“LÁGRIMAS EN LA LLUVIA: 30 AÑOS DE BLADE RUNNER”

 

 

                                                                      Y aún sueño que pisa la hierba

                                                                               caminando espectral entre el rocío

                                                                              atravesado por mi canto alegre

 

                                                                                                                     Yeats

 

 

 

Es curioso que en los carteles anunciadores de “Prometeus”, la precuela ( peculiar palabra) de “Alien el octavo pasajero”, se recuerde a su director como el director de la mencionada Alien y de Gladiator.

Hoy recordamos “Blade Runner”, de Rydley Scott, una de las películas de ciencia-ficción más importantes de la historia, porque cumple treinta años, y el paso del tiempo le sienta muy  bien. Basada en la obra de Philiph K. Dick ( 1928- 1982) ,  “¿ Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”,   escrita en 1968 . Curiosamente, su autor murió antes del  estreno de la película.

Nos detenemos primero en la obra literaria. Late en la misma una clara obsesión por la idea de supervivencia, dentro de un mundo oscuro fruto de las secuelas de una “guerra mundial terminal”, y los humanos, en su mayoría, han emigrado a Marte.

Rick Deckard, Harrison Ford en la película, es un caza-recompensas, cuyo trabajo es eliminar a androides infiltrados. En concreto a los Nexus 6, el último modelo más perfeccionado. Vive en un conflicto moral permanente, torturado por su destino. Lo que principalmente diferencia a los seres humanos de los androides es su capacidad de empatía.  Rick Deckard cree matar a seres humanos cuando elimina a androides. También tiene la fijación , como el resto de los seres humanos de hacerse con un animal vivo, en un mundo en el que la mayoría de los animales son réplicas eléctricas de los reales. Esa obsesión por la vida no artificial preside todo la libro.

Detrás de la novela, sin duda estaría el universo recreado por la llamada     “ trilogía de la entropía”  formada por aquellas tres obras maestras, a saber: “Un mundo feliz” ( de Aldous Huxley), “ Farenheit 485” ( de Ray Bradbury) y “1984” ( de George Orwell).

Esos paquetes domésticos de sensaciones programadas son muy del mundo feliz de Huxley, con los “ órganos de ánimos Penfield”, “la caja negra de empatía”, o los “inhibidores y estimuladores talámicos”, que serían los equivalentes a los “sexofones” o el “soma” huxleyanos.

Del Farenheit, se puede rescatar esa  referencia constante al factor humano. Hay menciones a Mozart y a su obra ( “ La flauta mágica”), o a Munch ( su obra “El grito” se define así: “ mostraba a una criatura pelada y oprimida, con una cabeza semejante a una pera invertida, que apretaba sus manos horrorizada contra sus oídos, con la boca abierta en un vasto grito mudo. Las olas encrespadas de su dolor, los ecos del grito, ocupaban el espacio que la rodeaba. El hombre o la mujer estaba encerrado dentro de su propio aullido.”). Otro aspecto ya referido que la acercaría a esta obra es esa necesidad permanente del ser humano de tener contacto con otro ser vivo.

Por último, al “1984”, la acercarían la idea del Mercerismo, metáfora totalitaria preñada por un gran conflicto bélico, en este caso, la “Gran guerra mundial terminal”.

Todo lo señalado nos mueve a pensar que en la novela existe un rastro de lo  que podría ser definido como religioso o metafísico. Las referencias al Mercerismo, una suerte de religión o de secta secularizada o bien una alusión velada como señalábamos anteriormente a una forma de organización totalitaria, confirman ese rastro metafísico.

De forma que podríamos calificarla como novela de “ciencia-ficción existencialista”, por ese conflicto o contraposición sustancial entre lo humano y lo artificial, esferas a las que en el mundo recreado por la obra literaria a veces les separa una tenue línea divisoria.

Las ideas del kippel y la del polvo radioactivo son ideas, a su vez, de silenciosa decadencia, de augurio de la entropía. Asimismo es proverbialmente entrópico el mundo-tumba.

Pasando a la película, sin duda “Blade Runner” constituye un hito para la ciencia-ficción. Pero conviene recordar que esta película ahora postulada como obra maestra incontestable, fue recibida con las mofas de los críticos en su estreno en Cannes. Pura entropía, la realidad supera a la ficción.

Nuestras retinas atesorarán para siempre esa imagen de ciudad futurista con pantallas móviles, que hoy nos parece tópica. La constante lluvia, asfixiante que cae a plomo sobre los habitantes de esa futurista San Francisco, recurso utilizado por cineastas actuales ( pensemos en David Fincher y su “Seven”).

A destacar las gotas, esta vez no de lluvia sino de cine negro que salpican a la película. El personaje de Rick Déckard, el ex poli y experto blade runner podría ser un moderno Sam Spade ( no en vano, un libro sobre la película habla de “future noir”).

Recordaremos  el espectacular montaje de esta ciudad lluviosa, oscura y herrumbrosa , donde la luz no procede del sol sino de las pantallas multimedia, que no son más que una ilusión de vida real.

Mención aparte merece la música de Vangelis, que envuelve majestuosamente la cinta.

Y rescatamos aquella escena en la que el androide Nexus 6, replicante en la película,  interpretado por un exultante Rutger Auger con ese aspecto de perfecto ario o de superhombre Nietzschiano , perora en un conmovedor monólogo      ( que curiosamente no aparece en el libro) a  Rick Deckard , sobre el miedo a morir, mientras las gotas de lluvia (la lluvia, verdadera protagonista de la película) caen afiladas como lágrimas del cielo. Y lo hace después de salvarle la vida  y sabedor de su muerte inminente, en gesto de generosidad que acompleja al caza-recompensas.

