LIDIA DAMUNT EN SIROCO

                                              Foto.- Atticus

Lo primero en lo que se piensa al asistir a un concierto de Lidia Damunt es en la actitud. La cantante murciana es de esas artistas que cuando se suben a un escenario están en otro lugar, más allá de las estrellas, un lugar que pocos alcanzan, solo los elegidos. Los que asistimos a su concierto del 24 de mayo en la sala Siroco lo pudimos comprobar.

Oficio, mucho oficio el que tiene esta cantante y música, que se deja la piel en cada canción, pintándolas con rabia y alma  . “Vigila el fuego”, su tercer largo, brilló en la sala madrileña. Antes, “La isla de las bufandas” ( 2008) y “En el cementerio peligroso” ( 2009) habían anunciado su singular estilo, un folk-rock con reminiscencias western, cantado en español  con su dúctil y rotunda voz .

Musicalmente, su estilo ha pasado de un minimalismo presidido por guitarras acústicas, armónica “a lo Bob Dylan” y pandereta tobillera a un sonido mucho más elaborado con pianos y guitarras eléctricas de fondo, sintetizadores, cajas de ritmos, voces distorsionadas ( pensemos en el tema que da título al álbum, “Vigila el fuego”), ritmos que parecerían salidos del lejano oriente ( “Esperándote”, o “ Edificios con vistas al mar”). Tendencia a la psicodelia y al lado más onírico, pero sin menoscabar la personalidad de esta gran artista que nos propone una apuesta musical única en el panorama musical independiente de nuestro país.

Sin duda, en esta evolución  han tenido que ver esos dos marcianos geniales llamados Hidrogenesse, que se cruzaron en su camino en un Primavera Sound de 2010.

En diversas entrevistas Lidia ha reconocido su influencia punk, sonido más cercano al proyecto garaje-pop del que forma parte: Hello, cuca. Ella ha llegado a definir su estilo como sonido Jalisco.

Volviendo a su último disco y al concierto del pasado jueves, Lidia estuvo a la altura tanto cuando se calzó la guitarra eléctrica, como cuando vistió la acústica con pegatina de tigre incluida, o la armónica.

Abrió al concierto vestida de “Halloween” tocando varias canciones de archivo. Ya vestida de paisano, comenzó a interpretar las canciones de su útimo disco. La rockera “Lengua de lava”, la naif  “La vida en un hilo”, una historia de trenes basada en la película del mismo nombre del gran Edgar Neville. La canción que da título al disco, “Vigila el fuego”.  Gran momento cuando tocó “Somos islas mágicas”. Intimismo con ribetes electrónicos en esas dos joyas que son: “La carta” y “Sueño contigo”.

“Jauja”, la más divertida del repertorio, y puro folk con “Ay pena”, para Atticus el hit del disco.

Solo un pero, y es que el concierto fue corto y los allí presentes nos quedamos con ganas de mucho más. Lo dicho, un disco que confirma a Lidia Damunt como una artista única que aporta frescura al escaparate de la música independiente de nuestro país y que debería subir como la espuma si atendemos a patrones de calidad.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

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