 1-12” ( ambas  puro country), y, por supuesto, “Only son of ladie’s mom”, a nuestro juicio, la canción más Fleet foxes de todas…

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

 

 

¡VUELVE UNIVERSIJAZZ!(11/12/12)

 

 

P1000569                                                                   “Orquesta vacía” ( Foto de Atticus)

 

El martes día 11 de diciembre de 2012 ( casi capicúa, ¡me cachís!), tuvo lugar un bendito evento en el sitio acostumbrado, el Aula Magna de Letras de la UCLM, que ya se ha convertido en un verdadero “sancta sanctórum” para el jazz en Ciudad Real. Si, me estoy refiriendo al retorno de Universijazz, que retoma con renovado optimismo su séptima edición ( ¡que se dice pronto!). Una legión de mariposas circulaba por la tripa de Atticus, que disfrutó como un enano. Y es que  no se equivocó, cuando titulaba la crónica del último concierto de la temporada 2011-12 (el del “David Pastor&Francesc Capella quintet”, concierto memorable ) con un elocuente “¡Hasta pronto Universijazz!”. A los que como él han disfrutado durante todos estos años de tan gloriosa cita le brillan los ojos de nuevo.

Por su mente van y vienen, como las olas del mar, o como las melodías de cualquier standart, las notas del piano de un tal Alberto Sanz, o el del citado Francesc Capella, porqué no. Recuerda la melancólica armónica de Antonio Serrano, el susurrante contrabajo de Javier Colina o la furia de las baquetas del uruguayo José San Martín.

Hacemos hueco en nuestra memoria para  la batería del provecto y también uruguayo Carlos Carli, o a esa guitarra surgida del más allá de Carlos Sandoval (¡vaya conciertazo!, inolvidable).

De voces, nos quedamos con dos voces exquisitas, Eva Cortés, Atticus aún tiembla con aquella versión de “Alfonsina y el mar” ( uno de sus temas preferidos), y con la de Sine D, esa danesa que nos dejó con la boca abierta a todos.

Y de bandas numerosas, destacamos los evocativos y divertidísimos conciertos de ese fantástico combo llamado Mastretta, o de aquella Big Band, “The Missing Stompers”, que parecían recién salidos de una máquina del tiempo procedentes de Nueva Orleans.

En fin, Atticus se emociona, siente, y le da mucha rabia dejarse en el tintero a tantos y tantos músicos esenciales y especiales que han hecho las delicias en estas seis ediciones. Muchos otros músicos  afortunadamente alimentarán esta nueva edición. Solo me queda gritar, al estilo de Fernando Argenta : ¡ VIVA EL JAZZ!

(11/12/12) PATÁX

Qué creían que no iba a decir nada sobre el grupazo que regaló nuestros oídos en esta esperada reanudación del camino de Universijazz. Ese día 11 del 12 de 2012 tocaron en el Aula Magna de Letras de Ciudad Real…

“LOS SIETE MAGNIFICOS”

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                                                          “Los siete magníficos”( Foto de Atticus)

En formación de septeto, un colectivo sonoro llamado “PATÁX”, apareció en escena bajo una lluvia de aplausos que con el correr del tiempo se convirtió en tormenta. Primero, las presentaciones: En la percusión, Jorge Pérez, el jefe del grupo, aparte de forofo confeso del Rayo; Al bajo, Carlos Sánchez ;al saxo tenor, Fabrizio Scarafile; a la guitarra, Marcos Collado ; Valentín Iturat,a la batería ( se le recuerda de otro concierto de Universijazz, pero no damos con él); Roberto Pacheco al trombón ( Atticus pensó en algún momento del concierto que se trataba del mismísimo Dizzy Gillespie), y, finalmente al piano , un conocido ya de Universijazz: Federico Lechner.

El arranque, un espectáculo, el silencio reverente se convierte en música, en exuberancia sonora, en alegría. Suena “Sin postre”, y el saxo toma el mando, pero se lo cede gustoso a los timbales, Jorge se marca un solo que nos habla de su entrega, lo da todo. Y es que todo es colectivo en PATÁX. El público vuelve a estallar de euforia con el cierre del primer tema.

El segundo tema, “El bandorrón”  comienza con un suave solo de saxo muy Coltrane. Pero hay un hueco para las cadencias rock de la mano de la guitarra, que suena esplendorosa. En la tercera composición “El tiburón”, el saxo llora el “Resolution” del mencionado Coltrane, con resonancias flamencas. Jazz racial, música en estado puro. El bajo se desmelena y se marca un solo aflamencado que hace las delicias.

Con el cuarto, “Barola”,de primer plato, un melancólico solo de guitarra que nos hace acordarnos de un tal Pat Metheny. La guitarra se pierde hacia el funk, pero todo tiende al jazz.

Ya perdemos el hilo de los temas, todos los músicos brillan con luz propia y la música se convierte en un ser vivo. Estos siete magníficos nos llevan a un dulce naufragio de sonidos. Qué decir de los solos de Jorge a las congas, o de los de la sección de metal. En la última composición el piano suena a un espiritual.

