LUNEANDO (XIII): MICA P. HINSON

MICA P HINSON: “Beneath the rose”

Hoy, dentro de la estación de la melancolía, traemos el “Beneath the rose”, preciosa canción de ese díscolo cantautor americano con  voz cavernosa que choca con su imagen de niño bueno gafotas. Un tipo con pasado conflictivo que pasó por un infierno de drogas, alcohol y cárcel, pero que con la música encontró su plegaria. Un tipo cuya voz en ocasiones parece el llanto de un coyote en la frontera mejicana, ese es el gran Michael Paul Hinson, el que escribe lo pudo comprobar en un memorable concierto en la madrileña sala Heineken hace ya un par de años. Presentaba su, hasta la fecha, último disco, el “Mica P. Hinson and the pyoneers saboteurs”, y desafió la prohibición antitabaco recién estrenada encendiendo un cigarro tras otro en una conspicua pipa cada vez que tocaba un tema. Para Noviembre de este año está previsto el lanzamiento del que será su nuevo disco “Mica P Hinson & The Lonesome”, que presentará en gira por nuestro país.

En Luneando tiramos de archivo y nos quedamos con la melancolía de “Beneath the rose”,  tema  del “Gosspell progress”, junto al “Ópera Circuit”, su mejor álbum, disfruten de la poesía que destilan la música y  las imágenes…

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

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“EL INVIERNO DE PABLO” ( Chico Pereira; 2012)

 

                                                                   Pablo & Jose

 

 ” …sí, en algún momento del camino me entregarían la perla.”

( Jack Kerouac)

 

Las brumas coronan la vetusta torre de San Joaquín, bajo un cielo nublado y plomizo brilla oscura la herrumbre de las minas de Almadén. Podrían haber sido otras, pero estamos en las minas de Almadén, las gotas del mercurio, que desciende untuoso y majestuoso, nos lo dicen.

Allí vive Pablo, y allí vive el invierno de su vida junto a Jose, su mujer, su amor, su compañera de viaje, que clava un papel inmenso. La mirada de Pablo es una mirada pura, diáfana, vacía de cualquier pretensión. Su gesto mínimo conmueve por su autenticidad.

Las horas pasan lentas en el cuarto de estar de Pablo. El silencio pasa y pesa, espeso, y queda la llaga del tiempo. La cámara se mete en su casa, en las entrañas de su cotidianeidad. Salimos a la calle y los ecos de las máquinas taladradoras martillean nuestros tímpanos. Visita obligada al médico ( “la mujer que se ha empeñao”) que nos informa de su historial de infartos ( “que yo sepa cinco”). Hay que dejar de fumar, pero Pablo protesta, “para un placer que me queda”. 

El invierno de Pablo es también el invierno de Almadén, cuya luz agoniza. Un excelente y limpio blanco y negro potencia la fotogenia de muchos de sus rincones. También hay memorables planos de interiores, como aquel en el que vemos reflejados los fotogramas de un western sobre las fotografías familiares, “un hombre nunca está solo”, reza uno de los tipos.

Multitud de escenas conforman un fresco  costumbrista de la vida del pueblo: Las de la hoguera de San Antón, con ese plano frontal del cura dando la bendición que nos remite al cine de cierto autor italoamericano . Las caras y la música de la banda de fondo nos recuerdan a Fellini.

La escena del baile del día de los enamorados es especialmente tierna, quizás la única en la que Pablo esboza algo parecido a una sonrisa. Las del campo junto a su compañero de fatigas son directamente naturalistas. Esos planos con la casa a oscuras y la luz del exterior recortada por la puerta, o aquel en el que ambos conversan, con la lluvia de fondo, tienen algo de cine oriental. 

Las más emotivas, sin duda las de la bajada a la galería de Pablo y su mujer. Hay un hueco para “el mercadillo” o para el tradicional juego de bolos. No podemos olvidar sin emocionarnos esa imagen frontal de Pablo hojeando recuerdos y reivindicando la dignidad del minero.

