LE HAVRE: UN CUENTO MORAL

Yo conocí a Aki Kaurismaki ( Orimattila, 1957), con “Un hombre sin pasado” ( 2002), quizás la película más estimada y la que le empujó al precipicio del éxito, gracias a los numerosos premios internacionales. Sobre todo me atrapó su forma de retratar a los personajes, de dotarlos de un hieratismo tierno y simpático, y su facilidad para hacer poesía de las situaciones cotidianas. Es como si la cámara tomara distancia, pero en ningún momento  se apiada de ellos , si no que los quiere.

Aki Kaurismaki no es un director de masas, es un director de pequeñas historias, de gente olvidada , desheredada. Sus películas  destilan un pesimismo alegre, una tristeza risueña, un exótico lirismo que forma parte de su universo, único e intransferible.

A finales del año pasado nos regaló una nueva perla, “Le Havre”, que pese a su corta edad,  ya es imperecedera…

Le Havre o la construcción moral del hombre”:

Un hombre aguarda en la estación de Le Havre la llegada de un tren. Es limpiabotas. De repente, un misterioso personaje con un maletín amarrado a unas esposas es tiroteado en off. Estamos ante una pequeña pieza de cine negro, que sirve a Kaurismaki para presentar al personaje, un antiguo bohemio ( retomado de su brillante “La vida de bohemia”) que se gana la vida limpiando botas, oficio  que bien podría ser un guiño al maestro De Sica, con el que el finlandés comparte su condición de cineasta profundamente humanista.

En el cine de Kaurismaki importan las personas, por eso es un cineasta muy necesario, porque en la actualidad de las grandes cifras el ser humano ha dejado de contar.  Los personajes de sus películas son perdedores, antiguos bohemios trasnochados, inmigrantes o ex -convictos traicionados por su ingenuidad ( “Luces de atardecer”), seres invisibles para la sociedad con un sentido de la solidaridad que les cualifica, que les hace especiales.

El cine del finlandés está lleno de señas de identidad. En primer lugar, ese minimalismo deliberado, el gesto mínimo que llega al hieratismo, en ocasiones, pero que emociona.

Por momentos, en la relación entre el limpiabotas y su pareja existe un romanticismo silente, nunca subrayado, que enardece en forma de cerezo en flor, en posible homenaje a otro mago del estatismo, Ozu.

Y de la relación entre ellos dos, también deducimos la importancia de los objetos tan olvidada en el cine actual. Observamos como la mujer cocina con lo poco que tiene o limpia cuidadosamente las botas del limpiabotas ante el silencio de la cámara. También en las escenas de corte costumbrista en las que el protagonista bebe con devoción su copa de vino. Antológico es el plano en el que el comisario irrumpe en el bar con una piña entre las manos.

Otra indudable seña de identidad son los diálogos candorosamente ingenuos, de una pureza difícil de encontrar. El limpiabotas transmite derrota en sus palabras, quizás no vive la vida que un día soñó, pero no obstante, es feliz en su pequeño mundo.

Dentro de los diálogos entra en juego el humor socarrón de Kaurismaki, o si no, revísese la insólita conversación entre los parroquianos del bar acerca de qué hierve mejor, los mejillones o los berberechos.

Para insólito,  el cóctel musical, desde Carlos Gardel hasta canción lenta francesa, o el blues, en una de las escenas más hermosas, en la que el chico negro coloca un disco de blues mientras el personaje principal irrumpe en la habitación. Es una escena que sólo a través de la música nos habla de lo ancho que es el mundo en el que vivimos.

Por último, y dentro del terreno de lo insólito, esa referencia bíblica al sermón de la montaña, cuyos preceptos únicamente siguen los pastores y los limpiabotas, según la enigmática versión de éste.

La película avanza y nada es lo que parece en un principio, hasta precipitarnos hacia un final de una belleza sublime. En definitiva, estamos ante el testimonio de un cine comprometido con el ser humano, necesario, muy necesario en los desalmados tiempos que corren. Un cine que nos hace un  poquito mejores, al menos hasta que salimos de la sala, que nos llena de esperanza, y que continúa con la tradición humanista ya iniciada por maestros como Rosellinni, el ya citado De Sica, y por qué no Capra.

Jorge Fernández- Bermejo Rodríguez

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4 pensamientos en “LE HAVRE: UN CUENTO MORAL

  1. Me encanta esta entrada, la descripción que haces es exquisita, como un guiso, ya que al leerlo saboreas de nuevo cada momento de la película, la cual vi por recomendación tuya….y estoy totalmente de acuerdo contigo en la importancia de los objetos, me encanta el detalle del rojo sobre azul en la casa, e incluso en el hospital, si no recuerdo mal en forma de flor o jarrón…..creo que podría representar ese amor que hay entre ambos, fuerte como el rojo, pero sencillo como una sola flor o un objeto aislado, que quizá por el tiempo cae en desuso, pero que sigue ahí, destacando sobre el azul, un amor que no tiene la necesidad de adornarse ni engrandecerse como se hace en las películas denominadas de amor o comedias románticas actuales (“americanadas”) que más que películas son enormes pasteles rellenos de nata, ostentosos y adornados con millones de caramelos dulzones que consiguen empalagarte con solo mirarlos…..y ese final!! el cerezo, que vuelve a florecer y que es mucho más hermoso y más grande por el paso del tiempo……esta si que es una historia de amor, de amor entre la pareja y de amor humanitario, un amor que no pide nada a cambio….un amor algo en desuso en los tiempos que corren….

  2. Me has dejado sin palabras ( y eso sabes que en Atticus es difícil), poco tengo que añadir. Comentario perfecto, emocionante, de los mejores en Innisfree desde que echó a andar. Te tomo prestado eso de los pasteles gigantes de nata, ja,ja,ja!!!, pienso lo mismo, y el detalle del cerezo es de una belleza inefable, casi extinguida ya en el cine. Un beso, te lo mereces, amiga, brillante, emotivo comentario, me alegro haberte recomendado esta película.

  3. En cuanto pueda conseguirla me deleitaré con la película completa, cuya crítica que haces no creo pueda ser mejor. Un cine desconocido para mi, con actores nuevos, para mí, pero que ha llamada poderosamente mi atención desde el trailer anexo, del cual resalto dos frases “que bueno que ya había pagado” y “los milagros no llegan a mi barrio”. Se que no son textuales, pero el significado es el mismo y sobre ello podríamos pasar horas filosofando. Felicidades nuevamente y ojalá disfrutando de tus posts yo aprenda algo de tu elocuencia

  4. Muchas gracias, amigo Arturo, Atticus disfruta mucho con este director, de un cine de personas, de sentimientos y que bajo una envoltura minimalista esconde intensidad , emoción, esperanza en el género humano, que falta hace. Un abrazo!

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