ELIS&VINICIUS

 

La contemplaba desde la distancia que da el anonimato, con sus gruesas gafas de pasta, su rostro trillado de granos y su torso al descubierto al amparo de los rayos del sol de primera hora de una de las playas más concurridas de Río, la de Ipanema, un verdadero paraíso en la tierra.

Vinicius era un aspirante a poeta, y se ayudaba del rasgueo de su guitarra para buscar a sus musas.

Llegaba a primera hora de la mañana, con sus dos ojos cuajados de legañas cuando el sol aún bostezaba. Se encargaba de las hamacas. Todos los días esperaba con ansiedad las diez de la mañana, pues a esa hora aparecía ella. Era una morocha infartante, alta, bronceada, con ojos verdes y un cuerpo tostado.

Nuestro Vinicius poeta la veía como una mezcla de flor y sirena, llena de luz y de gracia, pero para él su visión era a la vez alegre y triste, como cuando la luz del sol se nubla de repente por una inoportuna nube, pues llevaba consigo, camino del mar, el sentimiento de lo que pasa, la belleza que no es nuestra, que nace y que muere constantemente.

Pero la chica no conocía ninguno de estos sentimientos, Vinicius los ocultaba dentro de su corazón. Lo más triste de todo es que ni siquiera tenía ocasión de cruzar palabra con ella, porque no alquilaba ninguna de sus hamacas. Él fantaseaba intuyendo miradas errantes donde no las había.

Conocía con precisión científica la alternancia  de los bikinis que llevaría durante la semana. El miércoles era su día preferido, le tocaba el naranja.

Su trabajo era un trabajo aburrido, y en los tiempos muertos rasgaba su guitarra en busca de la canción perfecta. Se abismaba en sus sencillas melodías esperando a que el sol se escondiera, para así poder marchar a descansar.

Buscaba la canción que pudiese enamorar en sus sueños a “La chica de Ipanema”, éste fue el título que más le convenció por su sencillez. Había luchado durante semanas, “La sirena dorada”, “La chica del bikini naranja”, y un sinfín de títulos habían rondado  su mente. Soñaba con el día en que pudiera susurrársela al oído.

Le costó todo un verano dar con la letra adecuada. El principio lo tuvo claro: “ Mira que chica más linda, más llena de gracia”. Para la siguiente estrofa pensó en las olas: “ Es esa muchacha que viene y que pasa con su balanceo, camino del mar”.

El verano pasó y él temió perderla para siempre. Más tarde, pudo saber que la chica vivía en Río, con lo que sus esperanzas de poeta permanecieron intactas. Al menos el verano había servido de algo, ya que terminó la canción.

Ahora le tocaba encontrar un trabajo. Era un atolondrado y sus trabajos le solían durar semanas. Su padre le insistía en que aprendiera el oficio de mecánico, pero el permanecía la mayor parte de su vida en la luna.

Su siguiente objetivo era ahorrar un dinero para poder comprar un traje elegante de carnaval.

Había cifrado en el carnaval la esperanza de conocer a la chica de Ipanema. Su idea era hacerse con un traje que permitiera esconder su identidad. Tenía localizada la zona en la que vivía, por lo que el día de carnaval la rondaría.

Pasaron los meses con pesadez, hasta que llegó el carnaval y Río se vistió de exuberancia y de oropel. Era domingo de carnaval, el día que habían soñado todos los habitantes de Río. La alegría, la lujuria y el exceso campeaban a sus anchas.

Dobló la esquina y una pareja de enamorados copulaban sin freno en un portal. Las carrozas, los colores, el confeti y la brillantina se adueñaban de las calles.

Vinicius llevaba con orgullo un traje blanco algo barroco, con un antifaz también blanco. En el camino se tuvo que desembarazar de varios borrachos, y alguna máscara femenina le prestaba sus labios por un momento. Agobiado ya de ese clima de confusión la localizó en la lejanía, estaba tranquilo.

Llevaba un traje largo y  blanco de época, con una peluca rococó, un lunar en la cara y en la mano un antifaz también blanco.

Se infiltró en la muchedumbre para buscarla. A empellones se acercó. La perdía y la veía, alternativamente, como si la gente que le rodeara se moviera al compás de las olas. Esperaba que alguna vez ese mar le dejara a orillas de su chica.

Por fin la atisbó a cuatro o cinco metros, pero, ¡zas!, de repente, se esfumaba. Era como un mal sueño. Por un momento la perdió de vista y observaba como un individuo con traje negro la acosaba. Pero de nuevo desapareció entre la multitud.

Pasaron los minutos y la ansiedad se apoderaba de Vinicius. Finalmente, observó preocupado como discutía con el personaje de negro. Éste la agarraba y la chica se soltaba incómoda. Vinicius cada vez se aproximaba más y le rondaban por la cabeza ideas de justiciero.

