PEDRO ITURRALDE EN CLAMORES: LA GRANDEZA DE LA SENCILLEZ

 

(31/ 8/ 2012)  Madrid, Sala Clamores…

 

Fotos de Atticus

Pedro Iturralde es un hombre provecto, un niño prodigio de más de ochenta años, que disfruta como si fuera el primer día con un saxo, o con un clarinete entre sus manos. Las explicaciones que preceden a los temas abruman por su sencillez, por su sentido didáctico y por una absoluta falta de presunción. Resulta candoroso escucharle cuando cuenta sus inicios en la banda de su pueblo, Falces, en Navarra. No nos habla del Blue note, ni del Black hawk, o de otros templos del jazz, no, nos habla de la banda de su pueblo, porque ahí empezó todo. Ahí conoció las posibilidades del jazz más allá de su formación eminentemente clásica.

Estos días ha visitado Madrid, en concreto una de sus salas más queridas, Clamores, en formación de cuarteto, junto a tres amigos, entre los que destaca, otro hombre provecto, el uruguayo Carlos Carli en la batería.

De intro, antes de que aparezca el maestro, “I feel fine”, verdadera declaración de intenciones. De repente, la música de los aplausos anuncia la llegada. De primero, un ,Medley en el argot del jazz,  o un “popurri”, es decir una mezcla de varios temas. La banda nos lleva a los primeros tiempos del jazz, a los años 20 y 30, a la quinta avenida, a New Orleans, a tantos sitios. Artie Shaw, Benny Goodman y George Gershing en uno, quien da más. Suenan las notas de la elegante “Summertime”, y Don Pedro cierra con el standard genialmente interpretado por el bueno de Fred Astaire, “I got rythm”.

La siguiente parada de este viaje musical nos lleva a Lisboa. El maestro nos explica que este tema lo compuso en una gira que hizo con dieciocho años, que le llevó por Lisboa, Tánger o Casablanca. Nos cuenta, sin muchos aspavientos que para entonces ya sabía que su vida era la música, y que en Tánger le llamaron de la península porque tenía que hacer la mili como el resto de los mortales.

Luego, toca el turno de la canción francesa “Las hojas muertas”, a los aficionados al jazz les sonará más “Autumn leaves”, bello clásico interpretado por tantas figuras del jazz.

Y para el final de una intensa primera parte, nos vamos a Grecia, con una de sus composiciones más famosas, “Suite Hellenique”. Un piano machacón nos acerca a ritmos del Este, luego el suave silbido del clarinete nos va llevando poco a poco a cadencias del jazz, la amalgama se va produciendo por arte de magia.

 

 

El cuarteto

 

Tras un descanso más que merecido, la segunda parte se abre con un tema de Miles Davis, que nos mete de lleno en el sonido jazz, esa vibrante poesía del diablo, ese frenesí hecho música, donde los músicos se encuentran, se desencuentran, y terminan reencontrándose en la melodía. Estos músicos nos descubren que el jazz es un trance, un vértigo de sonidos, un puñetazo emocional que impacta en mitad del corazón y del cerebro.

La batería serpentea y encadena con el siguiente tema, la sangre hierve, esto es jazz, hemos olvidado la tierra firme y flotamos dentro de un pentagrama.

También hay tiempo para un tema de la tierra. Don Pedro continúa con sus enseñanzas, con sus explicaciones precisas y preciosas, y nos habla de Navarra y de Euskadi. Nos toca cruzar el charco, estamos en Argentina, en compañía del gran Astor Piazzolla.

Obligada referencia a la música patria, Falla y su fuego fatuo suenan en forma de nana y arrullan al entregado público. Aún nos queda gasolina para ir a Francia, “Himno de amor” de la inmortal Edith Piaff, con toques muy bluseros, y un pequeño guiño final a la “Vie en rose”.

Y hablando de guiños, otro guiño acostumbrado,  “Madrid”, de Agustín Lara. El público está totalmente entregado, a gusto, “In heaven”, como rezara ese otro standard inmortal, el “Cheeck to cheeck”. El rey se sienta en el trono del piano y nos regala el “Zorongo gitano”.

Han pasado más de dos horas, pero el público quiere más. El mágico cuarteto se vuelve a reunir para algarabía del respetable. Brillante final de fiesta, “Oleo”, de Sonny Rollins, precisamente un coetáneo según nos cuenta Iturralde. Para el que esto escribe uno de sus temas preferidos de toda la vida, donde el saxo se luce a base de intensos fraseos.

En fin, que más vamos a contar, historia viva, el mejor músico de jazz español en vida, que tiene la humildad del genio. Igual que Antonio López puede hablarnos sobre los colores o la luz en “ Las Meninas”, Pedro Iturralde  puede contarnos los compases del “On  green Dolphin street” o del “Fuego fatuo”, con un cariño y un amor por su trabajo, la música, que estremecen.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Aquí traemos la parte final de esa portentosa mezcla de jazz y sonidos orientales llamada “Suite Hellenique”, y, como guinda, la nana-canción del fuego fatuo de Manuel de Falla, dos joyas imantadas de arte, disfruten del genio en directo, sencillamente ¡ Apoteósico!…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s