CUENTOS PÁLIDOS DE AGOSTO (III): “ESCURRIDIZO”

 

 

El perfume intenso de la menta silenciaba el hedor putrefacto del cuerpo  ensangrentado. Tenía la carne magullada, como cocida a tijeretazos. Ahora estaba casi criando malvas y no era más que un fardo obsceno abandonado en mitad de la mullida hojarasca.

En su estado de semiinconsciencia se preguntaba cómo había llegado hasta allí. Sólo recordaba el bar, los Jack Daniels, las putas, y luego,…, ¿qué?. Se torturaba intentando hacer retroceder su mente. Sentía que no le quedaba tiempo, y quería morir pudiendo explicarse porqué había muerto.

<< Vamos, vamos, piensa, que esto se acaba…>>. Estaba aturdido por los golpes sufridos y no podía pensar con claridad. << Dios, estoy acabado, cuantas veces pensé en un final así, y sin embargo, seguía en el negocio>>. Intentaba abrir sus ojos amoratados, pero lo único que percibía era la oscuridad circundante. No podía mover ni siquiera las manos, así que intentó oler a su alrededor, olía a lodo y a tierra mojada. Entonces se concentró en el gusto, pero sólo percibió el sabor de la sangre que se agolpaba en su boca seca.

De repente, escuchó  pasos a su alrededor, al menos uno de sus sentidos no le abandonaba, pensó con indolencia. << Por favor, ayúdame, seas quien seas, alguien me ha dejado aquí…>>. Dos hachazos reventaron su cráneo como un coco. “El predicador”, pues así lo llamaban, secó el filo del hacha y escupió sobre el cadáver <<Vete a la chingada, pinche cabrón, por mis chamacos >>.


 

 

RECUERDOS DEL OPTIMUS 2012 (III)

 

(15/7/12)  Paseo marítimo de Oeiras, cerca de Lisboa…

 

Es domingo, día 15, y eso significa lo que significa. Un triste fado suena, es el fado de la despedida. Lisboa nos dice “¡Adeus!” y nosotros le gritamos “¡Até a vista!”,deseosos de volver alguna vez . Un fresquito marítimo nos obliga a abrigarnos, pero también nos abrigarán los cálidos sonidos de las últimas actuaciones  y el calor humano de todos los allí congregados . Subamos en el tranvía rumbo al paseo marítimo de Oeiras…

 

 

 

             foto de Atticus

“Caribou”

Detrás de Caribou se esconde Daniel Victor Snaith, un músico “camaleónico” canadiense, que ha triunfado bajo diferentes nombres, a saber: Manitoba, Daphni y, finalmente, Caribou. Como curiosidad, su Doctorado en matemáticas en el Imperial College de Londres.

Y no apuntamos lo anterior al azar, porque pensamos que la progresión de sus ritmos tiene algo de matemática. Música electrónica, neopsicodelia, shoegazing, todo ello dentro de un poliédrico cubo de Rubik sonoro y lleno de colores que crea y nos transporta a diferentes estados de ánimo.

Le tocó la difícil misión de preceder a Radiohead, pero cumplió con solvencia, pese al cansancio de una audiencia con dos días de festival sobre sus espaldas. Se despidieron con “Odessa” y “Sun”, quizás las dos canciones superiores del “Swim”, su último disco, traemos a Innisfree los refrescantes y benéficos  sonidos de “Sun”…

 

 

RADIOHEAD

Qué podemos  decir sobre Radiohead que no esté dicho ya . Un hormigueo incesante entre el público que comienza a llenar el recinto, lleno impresionante. Los asistentes especulan entre sonrisas y sorbos de cerveza por cuáles tocarán, tocarán más del “Amnesiac”, o quizás del “Kid A”, seguramente caerá alguna del “Ok computer”. Por supuesto, su último y flamante “In Rainbowns” sonará.

De repente irrumpen los de Oxford, acompañados de  una puesta en escena dominada por azules y rojos. Enormes pantallas multimedia nos acercan más a los músicos y crean un ambiente algo futurista. El repertorio es dispar, tocan canciones de todas las épocas, son tantas.