Al final, un nudo en la garganta, “Santa Bárbara bendita” suena como un himno vibrante, un monumento, un homenaje perenne a la figura del minero, símbolo nostálgico de un pasado  perdido. Una bandada de pájaros rodea, con su vuelo, el pozo de San Joaquín, que aparece nuevamente en un plano deliciosamente estético.

En suma, una historia tan universal como la condición humana, que nos habla del implacable paso del tiempo. Pero también local, las imágenes tienen la magia de captar un paisaje emocional, al hombre y al minero. Son la imagen congelada de un pueblo minero, de su brillante decadencia.

Por último, no podemos dejar de referirnos a la relación entre Pablo y el niño con pelo de caracoles. Ahí se refleja el paso generacional, la necesidad de ir hacia delante, a pie o en bicicleta. La deslumbrante escena en la antigua casa de la escuela de minas, ya en ruinas, con la pizarra de fondo, engarza pasado y presente.

Antonio López, hablando de “Las Meninas”, decía que se podía ver el aire en este cuadro, pues bien, Chico Pereira ha captado el aire  petrificado de Almadén, un aire lleno de nostalgia y de olvido, pero también de esperanza.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Hoy es un día especial para Atticus, un enjambre de mariposas revolotean en su tripa, haciéndole cosquillas, ésta es la película de un gran amigo con el que ha compartido y comparte muchas pasiones, suerte Chico y ¡ a por la perla!…

pablos-winter

LUNEANDO (XII): CRY BABY

OTOÑO EN LUNEANDO

 

A quien la primavera les yermó y rompió el corazón el otoño se lo cura”

                                                                                 ( HANNAH ARENDT)

 

El final de septiembre se tiñe de melancolía en Luneando, pero es la melancolía tal como la definió el genio canadiense Leonard Cohen “la alegría de estar triste”. Porque la melancolía también puede ser el motor de nuestras vidas, inspirar nuestros actos.

Septiembre es el mes favorito de Atticus , es un mes de reencuentros, donde nacen nuevas esperanzas, nuevas metas, nuevos amores.

El otoño nos sorprende cuando aún paladeamos el recuerdo encendido del verano. Recordamos aquellos granitos dorados de arena que, como pepitas de oro, como pequeñas partículas de nuestra memoria, abrasaron las plantas de nuestros pies.

Vivimos en la resaca del recuerdo salado del mar, escuchamos confuso en nuestro subconsciente el cántico eterno que traen las olas y, entonces, de vuelta  a la realidad ,el oro de una crujiente hoja otoñal despierta nuestros sentidos y sustituye sin reproches el dorado de la arena.

¡ Es otoño en Innisfree!, el verdor casi irreal de sus míticas praderas es más verde aún, está más vivo, más latente que nunca…

Para abrir esta repentina temporada de otoño en Innisfree, hoy traemos a Cry Baby, si, como suena, llorón. El nombre quizás sea tomado de aquella película del iconoclasta John Waters de 1990, donde el llorón no era otro que Johnny Deep. Atticus ha caído rendidamente enamorado de una canción de este irlandés, cuya única ambición desde su nacimiento fue la de ser músico. Una canción que se regodea en la nostalgia, en la angustia del amor perdido “cuando las luces se apagan” y ya solo nos quedan los recuerdos. Los críticos le han comparado con Roy Orbinson, con Jesus&Mary chains o con los mismísimos The Smiths, Atticus se acuerda de la voz de otro de sus crooner favoritos que toca su fibra sensible y que como el irlandés está lleno de melancolía, Richard Hawley. También se acuerda del dandy Rufus Waingwright en algunos momentos , en fin disfrutemos de esta maravillosa canción tan otoñal,  “When the lights go out” de Cry baby…

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

LA VISITA

Abrió el capó del garaje con su mando a distancia. Su flamante mercedes serie A estaba algo sucio, después de la batalla de toda la semana. Lo arrancó, mirando melancólicamente la pulcritud de los asientos traseros, vacíos ya de migajas de gusanitos, de palos de chupa-chups, y otros restos de chucherías. Desde la separación ningún niño había pisado ese coche y la asepsia del habitáculo le resultaba ahora asfixiante.

