“VALOR DE LEY” ( “TRUE GRIT”, JOEL Y ETHAN COEN, 2010)

 De todos es sabido el gusto de los hermanos Coen por el cine en general y por los géneros en particular, que han tratado a lo largo de su carrera con gran riqueza estética ( “Muerte entre las flores”, “Sangre fácil” o “Fargo”), y con suerte desigual ( “El hombre que nunca estuvo allí” ). Fundamentalmente han sido atraídos por el cine negro.

Sin duda les faltaba una revisión del género de géneros, el western, revisión que abordan con este peculiar remake del original de Henry Hathaway. Los irregulares hermanos Coen han respetado los códigos universales del western, el viaje ( casi la horse movie), que podríamos denominar como iniciático, la venganza como supuesto motor de la historia, la dignidad y la soledad de un estrafalario y perfecto antihéroe, Cogburn, interpretado por un magnífico Jeff Bridges.

A nivel interpretativo, memorable también el descubrimiento de Hailee Steinfeld, que otorga una frescura indudable a su personaje y que está a la altura del original. A su vez, Matt Damon, como el ranger LaBeff, compone un personaje por el que crece la empatía a lo largo de la historia.

Pese a que quizás sea la película en la que  más han renunciado a su peculiar estilo, con ese pintoresco sentido de lo siniestro, que a veces, conduce a un humor socarrón, aparecen escenas con un inconfundible sello Coen, como aquel plano cenital con el ahorcado bamboleándose.

Asimismo, dejan un hueco a los homenajes, cualquier aficionado medio al western adivinará en el personaje del pielero estrafalario una más que probable referencia a cierto personaje del “Jeremiah Johnson” de Sidney Pollack.

Siguiendo con el tema del estilo, insistimos en que los Coen  renuncian a su estilo para conseguir una obra tan intemporal como el cine, probablemente su obra maestra, dentro de un recorrido que adquiere una trayectoria ascendente desde la magnífica “No es país para viejos”. Demuestran un conocimiento milimétrico del género, y lo mejor de todo es que lo transforman en pasión, pasión por el western, por el cine de toda la vida, por contar una gran historia, la historia de una venganza, que al final se queda pequeña, ya que esta venganza no es más que su “Mcguffin Hitchcockiano”. Lo esencial es el compañerismo que se crea entre la chica, Cogburn y LaBeff, la solidaridad entre seres humanos, en principio tan dispares.

El arranque es típico de las viejas películas del oeste, con esas escenas tan podríamos decir escatológicas, en las que la niña tiene que dormir junto a las tumbas de cadáveres recientes, y con esa colección de referencias bíblicas. No es vano, muy al estilo del género, la película comienza con una referencia a los Proverbios, sobre “ Los impíos”.

La forma bíblica de hablar, en tono de plegaria impregna toda la obra, sobre todo en el inicio. Por ejemplo, la chica, cuando se aventura dice algo así como que tiene el apoyo “del que todo lo crea”. Constantemente hay referencias piadosas, al todopoderoso y al creador.

Otra mención merece la excelente fotografía de Roger Deakins , habitual en las películas de los Coen ( “Fargo”, por ejemplo). Tanto en exteriores ( pensemos en la escena del ahorcado), como en interiores ( las escenas iniciales de la morgue). La fotografía es exquisitamente estética, con un aroma a los viejos tiempos de Hollywood, y a las grandes historias del western ( “Centauros del desierto”, “Duelo al sol”). Quizás se echa de menos alguna  cabalgada de transición, tan propia del género.

Eso sí, para los anales de la historia del cine quedará la poética escena en la que Cogburn cabalga sin desfallecer con la niña bajo un cielo estrellado de fondo.

Menciones aparte merecen, obviamente la escena de la posada, que sorprende por su estilo directo y su gran visceralidad , o aquélla  tan quijotesca en la que Cogburn se enfrenta en duelo abierto con “los malos”, que podrían ser los molinos cervantinos.

Por último, como no, el final. Aquí los Coen resuelven de manera distinta del original. Aún pervive en nuestras retinas aquel plano final con las montañas de fondo, que pone un nudo en la garganta, en el que Cogburn reconoce su soledad y que no tiene a nadie, quizás sólo el cocinero chino al que Henry Hathaway da más juego en su versión. Ante esta afirmación la chica ofrece que sus restos reposen junto a su familia, podríamos decir que se lo ha ganado. No desvelaremos el bello final de la nueva versión.

No nos olvidemos de subrayar el maltrato que en su día la academia brindó a este festival cinematográfico, colmándolo con un puñado de nominaciones sin ningún premio, a favor de la magnífica “El discurso del rey”, una historia contada con gran sensibilidad y con el punto de emoción suficiente. Por ello, suscribimos la acertada opinión que en su día reflejara en una crónica Carlos Boyero cuando calificó la ceremonia como discurso real sin valor de ley.

 

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

Pasamos en Innisfree el tráiler de la película, donde podrán comparar la cavernosa voz de Mr. Bridges con la de otro cowboy, éste del mundo de la música, el enorme Johnny Cash…

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