Los perdió de vista y creyó desesperar. “ Eh, tu que narices haces”, le espetó un individuo con traje de gato. “Déjame, joder, no puedo perder el tiempo”, Vinicius, nervioso le tiró de un empujón.

Daba vueltas a su alrededor perdido en un laberinto. Su pecho albergaba un mal presentimiento. Intentó salir de entre la multitud a empujones. Ésta le apremiaba: “ Este tío está loco”.

Al final pudo subir a la acera, apoyó su espalda y fue cayendo derrotado de rabia e impotencia al suelo entre sollozos: “ La he perdido, la he perdido para siempre…”

Al día siguiente el rotativo “O globo” rezaba a pie de página: “Brutal asesinato de una joven de 22 años el domingo de carnaval, el cadáver fue encontrado por la mañana con evidentes signos de violencia, y con sospechas de que fuera violada. Fuentes de la investigación han podido conocer que la última persona con la que se la vio era un individuo no identificado vestido de negro. La finada responde a las iniciales ERC.”

Vinicius se enteró con el tiempo, también de su nombre, Elis. Una noche sin luna, bajó a la playa, hizo una hoguera y la alimentó con todos sus poemas y con las astillas de su guitarra. Nunca  volvió a sonreír, ni a tocar la guitarra, tampoco volvió a escribir poemas.

Ahora trabaja en el taller de Julio, alejado de las olas del mar y exorciza sus fantasmas entre tuercas y llaves inglesas, pero aunque quiera no se puede olvidar ni de las flores ni de las sirenas.

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

 

LA GAROTA DE IPANEMA

Mira que chica más linda

Más llena de gracia

Es esa muchacha que viene y que pasa

Con su balanceo, camino del mar.

Ella, de cuerpo dorado

Del sol de Ipanema

Y su balanceo

Es todo un poema

Es la cosa más linda

Que yo vi pasar

Ay, yo me siento tan solo

Ay, yo me siento tan triste

Ay, belleza que existe

La belleza que no es solo mía

Que pasa solita

Ay, si ella supiera

Que cuando ella pasa

El mundo enterito

Se llena de gracia

Y es todo más lindo

Por causa de amor.

                                                  TOM&VINICIUS

 

1962 une a dos obras de arte incontestables, la película de la que hablábamos el otro día, “Matar a un ruiseñor” y la canción que precede a este texto, “La garota de Ipanema”.

La chica de Ipanema también cumple medio siglo, pero se mantiene fresca como la espuma del mar de la playa brasileira.

Se la  puede considerar como parte del patrimonio cultural de la humanidad, como el Taj Mahal o la estatua de la libertad.

Sus padres, dos genios: Antonio Carlos Jobím y Vinicius de Moraes. La letra para el poeta bohemio Vinicius, y la música para el gigante Jobim. Su nacimiento en la dorada playa de Ipanema, y la musa Helho Pinheiro, de la que se enamoraron ambos. Actualmente regenta un local de venta de bikinis llamado “Garota de Ipanema”. Antonio Carlos Jobim y su esposa Teresa ejercieron de padrinos en su boda.

Múltiples han sido las voces que la han interpretado, desde la diva Astrud Gilberto, en quizás la versión más popular, hasta Frank Sinatra, en aquel álbum mítico junto a Antonio Carlos Jobim.

Nat King Cole, Sammy Davis Jr., Ela Fitzgerald o Sara Vaughan, se suman a esta nómina. Como intérpretes más o menos insólitos, Madonna o Sepultura.

No hay que perder de vista la inolvidable voz de María Creuza, que junto al propio Vinicius la interpretó con la Fusa. Ésta es la versión favorita de Atticus.

Desde “The way to Innisfree” no hemos querido poner cara a la chica de Ipanema, porque cada uno de nosotros tenemos nuestra “Garota de Ipanema” en nuestra mente y en nuestro corazón, real o imaginaria, eso da igual.

 

Jorge Fernández-Bermejo Rodríguez

 

 

 

 

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6 pensamientos en “ELIS&VINICIUS

  1. Bueno…cada vez que leo algo en tú blog me sorprende más y más…Este es de los textos que más me ha emocionado y fascinado.Has dado en la clave con está preciosa canción ,que es de mis preferidas, tengo que decir.Me fascina la forma en que hilbanas e hilas las ideas de la historia dé amor y la canción.Me hace realmente ilusión leer cosas así.Me hace mantener la esperanza en él género humano.Sigue haciendolo.Beso

    • Gracias, Rakel, tu si q reavivas mi esperaza en el género humano, la verdad es q me pareció curiosa la coincidencia de 50 años entre peli y canción, aunque no tengan nada que ver, y luego la historia es un amor imposible, como tantos, la chica de Ipanema es el paradigma de la belleza etérea, que intuimos y admiramos, pero que se nos escapa, como la luz del sol…

      Gracias por tus comentarios tan acertados, Atticus seguirá buscando en su baúl, muchas gracias, amiga, un beso enorme!!!!.

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