Ya en el exterior orientó la manguera contra su bonito mercedes y le dio una merecida ducha. Era domingo y le tocaba visitar a su madre. Del gesto adusto de su cara se podía deducir que no era la cosa que más le apeteciera en ese momento, pero alguien tenía que hacerlo.

Él era el único de los hermanos que vivía cerca del pueblo donde se ubicaba  la residencia de su madre. La decisión, tomada hace ya varios años, era irrevocable, pues no podía valerse por sí misma.

Las primeras visitas resultaban duras, pero la costumbre fue apoderándose de la situación. Al principio, la presencia de los nietos atenuaba la amargura de su madre, pero con el tiempo dejó de reconocerlos, incluso de reconocerse a sí misma. Con lo que ahora, la separación con su mujer no era ya un problema, ya que no reconocía ni a sus nietos.

Cogió la carretera estatal hacia de la residencia. Caminando por el lado salvaje, entonaba un tal Lou Reed en el flamante MP3. “tuturú, turú, tuturú, tuturú,turú, tuturutú,…”, cantaba juvenilmente, transportándose a aquellos maravillosos setenta dónde él y sus colegas querían cambiar el mundo, pero el mundo había terminado pasando por encima de ellos.

-¡Maldito cabrón!- Vituperaba, exaltado a un conductor que realizaba un adelantamiento imprudente.

Todo esto, el viaje, la música, los insultos le relajaban y le alejaban de sus últimos infiernos personales. Quedaban menos de cinco kilómetros para llegar a su destino y decidió parar a tomar un café y vaciar su vejiga.

Delante del café humeante, con gesto anodino vaciaba su cabeza de todo pensamiento incómodo o doloroso. Hacía tiempo que se había abstenido de la vida y no tenía energías ni fuerzas para reconstruirla. Su existencia era algo orgánico, como la de una planta, y él la regaba frecuentemente, pero con alcohol, pues en los últimos días había acudido al alcohol para intentar curar sus heridas.

Reanudó la marcha, deseoso de llegar y acabar cuanto antes. Por fin divisó una indicación del centro “ Nuestra Señora del Rosario”, a 300 metros. Se adentró por un camino que concluía en una verja. Tuvo que bajarse a regañadientes para abrir la verja.

Tocó el timbre, y allí apareció Sor Carmen, con una dulce sonrisa en su cara. “Como podrá esbozar esa sonrisa todo el rato con el panorama que tiene alrededor”, pensó para sí. Este era quizás el momento que más le desagradaba, la charla previa con Sor Carmen, en la que tenía que fingir interés por el comportamiento de su madre en las últimas fechas. Pero lo dictaban las normas sociales y había que hacerlo.

Superado el trámite pudo subir a la habitación. “toc,toc,toc”, tocó la puerta preguntando por mamá. Allí estaba junto a ella MariFé, una enfermera encantadora que dibujaba otra resplandeciente sonrisa en su rostro y que se retiró disculpándose.

-Hola, mamá, soy Alex, tu hijo, ¿Qué tal estás?

En un primer momento, ni siquiera levantó la vista, tenía la mirada extraviada, vacía de cualquier emoción.

-Mamá, soy yo, Álex, tu hijo, dame un beso- La besó, y ésta ni se inmutó.

Continuó dando un repaso a la habitación, cansado ya de una conversación futil, porque su madre no entendía nada. Era inevitable, un monstruo llamado Alzheimer estaba devorando su mente y degradando sus células nerviosas, convirtiéndola, poco a poco, en una muñeca rota.

Entonces se sentó frente a ella y clavó sus ojos en los suyos. Pudo descifrar un amago de susto en su expresión. Cogió sus manos y las apretó fuertemente, sintiendo una inefable emoción que explotó en sus ojos en forma de lágrimas.

Su madre le miró con una mirada opaca, una mirada que vestía de olvido todos los recuerdos de una vida llena de  azares, de conquistas, de sacrificios, de sueños.

De pronto, pensó, ésta es la mujer que ha besado sin pudor mi culo desnudo, me ha cambiado los pañales y se ha embadurnado de mi mierda cuando me movía.