El replicante le explica a Deckard que pese a que su vida es más limitada que la nuestra, él también tiene miedo a la muerte, pero le recuerda que los humanos somos igualmente seres expirables y nuestra vida es finita. Con esa apertura que pone los pelos de punta en la que Nexus le dice a Deckard aquello de: “Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad?, eso es lo que significa ser esclavo.”

Una escena sin duda intemporal, gracias a su intensidad, a una sinceridad lacerante que raya en la mística. Escena que para Atticus está a la altura de aquella otra  que obsesionó durante toda su carrera a Goddard, la muerte de la Magnani en “Roma, citta aperta”, tiene la misma verosimilitud, y hace que un escalofrío recorra nuestras almas. No se porqué también me vino a la mente  la muerte de Don Vito Corleone  en “El Padrino”, mientras juguetea tierno con su nieto.

No menciono al azar ambas escenas, creo que todas  comparten esa consciencia de tiempo limitado, y transmiten el miedo atávico del ser humano al final.

Recreamos ese monólogo gigantesco recitado de forma memorable por un titánico Rutger Auer, que nunca estuvo tan bien, sirva de homenaje para una película a la que el paso del tiempo la convierte en todo menos en kippel…

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

“ Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad?, eso es lo que significa ser esclavo,…, Yo he visto cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orion, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser, todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia, es hora de morir…”

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8 pensamientos en ““LÁGRIMAS EN LA LLUVIA: 30 AÑOS DE BLADE RUNNER”

  1. Antes o después, todos nos hacemos una pregunta, cuanto me queda. Y esa respuesta es la que busca la maquina mas humana, comprendiéndolo en un instante en que suelta una parrafada te deja pegado la butaca, mientras una paloma…..alza el vuelo. Es hora de morir. ..

    Genial película sin duda y la que marco, toda la ciencia ficción moderna. Creando con su estética una escuela cien veces repetida, ninguna que ni tan siquiera se acerque a lo dilemas planteados por esta. Saludos y buen comentario

    • Si, sin duda es una película “nodriza” para gran parte de la ciencia-ficción posterior, en la que el irregular Rydley Scott se revela como brillante creador de atmósferas. Quizás solo en “Alien, el octavo pasajero”, llegó a crear una atmósfera tan interesante, solo que allí dentro de una nave.
      Y, efectivamente, es la que mejor ha sabido plantear esas últimas preguntas que todos nos haremos. Antológica esa escena, por muchas veces que la veas, te seguirá helando la sangre. Saludos y gracias por tu fidelidad.

  2. “…esta ciudad lluviosa, oscura y herrumbrosa , donde la luz no procede del sol sino de las pantallas multimedia, que no son más que una ilusión de vida real”….Que contemporaneo suena todo esto! Y lo digo mas por las pantallas, imagenes y espejos que por el lluvioso verano escoces…
    Leia esta manhana “El Inmortal” de Borges en El Aleph y me acordaba del hombre del atticus…
    Un abrazo

    • Gracias por tu visita a Innisfree, se te echaba de menos, mi mente se pierde deseosa de esas gotas de lluvia, porque vivimos el calor de la “canícula de agosto”, como en Comala.
      Atticus recuerda la forma en la que el gran Borges describía su ceguera como “un dulce atardecer de agosto”, un abrazo, companhero!.

  3. Gran película, que definió como sería la estética futurista en el cine a partir de ese momento. Recuerdo que leí hace algún tiempo el relato de Philip. K. Dick y no me consiguió dejar el poso que si me había dejado la película. Caso no muy habitual éste de que una película supere al libro en el que se basa. También recuerdo ver la película con varios amigos hace unos años, entre ellos una amiga muy católica, que no entendía que tuviera nada de especial preguntarse porqué somos mortales (incluso no entendía el miedo a la muerte). Ella tenía su respuesta ultracatólica aprendida de niña, yo no le contesté, me sentí muy feliz de no poder encontrar soluciones tan simples para las grandes preguntas de la humanidad …

    • Efectivamente, la película no da respuesta, quizás el hecho de que el libro tenga por título una maravillosa pregunta: “¿ Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, sea respuesta a ello, ¿no?. Con la impresión de que la película es superior al libro no estoy de acuerdo, hace tiempo yo también pensaba lo mismo, pero volví al libro y lo valoré más.
      Creo que libro y película son distintas, aunque comparten la esencia, esa obsesión por el principio de la vida, la contraposición entre lo humano y lo artificial. Ambas, película y libro, contienen dentro de sí pequeños regalos, el libro, por ejemplo, esa definición que recordábamos de el cuadro “El grito”, o esa noción tan interesante de “kippel”, como sustancia inservible, de la que seguramente tenemos llena nuestros pisos, al menos el piso de Atticus está atestado de kippel.
      La película tiene una riqueza estética incuestionable, riqueza estética que explota en poesía en aquella escena que sigue deslumbrando con el paso del tiempo aunque no responda a ninguna pregunta trascendental…

  4. Ciencia ficción o ficción ciencia, ambas representadas por excelentes autores y aquí mencionados algunos ya clásicos, en forma por demás magnífica. Estoy completaente de acuerdo en que, genralmente, una película no supera al libro. Saludos

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