La pulcritud, el virtuosismo de sonidos es deslumbrante y el bueno de Thom Yorke se rompe literalmente ante los teclados, pero el público exige más y más sangre. La atmósfera ya está creada, extrañas cadencias, misteriosos ecos, lamentos cósmicos invaden nuestros corazones y nos emocionan.

La revista Rolling Stone consideró a la banda como la más representativa, la más ambiciosa de la época. Y nosotros lo suscribimos, porque pensamos que Thom Yorke y los suyos no se han detenido nunca, que siempre han buscado nuevas formas de expresión, y como camaleones musicales han mudado constantemente su piel en la búsqueda de nuevos sonidos.

Las influencias han venido desde el jazz ( quien no recuerda la obsesión de Thom Yorke por Charles Mingus, quizás plasmada en el “Kid A”), el hip-hop, la música clásica o el rock más tradicional. No en vano la banda la componen músicos con enorme formación.

Kid A y Amnesiac supusieron un giro más electrónico, pero los cambios no han alejado a sus fans ni un milímetro. Cada uno tendrá su disco favorito, el mío es el Kid A, aunque sigo vibrando cada vez que vuelvo a escuchar “Creep”.

En fin, nos despedimos con dos canciones, que marcan dos momentos culminantes de la noche. Primero la enigmática y matemática “Pyramid song” del “Amnesiac”. Son imágenes del Optimus, pueden disfrutar de la pureza del sonido de estos monstruos…

 

Y de segundo plato, el “Paranoid android” del Ok computer. Las imágenes, en este caso, no son del Optimus, pero puedo dar fe de que los primeros acordes de este tema sembraron la locura generalizada de los allí presentes. Atentos al guitarreo final, ¡puf!…

 

THE KILLS

 

Toca despedirse, ¡snif!, pero lo hacemos con una banda de rock llena de energía, The Kills. Banda estadounidense formada por Alison Mosshart y el guitarrista Jamie “Hotel” Hince, que unieron sus fuerzas tras la disolución de sus respectivos grupos. Su sonido camina entre el garaje rock, el post-punk más gamberro con algunos ramalazos de blues . Se les ha llegado a comparar con White Stripes, pero para el que escribe solo pueden parecerse en que ambos son un dúo mixto de músicos.

  La cita fue en el segundo escenario y la panda de fans que arropaba al grupo fue inmensa. El momento más conmovedor del concierto fue cuando la cantante se olvidó momentáneamente de la letra de una canción. El público acudió al rescate y aplaudió efusivamente. Alison terminó entre sollozos de gratitud.

En definitiva, el concierto fue una muestra de la potencia, la contundencia de su sonido, y de la química de ambos encima de un escenario. Transmitieron mucha energía, buenas vibraciones, ante un público, eso si, entregado por completo.

Os regalamos dos canciones, primero “Night train” donde demuestran la potencia de su propuesta. Ráfagas sonoras azotan nuestras neuronas, suban el volumen , ¡es una orden!

Y, de postre, una elegante versión con originales arreglos de fondo del temazo de la Velvet “Pale blue eyes”( es conocida su admiración por el genio Lou Reed) , que los disfruten, y solo nos queda decir una cosa: ¡ Viva la música!…

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 


Y ahora el “Pale blue eyes”…

THE END

 

       

 


 

 

 

“IN COLD BLOOD” BY TRUMAN CAPOTE

 

 

 

                                    

 

 

 

 

 

 

“Soy alcohólico, soy homosexual, soy un genio.”

                                                                                  ( Truman Capote)

 

 

“El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman “allá”. A más de cien kilómetros al este de la frontera de Colorado, el campo, con sus nítidos cielos azules y su aire puro como el del desierto, tiene una atmósfera que se parece más al Lejano Oeste que al Medio Oeste. El acento local tiene un aroma de praderas, un dejo nasal de peón, y los hombres, muchos de ellos, llevan pantalones ajustados, sombreros de ala ancha, y botas de tacones altos y punta afilada. La tierra es llana y las vistas enormemente grandes; caballos, rebaños de ganado, racimos de blancos silos que se alzan con tanta gracia como templos griegos son visibles mucho antes que el viajero llegue hasta ellos…”

 

Así arranca “In cold blood” ( “A sangre fría”), sin duda, la novela más conocida y de mayor calidad de este alcohólico, homosexual y, ante todo, genio, llamado Truman Capote. Y así se describe a sí mismo en “Música para camaleones”, compilación de varios cuentos junto con la novela corta “Ataúdes pintados a mano”.