Un súbito estremecimiento, una especie de cosquilla interior que le devolvió  a la infancia recorrió todo su cuerpo. Estaba temblando.

Se abalanzó contra su madre y la cubrió de besos, mojándole las mejillas con sus lágrimas. No se sabe si por el cosquilleo de la cara de su hijo, por los besos o por el mero contacto de las pieles, esbozó una breve, pero intensa sonrisa.

Esa sonrisa era el regalo más valioso que había recibido Álex en los últimos meses. Y entonces pensó que el amor lo puede todo, hasta la muerte.

 Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

* El 21 de septiembre es el día mundial del Alzheimer, este texto está dedicado a nuestros queridos padres, madres, abuelos y abuelas para que Dios les proteja del tormento del olvido de sí mismos.

“MARTY”( Delbert Mann; 1955 )

 

 

 

No eres bueno por casualidad, aprendes a base de sufrir, y te conviertes en un maestro del dolor.”

                                                                                                                                                                                                                            (Marty)

 Ernest Borgnine es uno de los actores secundarios del Hollywood dorado de los 50 con un aspecto más característico. Un hombre fornido, con nariz de porra, cara ancha, ojos redondos y sonrisa incondicional. Sólo la nariz partida en dos de otro grande, Karl Malden, le puede superar en popularidad. Él es Marty Pillety, el carnicero italoamericano protagonista de esta película ya histórica, porque supuso un giro al rumbo del cine americano de mediados de los 50. Estamos en la era de la televisión y Delbert Mann ( Mesas separadas, Pijama para dos,…) dirige un texto eminentemente teatral, escrito por un magnífico guionista, Paddy Chayefsky, creador de la historia que antes había sido llevada a la pequeña pantalla, donde Marty fue otro secundario de lujo, Rod Steiger.

Detrás de la elección de Borgnine para la película sin duda estuvo  su amigo y compañero de reparto en “De aquí a la eternidad”, Burt Lancaster, que aunque no aparece en los créditos formó parte de la producción de la película.

Corría 1955 y la película, contra todo pronóstico arrasa en los premios óscar, se alza con los de mejor película, director, guión adaptado y, claro está, mejor actor, desbancando a las grandes favoritas, entre ellas “Al este del edén” ( Robert Redford quizás como homenaje incluye en su espléndida “Quiz show” una referencia a Marty).

Exactamente veinte  años más tarde, en 1975 Milos Forman con “Alguien voló sobre el nido del cuco” repetiría hazaña, sumando además el de mejor actriz. La cuestionada “American Beauty” de Sam Mendes fue la última en lograr similar palmarés en los óscars. Como dato particular, señalar que fue la primera película que se alzó tanto con la palma de oro en Cannes, como con el oscar, aunando las sensibilidades otras veces tan distantes de ambos premios.

Entre los galardones, uno más que merecido para Ernest Borgnine, ese eterno y maravilloso secundario ( Johnny Guitar, De aquí a la eternidad, Jubal, Los vikingos, Grupo salvaje, La gran aventura de Poseidón,…) al que, por fin, le alcanzó la gloria. Para todos los aficionados al cine, un clásico de los westerns de sobremesa. Un tipo de una sola pieza que interpretaba a la perfección al rudo gigantón con buen corazón y gran sentido de la solidaridad ( recordar su enorme papel en “Grupo salvaje”).

Y, qué nos cuenta Marty. Pues una historia de gente corriente, la historia de un carnicero de Brooklyn que no tiene nada que hacer un sábado por la noche harto del rechazo sistemático de las mujeres. Al final decide salir ese sábado, y conoce a Clara, una chica con poca suerte con los hombres interpretada de forma correcta por Betsy Blair, que bordaría un año más tarde un papel muy similar en la “Calle Mayor” de  Bardem  ( adaptación cinematográfica de la obra de Arniches “La señorita de Trévelez”). Por la parte femenina, el óscar ese año fue para Jo Van fleet, la madre de Cal ( James Dean) en aquel inolvidable papel en “Al este del edén”.

