UN AÑO SIN AMY

 

El 23 de julio del pasado año nos dejaba Amy Winehouse, con 27 años, enrolándose en el selecto “club de los veintisiete”, del que forman parte leyendas del tamaño de la atormentada Janis Joplin, el inconmensurable Jimmi Hendrix, el genio Jim Morrison o el “espíritu adolescente” Kurt Cobain, todos ellos, en mayor o menor medida personajes incomprendidos, con un talento descomunal que los hace jugar en otra liga que no es la del resto de los mortales.

La gran Amy Winehouse, el próximo 14 de septiembre cumpliría 29 años. The way to Innisfree llega un poco tarde, pero a tiempo para recordar a esta diva insustituible en el panorama musical actual. Así pues, despedimos el caluroso mes de julio recordando su ausencia.

No hemos entendido la pérdida de esta voz luminosa, llena de soul y de estilo, que insistimos deja huérfana a la escena. Nos quedamos en superficialidades estúpidas, cogemos el rábano por las hojas.

Para la pandilla de paletos iletrados con nulo conocimiento musical y mucho menos gusto, lo importante es su abusiva tendencia al exhibicionismo mediático, a las drogas o al alcohol.

Bien es cierto que con su actitud pública no buscó tener amigos. Sus constantes declaraciones de intenciones ( que aparecen también en sus valiosas letras) y su sinceridad descarnada la terminarían etiquetando y quemando en la hoguera del gran público. No fue una artista complaciente.

Lo que no saben la caterva de paletos a la que aludíamos es que Amy llevaba la música en el alma y atesoraba un conocimiento milimétrico de “los esenciales” de la música americana, desde que su padre Mitch Winehouse, taxista londinense, le cantara obsesivamente los standards del gigante Frank Sinatra, al que está dedicado, claro, su primer álbum, Frank ( 2003).

Precisamente en la portada de este álbum aparece rodeada de sus discos favoritos apilados, desde Count Basie hasta Beastie Boys, pasando por Clifford Brown, Nat King Cole, James Taylor, Dinah Washington o Thelonius Monk.

También reconocería la influencia de Stevie Wonder y del sonido Motown. Pero sus dos grandes amigos fueron, sin duda, Ray Charles y Donny Hathaway, reyes del soul de las decadas de los 60 y los 70 .  Una canción de Ray Charles, “I believe in my soul”, interpretada genialmente por Donny, era una de sus favoritas.

En sus manifestaciones están presentes estos “dos amigos”, cuando dice aquello de “ No hay nada que puedas enseñarme que no haya aprendido de Donny Hathaway”, o cuando refiriéndose a las famosas terapias  contra la drogadicción reconoce que “yo prefiero quedarme en casa con Ray”.

Cuando estaba baja de ánimos se valía de su fiel compañera, su guitarra “Cherry” y tocaba para exorcizar demonios “You Know I’m not good”.

En cuanto al tamaño de sus textos, conviene recordar que en el mayo de 2008, estudiantes de la universidad de Cambridge los analizaron junto a letras de Bob Dylan y Billy Holliday, poniéndolos a la altura de la poesía de Sir Walter Raleigh.

Pues si, la música como terapia, su conocimiento de los grandes estilos de la música de Estados Unidos, del jazz, del soul, del blues, del swing, es proverbial. Y para muestra de su conocida versatilidad, un botón, aquí la tenemos interpretando con mucho estilo ese clásico del reggae llamado “Monkey men” de los “Toots and the Maytals”, que probablemente conocería en su adolescencia londinense.

                                             

Su reconocida adicción a las drogas va a estar presente en sus letras, si no echar un vistazo a “Addicted”, último corte del “Back to Black”, su segundo disco, donde habla sin tapujos de los gorrones que no compran y están todo el rato pidiendo maría.

En  “Help yourself” del Frank dice textualmente “No te puedo ayudar si no te ayudas a ti mismo”, bastante elocuente, ¿no?. En “I heard love is blind” juega con la tenue línea divisoria entre el amor y el sexo.

Aludíamos antes a Cherry, su querida guitarra, a la que dedicó una hermosa canción que no apareció finalmente en el Frank, con el consiguiente disgusto de la artista.

Nosotros la recuperamos aquí, fíjense en la divertida letra llena de dobles sentidos y  metáforas. Sencillamente deliciosa…

 

Como última influencia notable y reconocida por la artista, la de Carole King, a la que pertenece, según opinión de la propia cantante británica, su canción preferida: “So far away”. También adaptaría su “ We love you still you tomorrow” de la propia Carole King. Y es que Amy Winehouse destacó por su curiosidad y su eclecticismo, adaptando a los registros de su sólida voz temas tan universales como la “Garota de Ipanema” o el “All my loving” de los Beattles.

