TASIO Y EL ÁRBOL MÁGICO

 

Este cuento fue seleccionado dentro de la publicación de un libro de cuentos del VII Premio internacional de cuentos Fundación Anade año 2011

 

 

Javier Hernández Fernández-Bermejo ( 5 años)

 

Tasio era el tonto del pueblo, ni más ni menos. Cualquier comentario suyo, por mínimo que fuera despertaba la hilaridad o la crueldad del hospitalario pueblo de Monterroso. Tenía el pelo ralo, como cortado por un cortacésped, la cara enjuta, los ojos bizcos, la mirada perdida y su gesto lo remataba con la boca abierta, a veces perlada por un hilillo de baba.

Pero la gente le quería, a su manera. Vivía en la casa parroquial junto al cura, Don Anselmo, que lo había acogido en su seno, dado que no tenía padre ni madre conocidos. Se había criado como expósito con las monjas de la congregación “Descalzas de los pobres”, que le habían procurado un mendrugo de pan diario y una cama hasta su juventud.

Tasio se despertaba al amanecer, con una disciplina casi marcial, pero lo hacía maquinalmente, como un autómata pues no tenía a nadie que le obligase. En la cocina le esperaba Doña Edelmira, una viuda de carácter fogoso  que se ocupaba de las labores domésticas, con una rebanada de pan con mantequilla y un buen tazón de leche caliente.

Nada más concluir su desayuno, se iba a vagabundear a la plaza con los muchachos del pueblo, con el único encargo de comprar el pan en casa de Emiliano. Estaba acostumbrado a la soledad y a que le dieran de lado, pero lo asumía con naturalidad. No se compadecía de sí mismo, le habían acostumbrado a ser fuerte y él lo era. Pensaba entonces en lo que le decía la hermana más querida, sor Adriana, << Tú tienes la mejor compañía que nadie puede tener, la del Señor, que quiere a todas las criaturas de este mundo, y especialmente a las que son como tú >>.

Cierto día deambulaba distraído por la plaza, cuando unas muchachas le increparon:

–         ¡ Caramba, Tasio qué pelo más bonito! – mientras se lo acariciaban.

Tasio se complacía, pero de repente, una exclamó:

–         Si parece que te lo ha lamido una vaca.

 

Todas prorrumpieron en risotadas groseras y Tasio huyó desconcertado hacia el fondo del bosque en busca de soledad. Allí, halló, de repente, un roble abandonado ideal para descansar la espalda. Entonces reparó en que en su cavidad había un bulto dentro de una bolsa. De primeras le repelió, pero se decidió a abrirlo.

Halló dentro de la bolsa una figurita de madera exquisitamente tallada que se parecía a él, lo cual le indujo a pensar, dentro de su limitado cerebro, que iba dirigida a él. No reveló a nadie el descubrimiento, pero las visitas al mágico árbol se repitieron. No todos los días le dio frutos mágicos. Unas canicas, una preciosa leontina de plata con un reloj, una pistola de juguete, o un parche de pirata fueron otros días sus hallazgos.

Un día, se encaminó como de costumbre a su árbol favorito. Una intensa luz emanaba de su interior. Miró curioso y cambió su expresión de asombro por una mueca de alegría.

Inconsciente, pero con una sorprendente resolución se precipitó hacia sus entrañas, y éste lo aceptó con un dulce e inefable abrazo. Nadie supo más de Tasio, aunque todos se consolaban diciendo << Seguro que ha pasado a mejor vida, pobre angelito>>. Fue un misterio y una conmoción su desaparición en la vida del apacible pueblo de Monterroso. La noticia trascendió incluso a la capital, pero las investigaciones no condujeron a nada.

Lo que si es seguro es que el roble sigue erguido majestuosamente, riéndose del mundo en el frondoso bosque de Monterroso.

 

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

* Hoy 11 de octubre, ¡Si cumplimos seis meses!, de momento “the way to innisfree” gatea, pero pronto caminará con la ayuda de todos vosotros. Reitero las gracias que por error anticipé a los cinco meses. Y para celebrar tan gozosa fecha contamos con la colaboración de un brillante y precoz ilustrador muy querido en Innisfree, Javier Hernández Fernández-Bermejo, con cinco preciosos años de carrera.

 

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7 pensamientos en “TASIO Y EL ÁRBOL MÁGICO

  1. El cuento es de lo mas chevere, me recordo un tanto a To kill a mockingbird cuando descubren los tesoros en el arbol. Lo escribiste tu?

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