Marty también nos cuenta el miedo a quedarse solos que atenaza al ser humano. Entre líneas introduce grandes reflexiones sobre el verdadero significado del amor, la familia, la pareja, gracias a unos brillantes diálogos y a frases que quedarán para la posteridad    ( Cuando el tímido Marty, convencido de su condición de feo, le dice a Clara aquello de “ si dos personas se van a casar para vivir juntas 40 ó 50 años, tiene que haber algo más que belleza.”). Por otro lado, la película también subraya la importancia de la independencia del ser humano, siempre mediatizado por la opinión del resto de la humanidad, y como esa independencia debe guiar la felicidad de cada uno.

Como plus, a esta película siempre se la ha considerado como la precursora del cine independiente americano. Cuando se observan las escenas urbanas, o los diálogos, uno se traslada inmediatamente al cine de John Cassavettes, cuya obra posterior lógicamente modernizaría el mensaje.

En una visión global del cine de la época, el espíritu es muy similar al  de las películas de Ozu. Las conversaciones entre las dos viudas, que a la vez quieren y no ver casados a sus hijos porque temen la soledad, o la idea del paso generacional es muy del estilo del japonés, lo cuál nos habla de la universalidad de los grandes temas.

En definitiva, con el tiempo se observa con placer el acierto y el atrevimiento de la academia por valorar en esa época una obra de estas características, porque suponía sancionar o dar carta de naturaleza a un tipo de cine distinto, alejado de los cánones habituales de Hollywood, y más cercano a lo que, por aquel entonces estaban haciendo maestros como De Sica ( pensemos en   “El limpiabotas”, o el “Umberto D”) o Rossellinni ( “Paisá” o “Te querré siempre”), un cine sobre personas, muy europeo, que nos cuenta con un profundo sentido humanista la vida de pequeños héroes, como Marty.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

Una escena de Marty, comiendo con su “Mamma”…

LUNEANDO (XI): “LORI MEYERS”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Dilema”

 

 

Hoy traemos a Innisfree aire fresco procedente de Granada. “Tierra de arte y misterio, vergel de mi Andalucía”, como cantan Los Planetas, también granadinos y  padres del sonido Indie de este país que apadrinaran y apoyaran a Lori Meyers en sus inicios.

“Viaje de estudios”, en 2004, con esa portada tan psicodélica constituyó su eclosión en la escena pop-rock nacional. Un álbum fresco con canciones tan directas como “Viaje de estudios”, “¿Dónde están mis maletas?” o “Parapapa”, y baladas tan sesenteras como “Tokyo ya no nos quiere”.

Atticus los vió por primera vez en la última edición del FMIC, festival de música independiente de Ciudad Real, quizás en el año 2004, no lo recuerda muy bien. Este festival, precisamente nació de la mano de Los Planetas y contó con varias ediciones. En esta edición el cartel era abrumador, Nacho Vegas, Astrud, Australian Blonde, Niños mutantes, Lagartija Nick y muchos otros, pero el festival fue un fracaso inexplicable. Bueno, si es explicable, ya sabemos que aquí en Ciudad Real todo lo que no sea la Semana Santa y la Pandorga está condenado al fracaso. Bueno, a lo que íbamos, un amigo de Atticus le aconsejó encarecidamente a los granadinos. No se equivocó, por eso aún conserva a ese amigo. Lo que ocurre es que comparar la actitud en la escena de ese día con la mostrada en otras ocasiones en los que los ha visto ( por ejemplo, muy recientemente en la Sala Magestic de Ciudad Real, o en el Lowcost 2011), sería como comparar a Mick Jagger y a Simon & Gardfunkell encima de un escenario. Aquel primer día a Atticus le sorprendió la cara de niños buenos de los granadinos, su actitud se acercaba más a un grupo de los sesenta que a uno del siglo XXI, aunque el sonido era como ahora, impecable.

Con el tiempo, se han soltado la melena y la progresión encima de un escenario es bestial, bueno, a eso se le llama “curtirse”. Antonio López (“Noni”) es un gigante en las tablas, con o sin guitarra, con o sin camiseta, o delante de un teclado, de ahí su aspecto delgaducho, la gimnasia que hace durante sus actuaciones es la culpable. Sin duda, a la altura de Jero de los desintegrados Sunday Drivers, que ahora camina en solitario  ( por cierto, Sunday drivers ganó la maqueta de Radio 3 y actuó en el primer FMIC), o Pucho  de Vetusta Morla.