Este Viernes en Londres, su ciudad, pudimos contemplar con satisfacción como Danny Boyle dejó un hueco en la ceremonia de apertura de los JJOO 2012 para Amy.

Nos despedimos con su última colaboración, con Tony Bennet, junto a Frank Sinatra y Sammy Davis Jr., sus crooners  favoritos, de los que aprendió el tono desenfadado, el descaro y el juego en la canción, aunque Amy fuera algo más explícita y directa en sus canciones introduciendo directamente tacos. Claro, que los suyos eran otros tiempos.

Con Tony Bennet interpretó magistralmente ese standard  de Duke Ellington llamado “Body and soul”. En esta canción podemos deleitarnos con su voz evocadora, con el sabor de las clásicas ( Dinah Washington, Sara Vaugahn , Billy Holliday), voz con la que creaba alcanzaba texturas inalcanzables por las sosas voces actuales, carentes de su estilo y su personalidad. Voz que era jazz, soul, funk o balada según el tema.

Voz que insistimos a riesgo de parecer pesados es insustituible, y que deja un hueco tremendo, casi tan grande como el que dejó en el mundo del pop Michael Jackson. La llama de esta voz se nos ha apagado, pero aún subsiste en sus grabaciones…

LUNEANDO (IV): HYPNOTICE

 HYPNOTICE

“Elephant” ( 2003)

Hoy vuelve la sección Luneando a Innisfree, y es que Atticus también tiene derecho a unas vacaciones. Y lo hace fuerte, con un verdadero latigazo sonoro, “Hypnotize”, tema de esos dos siameses blanquitos y ambiguos llamados Meg y Jack White.

Desde el principio de la canción, ráfagas sonoras destrozan campantes nuestros tímpanos. Los White recuperan toda la suciedad del sonido Detroit en el fabuloso “Elephant”, discazo que recomendamos encarecidamente. Corre el año 2003, y los White stripes firman, sin duda, su mejor álbum.

Un compendio de estilos, ya que no sólo contiene evidentes homenajes a los venerados Stooges de la iguana, o baladas aterciopeladas como “You’ve got her in your pocket”, también caben  “remakes” de temas clásicos americanos como el “I just don’t know what to do with myself” firmado por el gigante Burt Bacharach y Hal Davis, que dan la medida de su conocimiento de la música popular americana.

Nosotros nos quedamos con este pastillazo “Hypnotize”, un tema que no llega, por poco a los dos minutos,  cumpliendo con el parámetro perfecto de lo que podríamos denominar como “radiofórmula ramoniana”. Cuando lo escuchen sabrán el porqué es nuestro zumo de naranja perfecto para hoy…

HOPPER: “PICTURES OF AMERICA”

Nada podría asombrar a un norteamericano”

( Jules Verne, “De la Tierra a la Luna”)

                                                

Me encuentro en la estación de Atocha, un calor húmedo y canicular amuerma mis neuronas.  Nada más pasar el control rutinario de equipajes observo el pasillo inmenso de acceso a las lanzaderas y mi mente inconcientemente pinta cuadros de Hopper por todas partes. Pienso en esos inmensos espacios repletos de gente anónima, sin rostro, que deambulan como hormigas.

Me siento en mi plaza. Mala suerte, no me tocó ventana. Pero me incorporo y mis pupilas rebosan de paisajes de campos llanos devastados por el sol. Mi mente se vuelve a transportar al viejo sur de los Estados Unidos, donde la paleta de Hopper se obsesiona por las casas aisladas al pie de los raíles del tren. Inabarcables paisajes dorados  son excusa para reflejar las distintas intensidades de la luz. Pensemos en la fabulosa “Puesta de sol ferroviaria”, con esa luz anaranjada.

Otra obsesión, y es una obviedad decirlo son las habitaciones vacías, o con un personaje que encierra un enigma, que esconde una historia ( recordemos su famoso “Hotelroom”, con el que ilustrábamos la canción “Empty room” de los Arcade fire).

Y ahí comienza la llamémosla así, vocación cinematográfica del estilo de este genio. Otras veces esas habitaciones esconden una crítica social ( “ Conference at night” bien podría describir una reunión clandestina en época anticomunista).

Las más de las veces sus habitaciones reflejan incomunicación (en la escena de “Room in New York I”, observamos al típico marido americano hojeando el newspaper, y su mujer al fondo con sus labores ), o puro aburrimiento de sus ocupantes.

En definitiva, Hopper nos convierte en perfectos Voyeurs  de la cotidianeidad de la vida americana de mitad de siglo XX. Y en los cuadros de habitaciones se encuentra otra de sus marcas de estilo, el punto de vista absolutamente novedoso y tan potente como una fotografía. Pero Hopper también pinta escenas de calle, es un pintor urbano y nos habla de la vida acelerada de la ciudad, y los seres que deambulan por sus cuadros son seres sin ojos, sin expresión, como títeres o maniquíes que arrastran su abulia. Son como insectos y Hopper su frío entomólogo.

Volviendo al cine, no podemos perder de vista su “House by railroad”, que sirviera de inspiración a Hitchcock para construir su Motel Bates. Alguno de sus grabados parecen salidos de un storyboard  de una película de Orson Welles ( observen si no “ Sombras nocturnas” ). Y si hablamos de cine, sin duda nos detendremos en la cafetería del cuadro “Nighthawks”, que bien podría ser la del relato “Los asesinos” de Hemingway, llevada al cine por Siodmak en la mítica “Forajidos” ( 1946).

                          “House of the railroad”

Cuando miro la fachada del “Early Sunday morning”, no se porqué pienso en los Soprano.

En definitiva, un goce para los sentidos que se convierte en otra de las recomendaciones veraniegas de Atticus.

Despedimos con dos cuadros: El primero, “Morning sun”, donde su mujer, su principal modelo, posa con las piernas semiflexionadas encima de una cama, mientras contempla la puesta de sol matutina. Cuadro, que dentro de su tono distante y tendente a la soledad puede despertar optimismo y luminosidad.

El segundo “Dos cómicos”, su última obra conocida, cuadro que podríamos calificar como  críptico . Dos Clowns parecen saludar al público, sin ojos, casi sin rasgos , en una escena muy francesa . No hemos tocado su declarada admiración por la pintura francesa. Degas o Cezanne fueron dos de sus grandes influencias. Pues estos dos Clowns llenos de soledad dentro de un espacio vacío que podría ser el absurdo  escenario de la vida que pintó Hopper parece que quieren decirnos que “the show must go on”…

             Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

       “Sol de mañana” ( 1952)

                                            “ Dos cómicos” (1966)

*Dónde: Madid, Museo Thyssen-Bornemisza.

*Cuando: del 12/6 al 16/9 del 2012.  

EL ANACORETA

                                                                                                                                                                                        Para la chica de París

-Doctor, he de decirle que solo pienso en Ana. Solo sueño con anacondas, solo como anacardos y, por supuesto, solo leo el Analectas, a Anaxágoras y a Anaximandro. No paro de analizar la situación y no dejo de tomar analgésicos que agostan, poco a poco mi sufrida anatomía.

Todo esto me parece anacrónico y anatemático, ¿Me estaré convirtiendo en un anacoreta?. Pues si, eso creo: ¡Soy un anacoreta de Ana!

Me gustaría encontrar a alguien al que le ocurriese algo análogo. Dígamelo, Doctor,  ¿ seré anamórficamente sensible?, acaso estaré anamorado.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

ON THE ROAD: LA FIEBRE DE VIVIR

La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla en lugares comunes, sino que arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas…”

De la obra “ ON THE ROAD” escrita por ese loco visionario llamado Jack Kerouac que es capaz de decirnos cosas como que Dios es el osito Pooh . Este libro tiene más de medio siglo, pero atesora la frescura que otorga la intemporalidad. Catecismo de la llamada “Generación beat”, formada entre otros por el propio Kerouac, Allen Ginsberg, Neil Cassady o Willam S. Burroughs , cuyos trasuntos aparecen en la novela como Sal Paradise, Dean Moriarty o el intelectual Carlo Marx.

Todos ellos personajes excéntricos, algo patibularios, bohemios, soñadores insatisfechos, borrachos que hipotecan su hígado en busca de una santidad perdida,…, “Lo que anhelamos durante nuestra vida, lo que nos hace suspirar y gemir y sufrir todo tipo de náuseas, es el recuerdo de una santidad perdida que probablemente disfrutamos en el seno materno y solo puede reproducirse ( aunque nos moleste admitirlo), al morir…”

 El spodiodi, Frisco,los paisajes matutinos de vacas melancólicas con nubes color de vino tinto, propios de las narraciones de Herman Melville dibujan la pequeña América, de la que Kerouac se convierte en peculiar cronista. Kerouac es un loco lleno de poesía, de fiebre por vivir y por contagiar su intensidad. En su pluma guarda la visualidad del mejor Robert Frank . Nos habla de la dignidad de los mejicanos, ridiculizados por torpes tópicos en el mundo anglosajón. Nos revela que las olas son chinas, pero que la tierra es asunto indio, que Benarés es la capital del mundo y que los occidentales somos un puñado de paletos que nos creemos los reyes de la civilización,…, “ Estos individuos eran indudablemente indios y en nada se parecían a los Pedros y Panchos del estúpido saber popular americano,…, tenían pómulos salientes y ojos oblicuos y gestos delicados; no eran idiotas, no eran payasos; eran indios solemnes y graves, eran el origen de la humanidad, sus padres,…”

On the road es un verdadero evangelio de los desheredados, de aquellos que nunca tendrán nada que decir en el mundo en el que malviven. Sal Paradise  es el profeta y Dean Moriarty su mesías .Vital, pero a la vez triste, efusivo y tierno pero a la vez melancólico y autodestructivo, como la biografía real de esa generación maldita.

Atticus recomienda con fervor la lectura de este gran viaje físico y mental por la geografía americana para el verano. Siempre recordará con mucho cariño aquel precioso ejemplar gastado y manoseado de la biblioteca lleno de subrayados. Ahí radicaba su encanto, pues le convertía en el heredero de una cadena de sabiduría que le era revelada. Su entusiasmo triste, su efusividad depresiva, su lirismo unas veces candoroso y puro, otras, doloroso y amargo,  lo convierten en uno de mis imprescindibles.

“ Y también fíjate en todas las cosas relacionadas con eso, lo mismo que la lluvia que relaciona todas las cosas del mundo entero…”

 

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

“En el camino” ( On the road), edita Anagrama.

LUNEANDO (III): EMPTY ROOM

 

                                                            

                                                                      Para Stephen Haworth, allá dónde esté

 

 

 

                   “Hotel room”: Edward Hopper

 

 

“Empty room” es una canción emotiva, que alcanza cotas casi épicas con ese lacerante arranque sostenido de violín. La habitación vacía de Arcade Fire es tan evocadora como las habitaciones vacías de los cuadros de Hopper.

La habitación vacía de Arcade fire es también el corazón vacío del personaje de la historia, en una letra que dice poco pero suficiente. Nos habla de eso, del vacío doloroso que provoca la marcha del ser amado.

Pero por encima de significados más o menos profundos de esta letra precisa dentro de una canción perfecta, deleitémonos con ese inicio prodigioso. Suenan rugientes los violines que esperan la entrada de la batería, y entonces esa frase que resonará para siempre en nuestras cabezas: “Said your name, in an empty room”…

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

Arcade Fire – Empty Room
Said your name in an empty room
Said your name in an empty room
Something I would never do

Said your name in an empty room
Said your name in an empty room
Something I would never do
I’m alone again

When I’m by myself
I can be myself
Amd my life is coming
But I don’t know when

You were burning, now you’re black and gray
You were burning, now you’re black and gray
Something I would never say
I’m alone again

When I’m by myself
I can be myself
Amd my life is coming
But I don’t know when

Toute ma vie, est avec toi
Toute ma vie, est avec toi
Moi j’attends, toi tu pars

Toute ma vie, est avec toi
Toute ma vie, est avec toi
Moi j’attends, toi tu pars
Dije tu nombre en una habitación vacía
Dije tu nombre en una habitación vacía
Algo que nunca haría

Dije tu nombre en una habitación vacía
Dije tu nombre en una habitación vacía
Algo que nunca haría
Estoy sola otra vez

Cuando estoy sola
Puedo ser yo misma
Y mi vida viene
Pero no sé cuando

Estabas ardiendo, ahora eres negro y gris
Estabas ardiendo, ahora eres negro y gris
Algo que nunca diría
Estoy sola otra vez

Cuando estoy sola
Puedo ser yo misma
Y mi vida viene
Pero no sé cuando

Toda mi vida, está contigo
Toda mi vida, está contigo
Yo espero, tu te vas

Toda mi vida, está contigo
Toda mi vida, está contigo
Yo espero, tu te vas.

ERES LA LEGAÑA…

                                                   Para las lagañas solas

                                                        hay en las coplas pobrezas

                                                         pues siempre se son lagañas

                                                   aunque Lucinda las tenga.

( Romance XLI; Francisco de Quevedo)

Eres la legaña de mi sueño,

que me lleva con empeño,

al freno de mi delirio,

hacia un aburrido exilio.

No te enteras que no quiero,

y te lo digo sincero,

atarme a este absurdo mundo,

de ahí mi canto rotundo.

Rotundo como un cuchillo,

que deslumbra con su brillo,

que hiere pero no mata,

que no obedece ni acata.

No acata la torpe norma,

se escapa de vuestra horma,

cuna de lerdos y zafios,

que se hospedan en palacios.

Yo me aíslo en el olvido,

consciente de lo vivido,

aspiro el olor del-lirio,

escapando del martirio.

                     

                                                            Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez