WHEN THE MAN COMES AROUND

 

Quien vive demasiado, muere vivo” ( Paul Auster; El libro de las ilusiones)

                                                                                                                         

Johnny Cash ( 1932- 2003)

“El hombre de negro” comenzaba sus conciertos  con una sencilla frase: “ Hello, I’m Johnny Cash”. Pionero del rockabilly y del Rock and roll en los 50, encontró en el country su casa. Su biografía está llena de claroscuros en los que no vamos a detenernos, no nos interesan ( su coqueteo con las anfetaminas, su azarosa vida sentimental).

Después de décadas de olvido, en los 90 resurge como icono del “country alternativo”. Hace poco destacábamos la obra que en homenaje de Enrique Morente han compuesto “Los evangelistas”.

Pues a estos dos monstruos, Cash y Morente les une su marcado aperturismo en el terreno musical. Algo que choca con los estilos que ambos profesaban, country y flamenco, dos estilos bastante cerrados.

Si Morente cantó junto a Beth Gibbons, líder de Portishead ( ejemplo de un sonido electrónico ,en las antípodas del flamenco), se unió a Lagartija Nick para firmar el Omega, o versioneó el Hallelujah de Leonard Cohen ( también recordamos la versión de Jeff Beck, que desarma), Cash clavó versiones memorables del “Personal Jesus” de Depeche Mode, o el “Hurt” de Nin Inch Nails ( ambas aparecen en el “American IV: The man comes around”).

Pasará a la historia  la canción “Redemption song”, de otro gigante, Bob Marley, grabada por Cash  junto a Joel Strummer ( “The Clash”).  Sin duda, era un artista polifacético, que también probó con el cine, en “El gran duelo” ( 1970), junto a Kirk Douglas, y apareció en un capítulo de la serie “Colombo”. Pero la interpretación no era lo suyo, lo suyo era la carretera y allí curtió su extensa carrera.

Hoy The way to Innisfree se detiene en una canción de su enorme repertorio.

Suenan relámpagos y, en un comienzo hablado, Cash se expresa en claros términos apocalípticos: “ Y escuché como venía el sonido del trueno: una de las cuatro bestias diciendo: Ven a ver. Y miré. Y contemplé un caballo blanco.”  De pronto, irrumpe la guitarra y la rotunda voz de este orgulloso y elegante hortera con fachas de cowboy, símbolo de una América perdida no se hace esperar. Su voz es como una plegaria, la plegaria de un hombre que sabe que le queda poco.

Un nudo en la garganta, los sentimientos a flor de piel, la piel erizada, de gallina. Es el “When the man comes around”, de su penúltimo disco, el “American IV: The man comes around”, de 2002, un año antes de su muerte.

Ésta es una canción que nos habla del crepúsculo de un héroe, su auténtico canto del cisne. El de Arkansas se agarra a la religión en la postrimerías y continúa con simbología del Apocalipsis durante la canción ( el reino del Alpha y el Omega, las trompetas, los cien mil ángeles, el Armagedón,…).

Finalmente, nos vuelve a hablar, con una voz que parece del más allá: “ Y oí una voz en medio de las cuatro bestias. Y miré, y he aquí: un caballo pálido. Y el nombre del que lo montaba era: muerte.”

Un escalofrío recorre nuestro cuerpo, hemos asistido al testamento musical de “el hombre de negro”.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

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