Traemos a colación el inicio porque es un claro anuncio de lo que viene detrás. Ese tono objetivo de la prosa con el que describe el carácter áspero de un pueblo provinciano de la pequeña América, adquiere el grado de crónica, y también es utilizado para describir más que enjuiciar los actos de Dick y Perry, dos asesinos entre sociópatas y psicópatas que asesinan de forma brutal a la familia Clutter, una familia piadosa, temeroda de Dios y ejemplar dentro  de la comunidad de Holcomb. El asesinato conmocionó Estados Unidos, y aún hoy la referencia a los Clutter sigue helando la sangre.

Pues si, sin duda la descripción que Capote hace de sí mismo, son las palabras de un niño torturado, que pasó la infancia en el viejo sur de los Estados Unidos ( Sur, que en muchos de sus cuentos retrata magistralmente; gran parte de ellos se centran en la vida de Nueva Orleans, ciudad en la que Truman vivió muchos años y que adoraba profundamente), huérfano de padre y de madre, pues su padre lo abandonó de niño y su madre lo alejó de su vida, fue un niño superdotado que no encontró la felicidad. Así que se refugió en los libros, gracias a su genio literario.

Centrándonos en “A sangre fría”, esta novela supone  la fundación de un estilo, la “non fiction novel”, novela de “no ficción”, casi periodística, tantas veces copiado ( solo hay que pensar en “La canción del verdugo”, de Norman Mailer).

Capote se pone el mono de trabajo y viaja al lugar de los hechos, Holcomb, al oeste de Kansas, corazón de la “América profunda”, para entrevistarse con Dick y Perry, condenados a la horca por la muerte de los cuatro miembros de la familia Clutter, familia modelo de la comunidad. Le acompaña en esta aventura la genial Harper Lee, premio Pulitzer por la imperecedera “Matar a un ruiseñor” ( título, cuya deliciosa adaptación cinematográfica ya hemos homenajeado en Innisfree, aunque  también recomendamos encarecidamente la lectura del libro ) y amiga de la infancia de Capote.

En el camino, Capote mantiene una relación especial con Perry, personaje bastante poliédrico, lleno de complejos, de culpa, con inquietudes artísticas y una enorme sensibilidad, pero capaz de una violencia y una frialdad nacidas del resentimiento y el ánimo de venganza hacia la sociedad. Perry es un inadaptado por el que Capote desarrolla una clara empatía, quizás les unen una infancia terrible y su conciencia de seres marginados.

Truman Capote consigue un estilo seco, directo, sobrio y sin concesiones, alérgico a la emoción más o menos lacrimógena, que no juzga ni prejuzga, si no que describe. Pese a esa aparente frialdad, es capaz de escribir cosas como ésta , cuando habla del ambiente de la celda antes de una entrevista:

“ Y en el aire titubeaba un escalofrío.”

Si lo que buscan es un tratado sobre la bondad o maldad de la pena de muerte o algo parecido, aléjense de este libro lleno de dudas, sombras, grises, igual que el ser humano.

Para Atticus esta historia fue un deslumbrante descubrimiento, por su forma de narrar, de describir, por su relato de América, y por lo que tiene de verdadero “ensayo sobre la culpabilidad”, que lo acerca al estilo del “Crimen y castigo” de Dostoievsky, otro de los referentes de la literatura universal. La idea de la culpabilidad, y como esa culpabilidad está sometida a matices sociológicos.

Como el lector comprenderá la historia no pasó desapercibida para el cine. Sin duda, la versión que con el mismo título dirigiera el gran Richard Broocks en 1967, es, sin lugar a dudas, la mejor para Atticus.  Magistral en el papel de Perry Robert Blacke, con esa cojera y su guitarra  al costado. Siempre recordaremos ese plano inicial en el que el siniestro personaje enciende una cerilla en un autobús. También recordaremos la música de Quincy Jones, la enorme fotografía de Conrad Hall y, sobre todo, ese montaje “ideológico”, en el que vemos esos dos mundos paralelos pero sin cortarse, la armoniosa vida de los Clutter en contraposición a las de Dick y Perry. Finalmente se juntan de modo trágico.

Más recientemente, en 2005, Philip Seymour Hoffman, conquistó un óscar por clavar literalmente el papel de Truman Capote. Un año más tarde, en 2006, el británico Toby Jones se salía interpretando al escritor, con un parecido endiablado con Capote, en el aspecto físico, en los mohines, en la forma de hablar, compruébenlo en la película.

Truman Capote                                                                                                                                              Toby  Jones                           

 

La primera de estas películas, “Truman capote” se centra más en la figura genial y egocéntrica del escritor . La segunda, “Historia de un crimen”, en cambio, sin dejar de lado la peculiaridad del personaje, se centra más en la peripecia del asesinato de los Clutter y en el “romance” Capote-Perry (este último magníficamente interpretado por Daniel Craig, el nuevo James Bond). En ambas, Catherine Keener y Sandra Bullock, respectivamente, componen un más que convincente papel de Harper Lee.

Nos despedimos con ese famoso texto de Truman Capote que nos habla de su carácter torturado, pero también del fervor por escribir, del lado autodestructivo, vampírico que conlleva, adaptándolo a la escritura, podríamos decir algo así como “esto es escribir, quien lo probó lo sabe” :

Entonces, un día comencé a escribir, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; Y el látigo es únicamente para autoflagelarse.”

 

                                                    Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

  • “A SANGRE FRÍA” DE TRUMAN CAPOTE,
  • Edita: ANAGRAMA.

LUNEANDO (VIII): LOS CORONAS

 

LOS CORONAS

 

 

“Rumbaleros”

 

 

En esta espiral pseudopsicótica hacia el surf rock que hemos emprendido en Innisfree empujados por el influjo de los rayos de sol y el frustrante recuerdo de las escarpadas olas de las playas de San Francisco no podemos dejar de lado al surf patrio, y por eso traemos hoy al mítico grupo Los Coronas, principal representante de este sonido en nuestro país.

Ya anunciamos en otra entrada de Innisfree, concretamente en aquella en la que hacíamos un mapa histórico del legendario tema de los Crickets “I fought the law”, que actualmente están embarcados en esa espectacular amalgama de sonidos que constituye “Corizonas”, junto a los vallisoletanos “Arizona Baby”. Pero antes de comenzar esta historia, tienen un amplio historial musical.

El que les escribe les ha visto en conciertos como “Los Coronas” y revueltos con sus inquietos amigos de Arizona. Atticus no sabría escoger ninguna de las dos versiones, porque ambas le parecen exuberantes, alegres, excitantes. Son capaces de tocar magistralmente un himno del tamaño del “I fought the law”, y seguidamente versionear el “Wish you wish here” de los Pink Floyd junto a sus colegas de Arizona , cerrando con “Si me preguntas a dónde voy” de los Brincos   ( sin olvidarnos de su versión sesentera del “Secret  agent man”), unos monstruos, con una puesta en escena en sus conciertos muy divertida y una potencia de sonido endiablada.

Escogemos dentro de su extenso repertorio, “Los Rumbaleros” del disco “El baile final de los locos y los cuerdos”, con ese aroma de western y de leyenda que tanto gusta en Innisfree…

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

 

CUENTOS PÁLIDOS DE AGOSTO (II): “DISCO RAYADO”

 

 

 

 

 

La aguja quedó encallada en el tocadiscos, y yo caí en un vertiginoso mar de ritmos imantados. Sonaba “Good vibrations”, mientras observaba distraído el rostro retorcido de la chica. Tenía una mueca como de espanto, su cuerpo dibujaba un violento escorzo sobre el suelo de frío mármol, y sus ojos parecían dos globos ensangrentados a punto de estallar.

 Recogí la cuerda, la limpié de sangre y con un pañuelo intenté borrar los rastros de mi presencia.

Dos meses después, un par de agentes de paisano me preguntaron si aquel disco era mío. Yo les dije que sí. Acto seguido me esposaron. Sin duda, la culpa fue de los Beach Boys.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“LÁGRIMAS EN LA LLUVIA: 30 AÑOS DE BLADE RUNNER”

 

 

                                                                      Y aún sueño que pisa la hierba

                                                                               caminando espectral entre el rocío

                                                                              atravesado por mi canto alegre

 

                                                                                                                     Yeats

 

 

 

Es curioso que en los carteles anunciadores de “Prometeus”, la precuela ( peculiar palabra) de “Alien el octavo pasajero”, se recuerde a su director como el director de la mencionada Alien y de Gladiator.