Patáx es mucho más que jazz flamenco, es latin, es funk, es esencia de la música, talento puro y duro. Gracias Universijazz, una vez más por hacernos la vida más feliz, por servirnos esta ración de vitamínico prozac, y cambiamos la consigna: ¡ VIVA  UNIVERSIJAZZ!

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

 

“Tracklist”:

1º) Sin postre.

2º) El bandorrón.

3º)El tiburón.

4º) Barola.

5º) Dani se fue.

6º) Nariz de reno.

 

* Todas son composiciones de Jorge Pérez

Más información sobre el grupo en: http://www.patax.es

Aunque sabemos que no es lo mismo que disfrutarlos en directo, pero rescatamos una actuación en vivo de Patáx, interpretando esa explosión de sonido con la que se despidieron en Ciudad Real, “Nariz de reno”,disfrútenla…

Otras entradas de Innisfree  relacionadas con el jazz y recomendadas:

* ¡Hasta pronto Universijazz! ( 21 de Abril de 2012)

* Afrocubismo ( 7 de Junio de 2012)

* María,María ( 8 de junio de 2012)

* Pedro Iturralde en Clamores: la grandeza de la sencillez ( 4 de septiembre de 2012)

* Haikusicales ( 6 de septiembre de 2012)

* La amnesia de un sueño ( 1 de diciembre de 2012)

* Luneando ( XXII): Red Garland ( 3 de diciembre de 2012)

ESPECIAL LUNEANDO (I): LAS CANCIONES NACIONALES

 

Se acercan las dichosas fechas de navidad, y la navidad no solo llega a sus hogares, también llega a Innisfree. En navidad los humanos y también los innisfritas tenemos la dichosa costumbre de hacer recuento de todo, de los pecados que hemos o no hemos cometido, de los cigarros que nos hemos fumado, de los libros que hemos prestado y que nunca recuperaremos. Con ese inevitable afán de recuento, presentamos una edición especial  de Luneando, con una selección de tres canciones nacionales que nos han llegado especialmente en el año que se despide, justificándolo como procede. Ahí va. De acuerdo que podrían haber sido otras canciones y otros  grupos, pero Atticus propone estas canciones y estos grupos, e invita al debate a todos los visitantes intrépidos de los luneandos…

1º) ESPANTO: “Rock’n roll”

Esta canción da nombre al último disco ( publicado por el valiente sello Austrohúngaro) de este dúo riojano de pop-rock . La escogemos  porque nos parece un enorme hit con claras resonancias de la Velvet, que nos recuerda también a grupos nacionales muy queridos aquí como Klaus&Kinski  (¿Rocanrolear?), o El columpio asesino ( quizás por ese ritmo constante y machacón de fondo).

Asimismo, el disco ha contado con la colaboración de Hidrogenesse, otro grupo nacional con el que pueden compartir tono surrealista y capacidad para la transgresión, cualidades éstas muy valoradas en tiempos tan sosos y mojigatos…

 

2º) TÓRTEL: “Entonces sí”

Una propuesta totalmente distinta a la anterior, pero no por ello de menor calidad, los valencianos Tórtel, que firman una de las canciones más hermosas del año: “Entonces sí”. Un grupo que hace una música sencilla, emotiva y sin muchas pretensiones, a fuerza de guitarra y de corazón. Me quedo con esa rima, que precisamente contiene la emoción de la sencillez: “Yo quiero estar contigo siempre, y eso es suficiente…”

 

 

3º) LOVE OF LESBIAN: “La noche eterna”

 

Finalmente tenemos el gusto de pinchar  a un grupo consagrado, los catalanes Love of Lesbian, a los que Atticus viene escuchando desde aquel genial “Maniobras de escapismo”. Con su último disco “La noche eterna, los días vividos” logran su cumbre creativa y confirman más si cabe su sonido propio, único, que hace que identifiques sus canciones bastando unos cuantos segundos.

El disco consta de dos partes, la primera, nos cuenta todo lo que puedes llegar a vivir durante la noche, y la segunda todo lo que dejas de hacer por vivir en la noche.

Seleccionamos del disco “la noche eterna”, ocho tremendos minutos que comienzan con un ritmo sosegado que va creciendo de forma progresiva gracias a la prodigiosa voz de Santi Balmes y a los perfectos efectos sonoros de fondo.

Sin duda, aquí en Innisfree pensamos que es el tema nacional del año. Y, transcribimos su inicio, porque otra cuestión a tratar respecto a Love of lesbian son las letras, que a veces se convierten en verdaderos poemas cantados: “Me hundí en la noche, y el placer fue infinito y tan oscuro que pensé tejer mi bandera con un círculo de estrellas. La luna en un rincón. Te has convertido en mi nación y yo eclipsado soy un faro a pleno sol”.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez