CUENTOS DE OTOÑO (I): DOS YONQUIS Y EL AMOR

 

 

 

La aguja  se detuvo, caprichosa, por enésima vez. Estaba  colocadísimo y mi cabeza daba vueltas como el tocadiscos. Me senté en la silla y agité desesperado una botella de vodka de encima de la mesa, no había ni gota.

Fui al lavabo y casi le piso la cabeza a Estela, que yacía en el suelo, con los ojos cerrados y una expresión a la vez serena y alucinada.

Estaba rodeada de una mugrienta pasta amarillenta, pareciera que hubiera echado la bilis. Al verla, invadió mi mente un olor nauseabundo y corrí para enfrentarme a la taza.

La levanté del suelo, era ligera como un junco. Su cuerpo era etéreo, como si levitara. Me acuerdo la primera vez que la vi, tenía un pelo precioso y largísimo, casi le llegaba a las rodillas. Le daba un aspecto de gitana. Recuerdo las tardes en mi cuarto hinchándonos a porros, yo me recreaba en sus tobillos, era lo que más me gustaba de ella, sus dos tobillos. Le regalé una de esas pulseras que se ponen allí, en los tobillos, y yo los  acariciaba como un estúpido . No me importaba que sus pies estuvieran sudados , a veces, era mejor, venía con los pies sudados de clase de tenis y eso me excitaba, comerme sus dos tobillos sudados era un perfecto preliminar antes de hacer el amor, me la ponía muy dura.

Ahora la observaba ahí postrada y me daban escalofríos. Para combatirlos me hice una rayita, necesitaba acción. La tendí en el sofá y me puse a jugar. La acaricié el pelo y le hice cosquillas, opuso cierta resistencia, lo cual quería decir que aún estaba viva.     

Bajé por la cintura y besé su ombligo hasta llegar a su sexo. Olisqueé como un perro en celo, la coca me había puesto cachondo. Desistí, porque no quería romper su serenidad.

Descendí hacia mi fetiche particular, sus tobillos. Lo había dejado para el final, como si fuera mi postre particular. Le quité los calcetines lentamente e inhalé el perfume de sus pies sudados, como si estuviera aspirando plata. Un subidón . Masajeé sus pies, una y otra vez, los tenía como dos témpanos y estaban amoratados.

Cuando se fue el efecto de la coca, recuperé la sensación de realidad. Pero me faltaba el final, sus dos tobillos.

Observé horrorizado que estaban taladrados por un rosario de agujeros, amoratados. Pensé en lo importantes que habían sido para mí esos tobillos, los besos que les había dado, lo que había fantaseado con ellos, no podía creerlo.

“Debí haberlos asegurado, como el culo de la puta latina esa”, bromeé amargamente. Si Miguel Ángel los hubiera conocido hubiera quedado fascinado, creedme. Pero ahora se habían convertido en dos moratones amorfos propios del museo de los horrores.

Cogí los calcetines a prisa para taparlos, no quería retener esa imagen en mi mente, prefería el recuerdo. La libido me había bajado vertiginosamente gracias a esas dos costras indecentes.

Me levanté, me dirigí a la mesa, donde había dejado el tocadiscos. Cambié el disco de los Beach Boys, que me tenía un poco rallado y elegí a Jarvis, que cantaba su “Something changed”(*).

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

(*) “Something changed”: En español, “algo cambió”, canción de Pulp.

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12 pensamientos en “CUENTOS DE OTOÑO (I): DOS YONQUIS Y EL AMOR

    • Si, si, Atticus prepara mucha buena música, poesía, cuento, cine, ¡quien da más!, dímelo, que lo elimino…, así que espero tus visitas, la puerta está abierta, pasa sin llamar, pero cierre al salir, un saludo!!.

  1. Vaya!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    Un relato escalofriante, excitante y real al mismo tiempo….
    El paso del tiempo lo marchita todo y si ayudamos a ello con estupefacientes …peor nos lo ponemos…Ahí queda la libertad de cada uno de permanecer en el tiempo tal como fuimos o marchitarnos de forma anticipada.
    Saludos para todos.

  2. Lo escribiste tú?
    Es una obra maestra, expresa tanto…. en tan poco espacio, me gusta, me gusta mucho.
    Gracias por traerme hasta aqui.
    Besos y abrazos desde Vnzla.
    Marlene I. O

    • Muchas gracias, Marlene, Atticus está realmente azorado…si, lo realmente difícil es expresar emociones en pocas palabras y creo que es la virtud del texto, y el acompañamiento musical del gran Jarvis es perfecto,…, en Innisfree te recibimos con los brazos abiertos y esperamos nuevas visitas, un beso muuuuy gordo!

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