Hoy recordamos “Blade Runner”, de Rydley Scott, una de las películas de ciencia-ficción más importantes de la historia, porque cumple treinta años, y el paso del tiempo le sienta muy  bien. Basada en la obra de Philiph K. Dick ( 1928- 1982) ,  “¿ Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”,   escrita en 1968 . Curiosamente, su autor murió antes del  estreno de la película.

Nos detenemos primero en la obra literaria. Late en la misma una clara obsesión por la idea de supervivencia, dentro de un mundo oscuro fruto de las secuelas de una “guerra mundial terminal”, y los humanos, en su mayoría, han emigrado a Marte.

Rick Deckard, Harrison Ford en la película, es un caza-recompensas, cuyo trabajo es eliminar a androides infiltrados. En concreto a los Nexus 6, el último modelo más perfeccionado. Vive en un conflicto moral permanente, torturado por su destino. Lo que principalmente diferencia a los seres humanos de los androides es su capacidad de empatía.  Rick Deckard cree matar a seres humanos cuando elimina a androides. También tiene la fijación , como el resto de los seres humanos de hacerse con un animal vivo, en un mundo en el que la mayoría de los animales son réplicas eléctricas de los reales. Esa obsesión por la vida no artificial preside todo la libro.

Detrás de la novela, sin duda estaría el universo recreado por la llamada     “ trilogía de la entropía”  formada por aquellas tres obras maestras, a saber: “Un mundo feliz” ( de Aldous Huxley), “ Farenheit 485” ( de Ray Bradbury) y “1984” ( de George Orwell).

Esos paquetes domésticos de sensaciones programadas son muy del mundo feliz de Huxley, con los “ órganos de ánimos Penfield”, “la caja negra de empatía”, o los “inhibidores y estimuladores talámicos”, que serían los equivalentes a los “sexofones” o el “soma” huxleyanos.

Del Farenheit, se puede rescatar esa  referencia constante al factor humano. Hay menciones a Mozart y a su obra ( “ La flauta mágica”), o a Munch ( su obra “El grito” se define así: “ mostraba a una criatura pelada y oprimida, con una cabeza semejante a una pera invertida, que apretaba sus manos horrorizada contra sus oídos, con la boca abierta en un vasto grito mudo. Las olas encrespadas de su dolor, los ecos del grito, ocupaban el espacio que la rodeaba. El hombre o la mujer estaba encerrado dentro de su propio aullido.”). Otro aspecto ya referido que la acercaría a esta obra es esa necesidad permanente del ser humano de tener contacto con otro ser vivo.

Por último, al “1984”, la acercarían la idea del Mercerismo, metáfora totalitaria preñada por un gran conflicto bélico, en este caso, la “Gran guerra mundial terminal”.

Todo lo señalado nos mueve a pensar que en la novela existe un rastro de lo  que podría ser definido como religioso o metafísico. Las referencias al Mercerismo, una suerte de religión o de secta secularizada o bien una alusión velada como señalábamos anteriormente a una forma de organización totalitaria, confirman ese rastro metafísico.

De forma que podríamos calificarla como novela de “ciencia-ficción existencialista”, por ese conflicto o contraposición sustancial entre lo humano y lo artificial, esferas a las que en el mundo recreado por la obra literaria a veces les separa una tenue línea divisoria.

Las ideas del kippel y la del polvo radioactivo son ideas, a su vez, de silenciosa decadencia, de augurio de la entropía. Asimismo es proverbialmente entrópico el mundo-tumba.

Pasando a la película, sin duda “Blade Runner” constituye un hito para la ciencia-ficción. Pero conviene recordar que esta película ahora postulada como obra maestra incontestable, fue recibida con las mofas de los críticos en su estreno en Cannes. Pura entropía, la realidad supera a la ficción.

Nuestras retinas atesorarán para siempre esa imagen de ciudad futurista con pantallas móviles, que hoy nos parece tópica. La constante lluvia, asfixiante que cae a plomo sobre los habitantes de esa futurista San Francisco, recurso utilizado por cineastas actuales ( pensemos en David Fincher y su “Seven”).

