CUENTOS DE OTOÑO (IV): DOLOR DE MUELAS

 

                              “El universo es fortuito, moralmente neutro y enormemente violento.”

                                                                                                           (Woody Allen, “Septiembre”)

 

 

 

                                 “¿Un tirito?” (Julio Martín)

Todo empezó con un agudo dolor de muelas. Sentía un zumbido intenso en mi oído izquierdo. Los sonidos se intensificaban a mi alrededor, imbuyéndome en una extraña sensación de irrealidad. Presa de la ansiedad cogí un pañuelo dispuesto a terminar con todo.

Metí mi mano en la boca, la seda del pañuelo rozaba mis encías, que palpitaban al compás de mi maltrecho corazón. La muela estaba encajada en un pequeño espacio. Y, sin más, tiré y tiré con todas mis fuerzas. Lloraba de impotencia y de dolor. La pieza cedía y yo escupía sangre y más sangre a borbotones. Al final acabó de salir. Un reguero de sangre la acompañó.

Cautericé la herida con unos tragos de vino. Mis ojos lloraban. Un extraño calambre culebreó en mi brazo  izquierdo. Yo lo atribuía a mi estado de nervios. No lo aguantaba más, era como si tuviera hormigas bajo la piel.

No lo pensé mucho, cogí la maza y me destrocé los huesos del brazo. Tuve que morder un paño liado para silenciar mi dolor. El brazo penduleaba inerte sin gobierno alguno.

Pero todo esto no acabó ahí, porque el zumbido de mi oído izquierdo seguía castigándome. Presuroso, cogí la cuchilla de afeitar, la afilé  con diligencia, y pensé en Van Gogh y su desdichada oreja.

Así con firmeza la cuchilla con mi única mano sana, la derecha. No pude estirar la oreja para facilitar el trabajo, pues mi otro brazo estaba inútil. Con lo cual, rasgué poco a poco la carne tierna de mi oreja. Mientras avanzaba, mi mano se teñía de púrpura y la sangre descendía inexorable camino del suelo.

Por fin, creí librarme del dolor. Todo requiere un sacrificio en esta vida. Intenté cortar la hemorragia de la oreja, pero la sangre era imparable. Me estaba desangrando.

Los sacrificios realizados no habían servido para nada, la cabeza me ardía como una caja llena de explosivos.

Me aproximé a la vitrina del salón a por el revólver. El camino recorrido me había conducido a ese momento y a ese revólver.  Lo encañoné en mi sien derecha, cerré los ojos con fuerza y apreté el gatillo. Salí disparado para atrás y acabé sumido en un cálido y sanguinolento charco de huesos, vísceras, cartílagos y sesos.

Ahora, por fin, todo está tranquilo aquí, aunque el precio fuera alto, conseguí vencer al dolor.

                                                                            Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

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7 pensamientos en “CUENTOS DE OTOÑO (IV): DOLOR DE MUELAS

  1. Atticus!!!
    Excelentisimo relato, cuando se empezo con lo del brazo, todo fue de mejor en mejor, la manera decadente y autodestructiva del personaje y como se desenvuelve…. Me encanta.
    Y esa es una de mis peliculas favoritas, y por supuesto el actor.
    Ame este post
    Un beso!

    • Gracias, Marlene, eres un encanto, y la cita de “Septiembre”, gran película, muy otoñal. era perfecta, también la escena de “Affliction”, me encanta esta película y sus actores, recuerdo que en un debate bromeaban con la escena insinuando que Nick Nolte, un hijo del “Actor’s studyo” podría haberse sacado de verdad la muela. James Coburn también está impresionante. Un beso bien gordo!

  2. Señor Atticus,vuelve ustad a ponerme el vello de punta.Sabe de mi gusto por los escritos capaces de ponerle la carne de gallina a uno, y tiene usted un don para ello (para regocijo mio…y de muchos).

    Directo e intenso como el dolor que narra y sin concesiones a la imaginación, creo que puedo vislumbrar aquí (si me permite la licencia) su simpatía por autores como Cormac Mccarthy. Personalmente, tambien encuentro cierta similitud con Joel Rose y su “Deprisa”. Y ese guiño (supongo que premeditado) al Señor Rubio…qué decir.

    El final ciertamente le deja a uno casi con olor a pólvora en la nariz.

    Le dejo de nuevo mi felicitación por este gran relato (desde la cabecera hasta el video) y mi ánimo de que siga adelante con el buen hacer del blog.

    Un abrazo fuerte, sin que le llegue a doler.

    • Si, los guiños a veces surgen de manera inconsciente consecuencia de las cosas que tenemos dentro de la cocorota. Celebro que introduzca el posible guiño porque pronto en Innisfree habrá noticias al respecto, tachaaaán!!!,…, Cormack Mcarthy, palabras mayores, creo que el escritor actual con la prosa más limpia y a la vez emocionante, cristalina, transparente, como ver correr el agua de un arroyo, tú lo sabes.
      En fin, espero que esta vena macabra siga acompañando a mi mano izquierda cuando me ponga a escribir, veo que tiene muchos adeptos, un abrazo terrible, pero de terrible ternura, como los de César Vallejo.

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