Otro fuerte del grupo son las versiones, brillante la de “La caza” de los Brincos, o con alguna de “Los Ángeles”. La influencia de los sonidos de los grupos hispanos de los 60 es patente.

Los discos posteriores, “Hostal Pimodán” ( 2005/6), “Cronolánea” ( 2008), quizás han flaqueado, pero han dejado grandes hits ( “Luciérnagas y mariposas”, “Luces de neón”, “Alta fidelidad”,…). Su último disco “Cuando el destino nos alcance”( 2010), tiene un comienzo deslumbrante ( “Mi realidad”, “Ahá, han vuelto”,”Rumba en atmósfera 0”), para después perderse en bosques difíciles de remontar.

En fin, desde Innisfree recomendamos el directo de este grupo y escogemos la magistral “Dilema”, del Hostal Pimodán, nuestra canción preferida, por ese aire guatequero y esa explosión inicial, solo nos queda decir, ¡Viva Granada!, y atentos al paradón de J…

 

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

AMOR RESBALADIZO

Hoy es un día especial en Innisfree, han pasado 5 meses desde  aquel 11 de abril en el que Atticus nos contaba la espuma de sus sueños tendido en las verdes praderas. Y es que Atticus no es más que un niño perdido en el paraíso, como los “enfants du paradis”  de Marcel Carné, y da tumbos, como todos, tiene las mismas dudas, las mismas tribulaciones, por eso se ha inventado Innisfree, ese refugio incandescente, esa tabla de salvación en la que se olvida momentáneamente del tiempo ayudado por las olas del tranquilo mar de Arán. Desde allí, cada día os ofrece un pedazo de su corazón, que es grande y generoso, para compartirlo con todos vosotros, “innisfritas”.

En estos 5 meses hemos recordado a Amy, al hombre de negro, a Liz, al niño Camarón y a muchos otros. Celebramos el cumpleaños de “Blade Runner”, también los cincuenta años de “Matar a un ruiseñor” y de “La chica de Ipanema”. Viajamos a Clamores para sentir al maestro, homenajeamos a Enrique, experimentamos el escalofrío de un disco rayado. Gracias a todos los seguidores de Atticus, porque vosotros hacéis grande “The way to Innisfree”, ¡un abrazo gigante!

Para conmemorar tan dichoso evento hoy publicamos un texto muy especial para Atticus…

Este Microrrelato  resultó ganador en el XIV Certamen de jóvenes creadores de 2011 promovido por el Ayuntamiento de Ávila en la categoría única de: Microrrelato.

Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de  los  amores contrariados.” ( De “El amor en los tiempos del cólera”, Gabriel García Márquez)

                          

AMOR RESBALADIZO

 

Echaba de menos la suavidad de tu tripa deslizándose sobre mis hojas, el tacto de tu fina piel sobre mi epidermis. Te esperaba cada día, como al rocío, para que te posaras en mí y me embadurnaras de tus babas. Añoraba ese arrastrar tan cadencioso y sensual que despertaba mis cinco sentidos.

Me recreaba en las cosquillas que me hacías, tus mordiscos me estremecían de dolor. Pero me dejaste y te mudaste a la planta de al lado. Desde entonces me marchito en la solitaria humedad de tu recuerdo.

 

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

* Fe de erratas: Un ilustrado amigo de Atticus de origen noble y que ha visitado Innisfree en alguna ocasión, el Barón pante vino, puso a Atticus en la pista de su claro error matemático. Efectivamente, son cinco los meses transcurridos desde la fundación de “the way to Innisfree”. A Atticus nunca le gustaron las matemáticas, y mientras sus compañeros hacían raíces cuadradas, él escribía versos a la luna, dónde aún sigue. Así que enmendamos el error, y en vez de seis, celebramos cinco, porque aquí en Innisfree somos muy especiales, como el “no cumpleaños” de Alicia.