A destacar las gotas, esta vez no de lluvia sino de cine negro que salpican a la película. El personaje de Rick Déckard, el ex poli y experto blade runner podría ser un moderno Sam Spade ( no en vano, un libro sobre la película habla de “future noir”).

Recordaremos  el espectacular montaje de esta ciudad lluviosa, oscura y herrumbrosa , donde la luz no procede del sol sino de las pantallas multimedia, que no son más que una ilusión de vida real.

Mención aparte merece la música de Vangelis, que envuelve majestuosamente la cinta.

Y rescatamos aquella escena en la que el androide Nexus 6, replicante en la película,  interpretado por un exultante Rutger Auger con ese aspecto de perfecto ario o de superhombre Nietzschiano , perora en un conmovedor monólogo      ( que curiosamente no aparece en el libro) a  Rick Deckard , sobre el miedo a morir, mientras las gotas de lluvia (la lluvia, verdadera protagonista de la película) caen afiladas como lágrimas del cielo. Y lo hace después de salvarle la vida  y sabedor de su muerte inminente, en gesto de generosidad que acompleja al caza-recompensas.

El replicante le explica a Deckard que pese a que su vida es más limitada que la nuestra, él también tiene miedo a la muerte, pero le recuerda que los humanos somos igualmente seres expirables y nuestra vida es finita. Con esa apertura que pone los pelos de punta en la que Nexus le dice a Deckard aquello de: “Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad?, eso es lo que significa ser esclavo.”

Una escena sin duda intemporal, gracias a su intensidad, a una sinceridad lacerante que raya en la mística. Escena que para Atticus está a la altura de aquella otra  que obsesionó durante toda su carrera a Goddard, la muerte de la Magnani en “Roma, citta aperta”, tiene la misma verosimilitud, y hace que un escalofrío recorra nuestras almas. No se porqué también me vino a la mente  la muerte de Don Vito Corleone  en “El Padrino”, mientras juguetea tierno con su nieto.

No menciono al azar ambas escenas, creo que todas  comparten esa consciencia de tiempo limitado, y transmiten el miedo atávico del ser humano al final.

Recreamos ese monólogo gigantesco recitado de forma memorable por un titánico Rutger Auer, que nunca estuvo tan bien, sirva de homenaje para una película a la que el paso del tiempo la convierte en todo menos en kippel…

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

“ Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad?, eso es lo que significa ser esclavo,…, Yo he visto cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orion, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser, todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia, es hora de morir…”

LUNEANDO ( VII): “COSMIC GIRL”


 


                     

                 Jamiroquai

 

Hacemos un paréntesis en la deriva surfera que emprendimos de la mano del pájaro surfero. Y viramos motivados por la actuación de “Funky time”, un grupo de enormes músicos locales que han llenado de funk los oídos de Ciudad Real esta semana para regocijo de los aficionados a la buena música, realizando varios bolos por locales de la capital. En “La escena”, pequeño local situado en un lateral de los salones zahora, los allí presentes pudimos disfrutar de clásicos del tamaño del “I feel good” de James Brown, del “Are you go my way” de Lenny Kravitz, o de varias versiones de canciones de “The Comminments”. También cayó una de Jimmi Hendrix, creo recordar que fue el “Little wing”,  sin duda un privilegio escuchar esta música en los tiempos que corren.

Por cierto, el vocalista clavó todas las versiones y las canciones de su repertorio sonaron de vicio.

En fin, traemos a “Luneando”, una de las canciones que versionearon magistralmente: “Cosmic girl” del grupo británico Jamiroquai, que le hizo recordar a Atticus noches cósmicas noventeras en discotecas galácticas, algo así como una “fiebre de sábado noche” lejana de los pantalones paquetorros de los legendarios Bee Gees.

Pero no nos vayamos por las ramas, hoy es lunes y hay que trabajar. Usemos la fantasía, salgamos de casa en nuestro lujoso deportivo color rojo, calzémonos las Ray Ban, enchufemos el cassette y recorramos el mundo en busca de nuestra “Cosmic girl”…

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

Aquí está “Cosmic girl” canción grabada en 1996, del álbum “Travelling without moving”…